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Luisa Pernalete: El Viacrucis de la familia venezolana

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Hagamos las paces

Es verdad que el mundo está complicado, esos conflictos bélicos abiertos, el de Irán, el  de Ucrania, salpican a muchos, muchas cruces a cuestas, pero hay países más difíciles para vivir en ellos que en otros.  Venezuela es uno de ellos. En estos días de Semana Santa, podemos detenernos en varias estaciones del vía crucis que le toca vivir a la familia venezolana.

Primera estación: se volvió a ir la electricidad, no hay horario, se puede ir a cualquier hora e interrumpe la vida familiar, o no puede lavar la ropa como se había planificado, o los que trabajan on line no podrán hacerlo, o no puede prender ni ventilador, ni aire acondicionado, y el calor se hace mas insoportable. “Si por lo menos fuera en horario fijo, uno se planifica”, decía una señora enuna reunión el otro día.

Segunda estación: llevamos varios días sin agua por tubería. Hay sectores de algunas ciudades en donde esto es dramático, y no hablemos de algunas ciudades del estado Sucre… “Sin luz me las arreglo – decía una mamá en una reunión – pero sin agua…”. No siempre se tiene la posibilidad de pagar un camión cisterna para resolver el problema. Ciudades como Ciudad Bolívar, a orillas del Orinoco, sufriendo falta de agua… Esperando que llueva para recoger el preciado líquido. Pesada cruz.

Tercera estación: el bolívar se sigue devaluando y los salarios, muchos bajísimos, no alcanzan para poder comer adecuadamente todos los días. Y esta cruz viene acompañada de la cruz de las medicinas, que suben y suben. Tiene que haber mucho enfermo agravándose por no poder medicarse.

Cuarta estación: se multiplican las jornadas de trabajo porque con uno sólo no se consigue resolver los gastos familiares. El artículo 91 de la Constitución reza que todo trabajador o trabajadora deben ganar lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas y las de su familia… Maestras que trabajan en la mañana en una escuela, en la tarde dan tareas dirigidas o venden café, tortas, en sus casas… Profesionales haciendo “carreritas” para completar ingresos…

Quinta estación: hacen falta los que están lejos… La mayoría de las familias venezolanas tiene algún familiar cercano – o varios – lejos del país. Recordemos que Venezuela tiene la “migración forzada” más alta de América y una de las mas altas del mundo. No bastan los chats, las video llamadas. Mencionemos lo que sufren los “niños dejados atrás”, esos que no son abandonados pero que se han quedado con la abuela, la tía, la hermana mayor, porque los padres se han ido a otro país para poder darles de comer. Hay dramas que hacen llorar. También hay muchos abuelos sólos porque hijos y nietos se han ido…La soledad también es una cruz pesada.

Sexta estación: los niños enfermos y no consiguen quién les atienda. Parece que los ambulatorios de las ciudades pequeñas están desprovistos de personal, medicamentos, equipos necesarios para atender emergencias, y los padres se ven obligados a correr a las ciudades grandes para ir a los hospitales de referencia. No es fácil, añádase que ahora hasta en hospitales grandes se va la luz también a veces. Esta cruz es muy pesada.

Séptima estación: el chamo dejó los estudios para ponerse a trabajar, y un adolescente sin estudios no tiene ni presente ni futuro. Esta es una cruz silenciosa pero que pesa en muchas familias en Venezuela. Son millones los niños, adolescentes y jóvenes fuera de la escuela. Y no es fácil su reincorporación.

Octava estación: la pensión del Seguro Social sigue en 130 bolívares mensuales.  Toda la vida cotizando y esa es la pensión para los jubilados. Muchos se ponen a trabajar en lo que sea a pesar de la edad, a pesar enfermedades, pero muchos no pueden hacerlo, y no todo el mundo tiene familiares que les ayuden con remesas de afuera.

Podríamos seguir con otras estaciones y mas cruces, pero no quisiéramos dejar de lado que hay Cirineos que ayudan a cargar cruces. Organizaciones no gubernamentales que están pendientes de ayudar con alimentos a familias muy vulnerables; también hay ONG que tienden las mano a niños hospitalizados, como esas maravillosa Prepara Familia, siempre pendiente de ayudar o las que ayudan a niños con cáncer; están también las organizaciones de la iglesia, como Cáritas, con obras de diversos tipos, y parroquias católicas que tienen boticas comunitarias para proporcionar medicinas; hay que mencionar a las escuelas católicas pendientes de los alumnos mas vulnerables, para darle mas cariño y ayudarles en lo que se pueda; menciones también a los periodistas que difunden problemas que hay que atender y también noticias positivas de ayudas que generan contagio de la bondad. Añada usted las ayudas que conoce y difúndalas, eso anima también.

La semana santa no termina con la muerte de Jesús, sino con su resurrección. Es importante que podamos trabajar por la resurrección de la familia venezolana, promover la solidaridad, no sólo con ayudas materiales sino con ayudas de otro tipo, las visitas, los lazos entre vecinos, la promoción de la amabilidad dentro de la familia y entre vecinos…  eso y muchas otras acciones ayudan a resucitar, a dar vida.

 

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