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Ezequiel Querales Viloria: El día que nos acosó la guerra

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Tan impensable ha resultado, lo acontecido en Venezuela la madrugada del 3 de enero, al punto que muchos lo comparan con un ataque extraterrestre, y el común de la gente, no se cansa en describirlo e ilustrarlo de mil maneras.

La fugaz guerra, sí, la fatídica guerra de todos los tiempos, (no convencional, o quirúrgica, como gustan nombrarla los estrategas militares), nos visitó de madrugada, atronadora, imbatible, imperturbable, dejándonos sin vista y sin aliento, y restregándonos antes nuestras narices, sus demoledoras fauces.

Y sin darnos tiempo a levantarnos de las camas, sin al menos, permitirnos desprendernos del acogedor arrullo de Morfeo, descargó sus  letales dosis destructivas, con sus  estruendosas ondas expansivas de pánico y terror, convertidos en llamas y polvorín.

Apenas sí percibimos, que pasó rauda y veloz por el nublado cielo de Caracas, dejando sentir un lejano celaje de confusos sonidos de navegación aérea, en la imaginación de los aturdidos espectadores.

Expectación que se hizo más palpable ante la rauda presencia de drones y helicópteros de combate volando baja altura, en el momento previsto para tocar tierra y completar la captura, detención y el traslado a bordo seguro, de Maduro y compañía.

Lo extrañamente asombroso de este espectacular episodio, digno de un ataque de la guerra de las galaxias, es que el impenetrable escudo aéreo de radares antimisiles espaciales con láseres y satélites, de fabricación rusa, china e iraní, del que tanto se alardeó como blindada e imbatible protección, nunca funcionó. Lo que evidencia, su obsolescencia, y la absoluta superioridad del poderoso USA–ARMS.

En tiempo real, se supo al instante a nivel global, que fue una operación aeronaval  fuera de serie, llamada “Operación Determinación Absoluta”. En la misma, participaron aviones de combate F35-A y los super helicópteros MH-60M  de extrema precisión, que no solo neutralizaron toda ofensiva, sino que dejó a todo mundo, como pajarito en grama, “mirando pal cielo”.

Dice el dicho popular, que guerra avisada no mata soldados. Y aunque fue advertida muchas veces, incluso, de manera categórica por canales diplomáticos. Nunca se le paró ni un pepino.

Y lejos de atenderla y buscar salidas pacíficas para evitarla, del lado revolucionario, “antiimperialista, rodilla en tierra”, envalentonado por la soberbia y tal vez, confiados en el “chanchullo”, chino-ruso-iraní, se prefirió hacer pamplinadas.

Prefirieron lanzar amenazas y mofarse por las redes sociales, con grotescos gestos y bailes burlescos, como si se tratara  de un kids game, o dicho en criollo, un “jueguito de carritos chocones”.

El balance no puede ser más desolador. Solo se han registrado víctimas fatales del lado venezolano. Y ya se dice voz populi, que los muertos lo pusieron los combatientes cubanos aferrados al anillo presidencial.

En paralelo, ha reventado un tsunami incontenible de noticias, opiniones, análisis, narrativas, fake news, agudas observaciones, que sin duda,  introducen un giro telúrico, en los planes futuros de la guerra, de la política y geopolítica global.

Vemos que se insiste en ignorar, que del aquel descarado fraude electoral del 28 de julio 2025, vinieron estos vientos de libertad, para que Venezuela retorne a la democracia y vuelva a ser un país normal.

Sería frustrante, que la alegría y esperanza sembrada en el corazón de la mayoría de los venezolanos con la captura de Maduro y Cília, se vea una vez más arrebatada, por el “vil egoísmo”, y los mezquinos intereses geopolíticos internacionales.

-Sos todo un fenómeno.- Además de la mayor reserva petrolera del mundo, ahora tenés al preso más “boludo de todos”. Para capturarlo, tuvieron nada menos, que traer la flota de combate más atrinca de la tierra che, nos dicen jocosamente desde Argentina.

ezzevil34@gmail.com

 

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