Esperanza en el nuevo año
No es sencillo iniciar a escribir en el nuevo año, aunque los temas respecto de los cuales se pueda opinar, sean diversos: economía, política, derechos fundamentales, funcionamiento de los poderes del Estado, la sociedad, entre los más visibles; sin embargo, resulta obligante extender a los lectores de este primer artículo de opinión del año 2026, los mejores deseos, porque el mismo, sea pleno de salud, prosperidad, bienestar y esperanza, aunque las materias mencionadas para opinar, sean consideradas o sentidas, en cada una de las familias venezolanas, de manera diversa y bajo ópticas diferentes.
Los ánimos
Decíamos que no es tarea sencilla, porque el ánimo de las personas para valorar el nuevo camino que empieza con el nuevo año, no sea el mejor, seguramente habrá dudas, escepticismo o desesperanza en cuanto al mejoramiento de nuestra economía, afectada simultáneamente por la devaluación y la inflación, o presentimientos de que la actividad política seguirá restringida y con los riesgos que ella comporta, dado el sistema político imperante, que por lo demás, muestra indicadores de reprobación en materia de derechos humanos, pues la institucionalidad actuante, no es considerada legitima, por una buena parte de nuestra población.
El dilema
Todo lo anterior, nos lleva a ubicarnos en el dilema de si asumimos una actitud de esperanza o desesperanza, frente a esos y otros retos que tenemos por delante. Por supuesto que, es mejor en todo sentido asumir una actitud de esperanza ante los doce (12) meses que tenemos por delante. Ese tiempo nos permitirá apreciar como los temas mencionados que hoy en día nos preocupan u ocupan nuestra atención, mejorarán o saldrán bien, aunque a veces el horizonte se muestre gris o confuso o, que no se hagan visibles las acciones que nos lleven a aferrarnos a justificadas esperanzas.
Visibilización
Aristóteles afirmaba que la “esperanza es el sueño del hombre despierto, como una visión utópica de algo en un futuro cercano, pero, sobre todo, de su capacidad y determinación para alcanzar los propios sueños e ilusiones”. Si adaptamos ese pensamiento a nuestra realidad actual, se pudiese afirmar que, en la medida que busquemos un verdadero Estado Democrático, Social, de Derecho y de Justicia, esos atributos permitirán una mejor convivencia, haciendo renacer o fortalecer esperanzas en este año, y así poder ejercer la ciudadanía sin mayores contratiempos, seguros de que está protegida.
El porqué de la virtud
Tener esperanzas en el nuevo año que ya inició, implicará desde la posición pública o privada que tengamos, dar lo mejor de nuestro esfuerzo individual y colectivo, para que las anomalías mencionadas anteriormente, tiendan a corregirse; ese intento de todos, deberá ser testimonio histórico contemporáneo de una razonable conducta social llamada a buscar los mejores derroteros de libertad, justicia y felicidad para la Nación, a pesar de las incertidumbres que nos puedan asaltar, pues la esperanza debería ser el resultado de ese esfuerzo venezolano por avanzar, que aunque no se vea, si se podría percibir.
La esperanza que debe prevalecer en los venezolanos a pesar de las adversidades confrontadas o las cicatrices abiertas, que han quedado al cuerpo social, como resultado de inquebrantables posturas en favor de una sociedad más justa y libre, es la virtud que, conjuntamente con el trabajo creador, inteligente, solidario, organizado e innovador, nos permitirá superar las adversidades que en estos tiempos nos agobian y que llevan a muchas personas a situarse en un plano de desesperanza o de agotamiento mental y espiritual, que los aparta de la “buena actitud” frente al porvenir.
Deber ético
Los venezolanos en el nuevo año, estamos una vez más, obligados para con el país y las generaciones futuras a empinarnos, por encima de las dificultades, sean de la entidad que fueren, no podemos quedarnos en el lamento o la fatiga anímica, eso no le sirve a una Nación, que históricamente, ha contado con hombres y mujeres, que la supieron conducir con sapiencia y tacto político por caminos empedrados, rodeados de arbitrariedad y excesos. Nos sirven sí, muchas actitudes resilientes, racionales y ecuánimes, pues el futuro inmediato hay que concebirlo en un marco de paz, sobre la base de la justicia.
Sustentar la esperanza
Quisiéramos en esta etapa del presente artículo de opinión, recordar al emperador y filósofo Marco Aurelio, quien dejó sentado para la posteridad que, “la felicidad en la vida de las personas, dependerá de la calidad de los pensamientos, ya que, según él, esto último determinará la forma de vivir de aquellas y la manera en que se relacionarán con los aspectos que componen el mundo en el que viven”. Alguien dirá, pero como no sentir, rabia, frustración o impotencia ante lo que nos pasa, lo cual es cierto e inevitable, pero es mejor, salir de esas emociones rápido, ya que las mismas son destructivas de las buenas actitudes.
Defender las esperanzas
Tenemos que convencernos de que, los hechos exteriores, ajenos a nuestra voluntad, no pueden consumir nuestras esperanzas en un mejor futuro, esos hechos, debemos interpretarlos o asimilarlos, tratando de entender, la realidad que los rodean o producen, esas buenas actitudes, nos otorgarían tranquilidad y mente fría para seguir analizando y comprendiendo de una mejor manera, el porqué de los hechos deseados, no se suceden en el tiempo de nuestras expectativas; tranquilidad y mente fría implican también, saber guiar nuestras emociones, las que no deben seguir siendo pasto fértil, para la represión.
Mejora el concepto
Sobre la esperanza, el escritor y expresidente checo Václav Havel, gestor de la caída de la caída del comunismo en Checoslovaquia, acotó: “La esperanza no es la convicción de que algo va a salir bien, sino la certeza de que algo tiene sentido, independientemente de cómo resulte”. Con este importante criterio, se extendió la virtud de la esperanza a la convicción que tienen o pueden tener las personas, de que la misma no se puede perder, a pesar de los obstáculos que tengamos, para ver culminados nuestros ideales, porque lo que cuenta son los aportes para alcanzarlos o no y lo más relevante, nunca abandonar la carrera por lograrlos.
Beneficios
La esperanza es entonces, un estimulante muy potente, en opinión del economista Lawrence Reed, quien sostuvo que, “nunca hay que dejarla escapar, no importa lo que pase. Ella exhibe temperamento frente a las adversidades”. Y luego remata, “la gente que tiene esperanza está mejor mental, espiritual y físicamente”. La desesperación y el pesimismo nos arrastran en todos los sentidos, haciendo aún más difícil alcanzar las metas propuestas. No hay que rendirse frente al mal, sin importar cuan oscuras se puedan poner las cosas, pues con la desesperanza no se consigue nada.
Desterrar la desesperanza
Ya es 2026, desterremos la desesperanza, prohibamosnosla, porque ella nos aleja de una experiencia vital plena, feliz y cargada de satisfacciones. Vivir con desesperanza es no saber adecuarse a la realidad que nos rodea, no tener la habilidad para tratarla, es autoexcluirse de la práctica de los valores que caracterizan al venezolano, es huirle al compromiso de construir un mejor país que, como ciudadanos todos tenemos, es refugiarse en el interés propio y no en el interés nacional de tener un proyecto de país compartido. No es fácil entonces optar por la esperanza, porque la misma viene dada por las circunstancias, pero si la mantenemos a todo evento, nunca nos derrotarán anímicamente.

