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Aglaia Berlutti: Sony intenta retomar su trono en la animación con Goat y no le va tan bien como debería

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Sony lo intenta de nuevo en el terreno de la animación con Goat, una fábula deportiva que explora en personajes adorables con egos del tamaño de un estadio. Pero la película, que apuesta por el drama deportivo desde la perspectiva de la solidaridad, el cariño y el reconocimiento del talento tiene problemas para encontrar su original. En especial, para remontar el solo ser, otra película con una historia bienintencionada con animales antropomórficos

Goat del dúo de directores Adam Rosette y Tyree Dillihay es una fábula adorable pero extrañamente previsible. Ya sea porque utiliza el habitual tropo del jugador estrella que aparece en el peor momento o por utilizar la arena del deporte, como terreno para explorar en la naturaleza de la amistad y el talento. Lo cierto es que la cinta, tiene un apartado visual extraordinario y maneja sus temas con habilidad, pero tiene el problema de una época marcada por el exceso de producciones semejantes: nada nuevo bajo el sol.

También es un problema que atañe, de origen, a Sony Pictures Animation, con su irregular producción de animados que van desde obras de arte a fallidos intentos de comedia. De hecho, hasta hace no tanto, el estudio alternaba hallazgos simpáticos con productos olvidables en una colección que tuvo apenas puntos altos, pero no especialmente destacables. Por lo que la filmografía del sello, que abarca títulos como Emoji: La película y Los Pitufos tiene una etapa irregular que no consiguen remontar del todo. Peor todavía, que resulta aburrida en su propuesta de crear pequeños mundos animados que se parecen demasiado a otros tantos, más exitosos y con mejor desarrollo de sus temas.

Pero, todo ese largo proceso de ajustes para encontrar su estilo e identidad, tuvo su punto más alto en 2018 con “Spider-Man: Un Nuevo Universo”, que además, introdujo al popular Miles Morales de Marvel en el mundo del cine. La cinta se convirtió casi de inmediato en un fenómeno que no solo ganó el Oscar a Mejor Película animada, sino que alteró la estética industrial. Eso, al crear un experimento visual arriesgado e híbrido, en que la producción mezcló 2D y 3D, con texturas que parecían salidas de un cómic, pero con todo el músculo de lo mejor de la animación contemporánea.

El resultado fue una historia vibrante, visualmente espectacular y un hito que casi de inmediato, contagió a medio Hollywood. De pronto, experimentar con el cine de animación volvió a estar de moda. Una larga estela que dejó a su paso producciones espléndidas como “El Gato con Botas: El Último Deseo” y la más reciente adición a “Las Tortugas Ninja”, que demostraron las posibilidades de una nueva visión técnica y narrativa al crear universos animados. Por lo que “Goat” parecía el nuevo capítulo de esa tendencia. Además, apuesta del estudio pensada para salas por primera vez en casi tres años que venía a demostrar cuánto había aprendido Sony de todos sus momentos bajos y confusos. Pero el resultado, irregular y un poco ambicioso, parece demostrar que el estudio sigue sin encontrar su centro.

Vineland: Gloria pasada y magma presente

Para comenzar, la historia se ambienta en una ciudad habitada solo por animales, una idea que la duología de “Zootopia” de Disney y la de “Sing” de Illumination Entertainment de Universal Studios han explorado de forma más amplia y sin duda, mucho más ingeniosa. Vineland, radiante, repleta de personajes secundarios y de contexto, ese espíritu coral pero sin la identidad de una urbe radiante y pluricultural. Al contrario, los primeros minutos de la cinta parecen indagar solo en la idea de un lugar de vida común para especies variopintas, pero sin esa cualidad dinámica de otras experiencias visuales y narrativas similares.

Pero además, “Goat” va directo al grano al enfocarse de inmediato en Will Harris (Caleb McLaughlin, Lucas de “Stranger Things”), un cabrito que sueña con triunfar en el Roarball, deporte reservado para criaturas de mayor tamaño. Un punto esencial para comprender el impulso que le lleva a convertir la meta en algo no negociable: la inspiración, es una forma de recordar a su madre fallecida (Jennifer Hudson), de reconectar con la idea del amor y la pureza de un objetivo que sea una forma de consuelo. De modo que el balón marcó su brújula emocional.

Como es de suponer, Will idolatra a los Thorns de Vineland, el equipo de la ciudad, a pesar de que este se encuentra en decadencia y que prácticamente, se sostiene de los recuerdos de sus glorias pasadas. Su figura estelar es Jett Fillmore (Gabrielle Union), una pantera negra talentosa que atraviesa la inevitable curva de la vejez. Al otro extremo, se encuentra Mane Attraction (Aaron Pierre), un héroe en las canchas pero que además, parece diseñado para humillar rivales. Tras un video viral, la dueña Flo (Jenifer Lewis) recluta a Will, convencida de que el caos también puede ser marketing.

Pero a pesar de las buenas ideas de la premisa, “Goat” parece no encontrar la forma de enlazar todas las ideas que propone de manera orgánica y sencilla. De hecho, el guion tiene verdaderas dificultades para contar todo lo que necesita dejar claro, sin parecer atropellado, artificioso o conveniente. Por lo que cuando Will recibe su primera oportunidad, la película no parece crear la atmósfera para el triunfo, sino atender a la inevitable línea que todo drama deportiva propone.

Banquillo, burlas y química grupal

Claro está, el ascenso no es inmediato. Por lo que Will tendrá que enfrentarse al escepticismo sobre su talento y a rivales en su misma cancha a los que genera desconfianza. Jett lo mira con escepticismo y por supuesto, el resto del equipo también. La cinta hace un buen trabajo, mostrando cómo el ambiente deportivo puede volverse enrarecido muy pronto. Archie Everhardt (David Harbour), Olivia Burke (Nicola Coughlan), Lenny Williamson (Stephen Curry) y Modo Olachenko (Nick Kroll) dudan de este nuevo miembro, que parece solo una medida desesperada. Solo Hannah (Sherry Cola) y Daryl (Eduardo Franco) mantienen la fe intacta.

Pero el esfuerzo se queda en nada, cuando el relato sigue el molde clásico del desvalido que encuentra su lugar, sin añadir grandes ideas. Tampoco, permitir que el escenario de batallar por los sueños, sea algo más que una serie de clichés a mayor gloria de obras mucho mejores que “Goat” referencia sin vergüenza, sin sentido y sin verdadero sentido del espectáculo. Durante la mayor parte del tiempo, el argumento parece dar vueltas sobre sí mismo, repetirse e insistir, que la amistad salvará el día. Por lo que, cuando lo hace, es tan predecible como tedioso. Además, el ritmo tarda en despegar: Will pasa demasiado tiempo en la banca antes de entrar en acción. Algo que también podría decirse acerca del entusiasmo y el espíritu real de la cinta.

 

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