En efecto, la península de Paraguaná, área norte del estado Falcon, caracterizada por un ecosistema típico de terrenos con escasa vegetación y pluviometría anual por debajo de 400 mm, cuya superficie 3.405 km2, contiene valores escénicos turístico únicos y espectaculares aunados a reservas biológicas relevantes y aproximadamente 180 km lineales de costa bordeando esta hermosa parte septentrional de Venezuela.

En estas condiciones geológicas intrínsecas, se destacan las salinas solares de “Las Cumaraguas”, “Maquigua” y “Tacuato”, en cuya área cristalizan por bondad de la naturaleza (Pleamares) más de 80.000 toneladas métricas anuales de sal, con una pureza de cloruro de sodio (NaCl), cercana al 98%.
Alrededor de esta actividad salinera, se aglutinan humildes salineros, con herramientas de mano, picos, palas, barras, carretillas, etc., con las cuales rompen la capa de sal cristalizada, cuyos grumos son acopiados el pillotes y allí en sacos de 50 kg, para ser vendidos a compradores furtivos.
Sumando la cantidad de salineros que faenan en las tres salinas ya referenciadas, estaríamos identificando 900 personas que buscan el sustento diario en estas condiciones extremas sin equipos básicos de protección personal.

La estructura de costo en la extracción de sal, no les permite a estos humildes salineros prosperar en sus hogares de manera digna, mucho desgaste y esfuerzo para muy poco beneficio. Todo el margen de ganancia, queda en manos de los que tienen el derecho minero, en los compradores que asisten a estas salinas y en la tributación estadal.

El desempleo, la escases de puestos de trabajo, la inflación, la especulación y los crueles servicios públicos hacen mella en estos hogares paraguaneros que el destino les asigno vivir.
Nota de prensa

