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Carles Manera: El manifiesto antisanchista

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Se anuncia la divulgación de un Manifiesto, promovido por el exministro del PSOE Jordi Sevilla. Se supone, por declaraciones realizadas por él, que al texto se adherirán todos los adversarios de Pedro Sánchez y de sus colaboradores en el seno del PSOE, si nos fijamos en sus primeras palabras comunicando el tema. El Manifiesto se enmarca en un contexto incontestable de gran acoso hacia el gobierno de coalición. Un ataque constante enaltecido desde gran parte de las palestras mediáticas, lobbies empresariales, grupos políticos, partes significativas del poder judicial y por una oposición que, lejos de tratar los problemas que afectan a la sociedad española, se ha encastillado en la mentira reiterada, el bulo, el cerco penal y la tergiversación. A todo ello, ahora parece adherirse un sector de notables socialistas, descontentos por posibles cuitas internas. Subrayemos –para evitar equívocos– que los casos de corrupción que atañen al PSOE son graves; constituyen excrecencias que deben ser depuradas. De hecho, políticamente ya lo han sido, de manera fulminante. Otros episodios –acosos, actitudes machistas– han tenido sus respuestas. No sería banal recordar cómo se abordaron otros casos similares de corrupción, habida cuenta que algún exdirigente socialista ha declarado que en “su” partido no se había visto nada igual hasta ahora. Qué frágil e intencionadamente olvidadiza es la memoria.

Ese es, en síntesis, un marco en el que, sin embargo, urge añadir otros elementos que competen a la gestión del gobierno, factores que se plasman tanto en el presupuesto público como en otros procesos de gestión económico-administrativa. Es la política hecha carne: no hay ni humo ni declaraciones retóricas. Es el espacio de lo tangible: hablamos de mejoras importantes en el SMI y en el sueldo de los empleados públicos, en las pensiones, en el IMV, en las ayudas a las empresas, en la protección a sectores vulnerables, en la promulgación de normativas de claro cariz social (becas, permisos por nacimiento, movilidad sostenible), en la eficaz gestión de los fondos europeos, en la positiva visualización internacional de España, en la actitud solidaria hacia Palestina y la denuncia del genocidio por parte del gobierno de Israel, en el claro plante del gobierno ante las exigencias de la administración Trump en relación al incremento del gasto en Defensa, en las medidas adoptadas –de gran calado– para reconducir el proceso catalán.

Este segundo platillo no puede ni debe desaparecer de la balanza. Y el anuncio perpetrado por Sevilla lo ignora, de forma deliberada. Veremos qué depara el texto que se anuncia, pero sendas declaraciones del exministro son más que cuestionables, con datos en la mano. Habla Sevilla que se debe “des-podemizar” al PSOE, al tiempo que aboga por aguijonear un socialismo socialdemócrata. Resulta difícil entender esto, toda vez que las variables disponibles (que instituciones respetadas han divulgado y lo siguen haciendo) señalan, precisamente, que las políticas que se están implementando desde 2018-2020 tienen un claro sello socialdemócrata, si hemos de hacer caso a los estudios canónicos al respecto. Yo diría más: estamos en una política económica de barniz keynesiano, si auscultamos el gasto público sobre PIB espoleado en coyunturas de crisis. Veamos: según datos del Banco Central Europeo, durante la Gran Recesión ese indicador retrocedió un –1,9% en 2011 y –8,1% en 2013, mientras en el Gran Confinamiento esas variables fueron del +12,6% en 2020 y +17,5% en 2021. La diferencia es sustancial, determinante. En paralelo, recuérdese que existe todavía margen en el terreno de la presión fiscal –con la característica de tributación progresiva–, prácticamente cuatro puntos sobre PIB, si se compara con la media comunitaria. Por ahí el gobierno debiera profundizar.

Las asignaciones de recursos que hemos detallado rubrican una forma muy diferente de encarar períodos graves de recesión. Hemos visto esa clara apuesta por la palanca de la economía pública también a raíz de la guerra de Ucrania de 2022 –con medidas importantes para el control de la inflación– y los conflictos comerciales de 2025 –con respuestas de ayudas a las empresas más directamente afectadas por la política arancelaria de Trump–. De aquel austericidio de la Gran Recesión, letal para las clases media y trabajadora, se ha pasado a una pantalla muy diferente: la crítica efectiva al neoliberalismo económico desde la aplicación de otras políticas. Con, insistimos, actuaciones efectivas: nada de teoricismos ni de suposiciones sobre modelos fallidos.

Hablar de “des-podemizar” al PSOE pretende minusvalorar ese trabajo económico y social; señalar que hay que retornar a la socialdemocracia infiere el segundo eslabón para calificar subliminalmente de “radical” y “descentrada” a la acción del gobierno. Esto es una falacia absoluta. Ahora bien, es evidente que ese avance macroeconómico no siempre es lo suficientemente poroso en la esfera microeconómica. Pero, sin aquel, los avances socioeconómicos que se han subrayado anteriormente no hubieran sido posibles. Seguro que es insuficiente y queda mucho por hacer, especialmente en un capítulo central como la vivienda. Pero, al mismo tiempo, atendamos a lo que indica el reciente estudio del Banco de España en cuanto a proyecciones económicas: el crecimiento del PIB que el regulador señala para 2025 lo eleva al 2,9%, dos décimas más que en su última prospectiva, y con datos de inflación, paro, déficit público y deuda pública mejores para 2026. Uno de los motores: el consumo. ¡El consumo!, es decir, la capacidad de renta para poder gastar, para poder invertir, en un momento en el que, además, el ahorro no se desploma. Un signo de robustez de la demanda agregada –pieza clave en el desempeño económico– que se encuadra en esto que Sevilla pretende alcanzar: la socialdemocracia.

En las coordenadas tan complicadas que estamos viviendo, España aparece, a ojos de la Unión Europea, como un país con un gobierno fiable, elogiado tanto desde la propia Comisión Europea –con presidencia del PP–, como desde entornos sociales y económicos importantes en países individuales –como Francia e Italia–. Las cifras de la economía española no admiten réplica alguna si se contrastan con las de la media UE-27 e, incluso, con las de locomotoras tradicionales del viejo continente, como Alemania, Francia e Italia. Estos tres países, según las previsiones de la propia Comisión Europea y del FMI, no alcanzarán a crecer como España en 2026; ya no lo han hecho prácticamente desde 2021. He aquí una fortaleza innegable –no exenta de dificultades– que se explica, en una parte importante, por el despliegue de políticas de tamiz claramente socialdemócrata. Resulta complicado saber a qué tipo de socialdemocracia se refiere el promotor del Manifiesto, si se leen los datos indicados que, atención, provienen –lo advierto una vez más– de fuentes solventes: las que consultamos los economistas que tratamos, modestamente, de formular análisis científicos.

Y en ese escenario de fuertes sacudidas geopolíticas y gran incertidumbre, con las extremas derechas acechando, auxiliadas por poderosos resortes económicos, judiciales y mediáticos, resulta como poco grotesco que un exministro del PSOE meta la cuchara y contribuya a remover ese caldo que solo busca un objetivo: acabar con este gobierno y con su presidente socialista. Los resentimientos, las frustraciones, las expectativas truncadas, los egos no atendidos son malos consejeros. Parece mentira que gente tan experimentada no lo sepa. Y, si lo sabe, que actúe de una forma nada noble, rayana en la indignidad.

 

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