Caras de la igualdad
La idea de igualdad, tal y como se ha configurado en las democracias modernas, tiene dos caras, una normativa y otro material. En el caso venezolano, bueno es recordar que, su cara normativa, afirma que todas las personas son iguales ante la ley, para lo cual, se garantizarán las debidas condiciones a fin de que se materialicen y sean efectivas. Ahora bien, ¿cuáles podrían ser esas debidas condiciones? Al respecto, nuestro texto constitucional, menciona el deber de dictar “medidas positivas” a favor de personas o grupos que puedan ser discriminados, marginados o vulnerables.
¿Qué faltaría?
Desde una óptica amplia y critica, se puede afirmar que el valor de la igualdad humana, garantizado como derecho fundamental, esto es, amparado legalmente, no es suficiente para hacerlo real y efectivo. ¿La razón?, no se dictan eficaces medidas por parte del Estado o las que se promulgan, no se aplican adecuadamente, así en nuestro país, por ejemplo, nuestros ancianos que son personas vulnerables y débiles jurídicos, no cuentan con las suficientes condiciones socio-económicas, para que sean tratados igualitariamente como otros segmentos de la población, con lo cual esa importante garantía se hace nugatoria.
Enfoques
La anterior realidad ha llevado a que, en la actualidad, los diversos enfoques dados, sobre este tema, coincidan en que el derecho a la igualdad, _“es un concepto impreciso o ambiguo, susceptible de ser entendido de maneras muy distintas”_. Así lo conceptúo el profesor español José María Seco Martínez, pues de su contenido no emana mucha claridad, ni certidumbre. Por tanto, la igualdad como derecho humano, no puede ser abordada, como una garantía estándar para todos los casos, ni tiene un denominador común al momento de considerarla, pues existen también variadas condiciones que marcan diferencias.
Grecia
En la antigua Grecia el término Isonomía, significaba “igualdad ante la ley” y fue decisiva en la aparición de la futura Democracia ateniense; por tanto, cuando se desdibujaba esa lucha por la igualdad, ese sistema político inmediatamente perdía vigencia, sobre todo en materia de derechos civiles, políticos y económicos, para dar paso a órdenes políticos tiránicos, que dificultaban y colocaban en riesgo la convivencia social. Sin embargo, esa isonomía, se complementaba con lo que Aristóteles, denominó isocracia, que era la toma de decisiones desde el poder, en condiciones de igualdad.
Las anteriores circunstancias, de la misma manera, daban derecho a los ciudadanos para intervenir en la Administración Pública, fenómeno político que se conoció con el nombre de isogonía, ideal que ha servido como imán a muchas propuestas político-electorales contemporáneas para la participación; pero que en la práctica, ha sido desarrollado de manera distorsionada y tendenciosa, sólo para favorecer proyectos de gobierno rancios y autoritarios, que se alejaron de esta idea, al conseguir su deleznable propósito de alcanzar el poder, para solo tratar como iguales a quienes ellos deseen.
Igualdad y el cristianismo
Aquella sociedad, fue luego influenciada por el cristianismo, que sostenía y sostiene la idea de que todos los seres humanos somos iguales, en tanto hijos de Dios. Era una igualdad teológica, no era una igualdad material, como lo aseguró el orden normativo de la post guerra. Más tarde, Santo Tomás de Aquino, ante el problema de la conciliación de los intereses individuales y los sociales, escribió en su obra “Suma Teológica”, que, si existía un conflicto entre lo social y lo individual, debía prevalecer el bien común, que no era sino el reclamo de la exigencia igualitaria del cristianismo.
¿Ideal?
De otra parte, hay quienes sostienen que, la idea de igualdad se sitúa fuera del terreno de lo humano; alejada del trato interpersonal, para situarse en un plano ideal de igualdad que no puede reconocerse a nadie en especial, sino a sujetos abstractos, sin necesidades de ningún tipo. La aproximación a la igualdad es, por tanto, un producto de la acción humana, resultado de luchas sociales y políticas, que se percatan de esa necesidad, por ser una condición inherente a la persona humana. Es una realidad deseable que día a día se debe construir y preservar, dada la tendencia de algunos humanos a promover la segregación.
Igualdad como proceso
La idea de igualdad, se define como un proceso histórico de emancipación, que no se agota sólo en la igualdad jurídica. Este valor es un elemento más, que se potencia cuando una sociedad se democratiza y se mejora la vida de las personas. La igualdad ante la ley, por tanto, no puede cumplir con su cometido formal, si no se ofrecen las condiciones materiales o reales a los seres humanos, para lo cual se deben llevar a cabo una variedad de acciones predispuestas, que la hagan visible, entre las cuales se destaca, la de igualdad de oportunidades y aplicar la ley, sin distingos de ningún tipo.
La realidad
Frente a la concepción homogénea e igualitaria de ciudadanía, como estatus único e indiferenciado que se reconoce a todos los miembros de las comunidades políticas, la realidad compleja de nuestras sociedades, ha evidenciado la existencia de tendencias muy variadas, que los diferencian o excluyen en relación a otras personas o grupos sociales, con mayores o menores posibilidades en la vida, lo que lleva a un reajuste estructural de los derechos o beneficios dentro de la sociedad para ellos, por ejemplo, realizar una nivelación de sueldos y salarios con respecto a los funcionarios que los reciben en mayor cantidad.
Corresponsabilidad
Desde la anterior perspectiva, la igualdad es un concepto que se traduce en un deber moral y normativo del Estado-Sociedad, para reparar situaciones de desigualdad socio-económica, a través de actuaciones que suministren mayores y mejores bienes y servicios, así como seguridad social a los más débiles o vulnerables, que, en tal sentido, deberían recibir tratamientos diferenciados, a fin de construir un orden social más justo, que materialice en verdad el postulado constitucional de que “todos somos iguales ante la ley”, lo que se hará efectivo en la medida que, quienes no lo son, puedan disponer de medios para vivir mejor.
La procura de la isonomía social, pasará entonces porque las acciones desde el Estado, se dirijan a reducir las disparidades económicas, que la riqueza se distribuya de manera equitativa entre los 23 estados, para que así disminuyan la pobreza, la desnutrición y las enfermedades, entre otros males; que, no se quede el mayor porcentaje de los ingresos del país, en la región central; que se hable en bien, no solo de Caracas, sino también del desarrollo armónico y equilibrado, del resto de entidades, a las cuales igualmente se les debe tratar y considerar como a la capital de la República.
Evitable
En un contexto de igualdad política, social y económica, ningún grupo o clase social tendrá el derecho de monopolizar la tensión entre el ejercicio del poder y los principios democráticos; ergo, resulta repudiable todo intento por bloquear al gobierno representativo, así como el tratar de reprimir las iniciativas del resto de la gente por alcanzarlo. En fin, es la Democracia, el único sistema político válido para construir sociedades más igualitarias, ella es contraria a los autocratismos, pues promueve también la distribución igualitaria del poder y la riqueza entre y para la gente.

