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Emiro Rotundo Paúl: El quid del problema nacional

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El régimen político venezolano, presidido primero por Hugo Chávez y continuado a su muerte por Nicolás Maduro, ha sido esencialmente militar. De allí su carácter autoritario, vertical, inflexible y represivo. Ha sido una dictadura militar, más de las muchas de nuestra historia, revestida, en este caso, con un manto democrático electoral que solo fue respetado en tanto y en cuanto le fue favorable. Tan pronto dejó de serlo, se lo quitó de encima sin tapujos.

Por esa naturaleza del régimen, nunca fue posible llegar a un acuerdo con la oposición democrática. Diecisiete procesos de diálogo se realizaron y todos ellos fracasaron, porque el régimen nunca hizo concesiones a la oposición, así ellas estuvieran enmarcadas en los términos más válidos, justos y razonables posibles. El régimen siempre impuso su voluntad por la fuerza, desconociendo la razón y la equidad. Por eso llegamos a la violenta situación que ocurrió en la madrugada del 3 de enero pasado.

El sector nacional más golpeado por la intervención militar norteamericana fue la Fuerza Amada Nacional Bolivariana (FANB), que se vio impedida de ejercer alguna acción defensiva contra una fuerza extrajera que ingresó violentamente en el territorio nacional y secuestró a su comandante en jefe en forma expedita sin sufrir el menor daño.

El orgullo militar, el honor y la gloria de la que tanta gala hizo la institución castrense, heredera de Bolívar, con quien llevó a cabo la gran gesta libertadora del siglo XIX, quedó penosamente mancillada (en buena parte ya lo estaba por su actuación en los últimos 27 años). Bien merecido se lo tiene por haber roto, en su alianza con Chávez y Maduro, el hilo constitucional de Venezuela y por aniquilar el ensayo democrático que el país había iniciado el 23 de enero de 1958, a la caída de la dictadura del general Macos Pérez Jiménez.

Será muy importante, además de forzoso, observar el desempeño de la fuerza armada nacional en el futuro inmediato: si accede de buen grado a colaborar en la restitución de la democracia y en la reposición del Estado de Derecho, y si cumple de una vez por todas con el juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes de la República que hacen los cadetes al graduase de la Escuela Militar.

Este asunto es hoy (y lo ha sido siempre) el verdadero quid del problema nacional; el tema espinoso del que casi nadie habla por el temor, consciente o inconsciente, que ha sembrado la casta militar en la sociedad venezolana durante la mayor parte de los 215 años de nuestra vida nacional independiente.

 

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