Nos acercamos, al momento presente, en este relato de nuestra historia reciente, con bastante tristeza, lamentos y preocupaciones. Enfrentamos esta situación dura, particularmente, para quienes no fuimos engañados por el “encantador de serpientes”. Con desesperación observamos, comentamos, escribimos al ver lo que ocurría en ese año de 1998. Nos dimos cuenta muchos de los demócratas de qué, una importante porción de venezolanos, se creyeron todas las mentiras del fracasado golpista. Cómo sí, tratara de una feria, con frivolidad jugaron a votar un supuesto castigo y en la práctica, resultó un “auto castigo”. Complemento del desastre una enorme cantidad de ciudadanos se abstuvieron. Si se revisan las actas electorales, se pueden dar cuenta que la abstención fue muy importante en el triunfo del golpista fracasado.
Como venezolana, por los cuatro costados, demócrata, (después de todas las locuras) periodista, comunicóloga, locutora y habiendo cursado el Doctorado en Ciencias Políticas, me di cuenta del gran peligro que rodeaba a nuestra democracia. Sentí una gran responsabilidad por lo que veía venir. Había amplia libertad de expresión, la usé y lo dije de todas las maneras posibles. Lo expresé a través de artículos en “El Diario de Caracas”, Adolfo Herrera E. (QEPD) era el director, tenía además un programa de Radio, donde expuse mi oposición, contraria a ese militar fracasado. En “El Regional del Zulia”, también dirigido por mi esposo, insistía en lo que para mí estaba claro: se trataba de un comunista que ocultaba su verdadera dimensión y propósito. Me invitaron a programas de televisión y radio, en todas partes expliqué lo que implicaba un militar, comunista, resentido y fracasado para nuestra democracia. No me oyeron. Fue muy angustiante. Sufrí bastante. Tuve un cáncer, que enfrenté de todas las maneras posibles, y aquí estoy 24 años después, sobreviví. No ha habido un día que mi pensamiento no esté orientado a la búsqueda de una solución a este desgraciado suceso, que nos ha traído hasta aquí.
Interesante destacar, que dueños de medios importantes, intelectuales de valía, se plegaron al comandante. Esto era inexplicable para mí. Después supe la verdad: todos esos que lo apoyaron, se daban cuenta de la inestabilidad emocional del personaje, pensaron: “Será un títere en mis manos”. Sí, como no, el gran titiritero fue Fidel Castro, entre otros, a él debemos nuestra desgracia. Hemos sufrido todos, y algunos pagaron y pagan con creces: la libertad, la vida, las empresas, un infortunio para todos.
Ante los acontecimientos del 3 de enero, me sorprende la actitud de ciertos colegas, amigos y hasta analistas. ¿Entenderán que el usurpador y su esposa hicieron todo para que las cosas terminaran así? Ellos, ilusos no creyeron que les podía ocurrir lo mismo que a Bing Laden. Se sentían omnipotentes, inalcanzables. ¿Será que no leían periódicos, (antes de que ellos los acabaran) tampoco, ¿ven noticias?, no ¿van al cine? Sorprende, por otra parte, la crisis supuestamente, de “un gran nacionalismo”: nunca se les oyó ni una palabra contra el desastre de los cubanos: invasores silenciosos, aprovechadores de nuestro petróleo, mantenidos con gran agravio para nuestro pueblo. ¡Increíble! El usurpador los usaba como protectores; infelices dieron su vida por cuidar a un personaje, a quienes ellos no les importaba nada. Son de un “utilitarismo grosero insoportable”, no hay otra manera de calificarlos. Encima con un desconocimiento de su propio ser. He sido una constante repetidora de la frase, tomada del antiguo templo ateniense: “Conócete a ti mismo”. Seguramente, mis palabras resuenan con fastidio. Sigo machacando, lo primero que ellos deberían reconocer es su enorme resentimiento y su afán de dinero fácil. Si hicieran eso tal vez mejoraría su conducta, o, lo peor, tal vez son esencialmente malvados. Está claro, no quieren dinero por trabajo, menos por un gran esfuerzo; mucho menos estudiar y sacrificarse para lograr un título. Los quieren comprados. Con vergüenza, tristemente ya se sabe, que algunas instituciones universitarias se prestan a ello.
Entre ilusos y descreídos, algunos plantearon que lo de la droga era una mentira. “El cártel de los soles” no existía. Ciegos ante la realidad: Fidel Castro el promotor de esa idea, al verse involucrado en lo de la droga, no dudó un minuto en mandar a fusilar a un amigo de toda la vida; sacrificado por la revolución: el General Arnaldo Ochoa. (Héroe desde Sierra Maestra y triunfador en el África) Se sabe que “el cartel de los soles”, existe; quiénes son sus líderes, son conocidos. Esta probado. Un militar para salvar su vida, Hugo Carvajal, (alias “el Pollo”, contó todo). De “pollo” se volvió un “jilguero”, aves que cantan todo el día, decían en mis tiempos. El asombro pasó, ahora se trata de lograr la paz, la serenidad, la libertad y la democracia.
Otro tema que, estos “impresionantes patriotas” no tocan, y ahora vuelve a la luz, refiere al sitio del nacimiento del usurpador, en Ocaña, Colombia. Se tiene su partida de nacimiento. ¿Nacionalistas de verdad? O, ¿mentes sometidas al marxismo-leninismo? Constantemente, usan cualquier argumento para justificar las fechorías cometidas por la izquierda: son ciegos, no solo de los ojos, sí de la mente y el corazón. Bueno, no hay de otra, manipulados y engañados, es igual a sometidos.
¡Dios nos ampare!

