Pretender el derrocamiento de un régimen mediante un ataque invasivo a un país, capturar a su presidente y trasladarlo a la nación atacante para ser juzgado es, llanamente, la vulneración del derecho internacional. Una más. Una agresión de perfil imperialista. La reedición de la doctrina Monroe. Los Estados Unidos de Trump tensan todavía más la cuerda del multilateralismo. Lo hacen en una atmósfera amenazante para otros países de América Latina: Cuba, México, en cabeza. El historial estadounidense en ese hemisferio es dilatado, y su apoyo a dictaduras militares, una constante. Ahora, esta es la excusa: la persecución del narcotráfico, escogiendo Venezuela –con el anti-democrático gobierno de Maduro– como objetivo, donde el tráfico de sustancias tóxicas –como el fentanilo, que tanto obsesiona aparentemente a Trump– es escaso. El petróleo y otras riquezas: he aquí la motivación. Todo enmarcado en la estrategia de Seguridad Nacional de la Administración trumpista, conocida hace pocos meses: América para los americanos (los de Estados Unidos, por supuesto). Y el mundo, también, para ellos. Se rompen totalmente legalidades, equilibrios, consensos. Se dinamitan los protocolos internos necesarios: para una acción como la desplegada en Venezuela, es necesario el acuerdo del Congreso. Congresistas republicanos ya han levantado la voz ante la decisión autocrática de Trump, de forma que este tremendo movimiento puede tener críticas no menores en las propias filas del partido que apoya al magnate.
The New York Times, una cabecera importante en el mundo, escribió un editorial demoledor pocas horas después de los bombardeos estadounidenses. “Aventurerismo militar”: ese es el concepto que utiliza la palestra neoyorquina para definir lo que califica igualmente como una situación caótica, peligrosísima: buscar la deposición de un gobierno, por nefasto que sea, saltándose las leyes que rigen a todos los países, es indigno. Una aventura que busca tapar el desgaste interno de Trump. Las consecuencias económicas de todo esto nutren la gran incertidumbre que preside la economía mundial. ¿Pueden subir los precios del petróleo? Podría ser, si los hechos supusieran un estrangulamiento momentáneo de la oferta petrolera venezolana. ¿Qué pueden hacer otros grandes productores? Arabia Saudí ha anunciado la reducción de la producción de crudo en un elevado porcentaje: se habla del 90% –me parece desproporcionado–, si Estados Unidos hace circular 13 billones de dólares de petróleo de Venezuela. No es plausible: tiene poco sentido para un país árabe cuya base económica descansa en la exportación petrolífera. El mantenimiento de las cuotas productoras –para no perder mercados– puede ser la estrategia: ¿caída de precios? Veremos.
Pero sea cual sea la evolución de los precios energéticos, lo más grave es, reiteramos, la vulneración de todo principio de la jurisdicción internacional. La arrogante actitud de Trump, su absoluta impunidad, el desprecio absoluto a las reglas más elementales del derecho, la posibilidad de que una acción similar se repita, provoca un enorme desasosiego en el mundo. Y ante esto, ¿cuál es la respuesta europea?

