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Hilde Sánchez Morales: Sexualidad y derechos humanos

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La sexualidad en el ser humano va más allá que mantener relaciones “íntimas”, es un fenómeno cultural identitario. Incluye dimensiones biológicas, pero también axiológicas, emocionales, sociales y relacionales. No en vano toda sociedad, en cada momento histórico, se regula en función de la cultura prevalente y articula en torno a las creencias, los valores, las normas, la estructura de poder…. Se vehiculiza a través de instituciones como la familia, la escuela o el Estado, que son las que salvaguardan el orden social. De tal suerte que las sociedades determinan las prácticas, las identidades sexuales y de género, juzgando cuáles se adecuan a la “normalidad” y cuáles no.

La sexualidad se ha presentado, históricamente, como una realidad más biológica que social. Para antropólogos como Lévi Strauss está en nuestro origen como seres sociales, es como apunta Giddens “un punto de primera conexión entre el cuerpo, la autoidentidad y las normas sociales”. Si bien ha sido y sigue siendo un tema tabú en muchas culturas, coligada casi con exclusividad con la reproducción. Remite a las diversas formas de control social (moral pública versus privada), así como a los roles atribuidos a las mujeres y a los varones, a la división del trabajo, al papel de la familia como institución social primaria o a las formas de vivir y entender las relaciones amorosas.

Desde el pensamiento social, específicamente desde la Sociología, se ha teorizado tardíamente. Entre las razones para el caso español: por considerarse una dimensión humana que forma parte de la intimidad personal en la que sólo los sanitarios y sacerdotes podían tenían acceso; por razones sindicadas a los roles sexuales y por justipreciarse que el fin de la sexualidad era el tener descendencia.

En España, coincidente con lo que ha acontecido en los países de nuestro entorno, la investigación sobre la sexualidad se ha inscrito en el ámbito de la Sociología de la Familia y la Sociología del Género, si bien las aportaciones previas se enfocaron desde un punto de vista moral-religioso y biomédico. En esta línea Michel Foucault sostiene que esta es creada por discursos médicos, jurídicos y morales, que se produce y reprime a través de normas y es el Estado el que regula los cuerpos.

Lo anterior da cuenta de la inexistencia, hasta hace poco tiempo, de estudios, de grupos de investigación o de cursos focalizados en su análisis sociológico[1]. Los mayores avances al respecto tuvieron lugar en las últimas décadas del siglo XX con prospecciones sobre la prostitución femenina, la pornografía, la homosexualidad o la transexualidad.

En el ámbito internacional mucho se debe a Ken Plummer y su idea de “ciudadanía íntima”. Estudió, a finales del pasado siglo y principios del XXI, las nuevas prácticas sexuales y sus derivaciones tales como las tipologías familiares emergentes (en términos morfológicos y relacionales), los impactos de las técnicas de reproducción humana asistida, el fenómeno transgénero, las sexualidades no reproductivas…

Una contribución al respecto, de la máxima actualidad en una etapa de identidades de género variadas es la que ofrece Naciones Unidas. No establece un listado cerrado de estas, sino que las contempla como parte de la diversidad humana. Promueve la no discriminación, impulsa la igualdad de género y los derechos de las personas LGTBTIQ+ (personas transgénero, no binarias, género fluido e identidades diversas), buscando salvaguardarlas desde los derechos humanos universales, al tiempo que aboga por que los Estados las reconozcan legalmente y no permitan que estos colectivos sean objeto de acciones discriminatorias o violentas. Consecuentemente, lo traza como una cuestión política y de derechos.

En este mismo sentido, las teóricas feministas estudiaron cómo y en qué medida las desigualdades de género afectaban a la sexualidad, proclamaban que el control del cuerpo femenino es una forma de poder y reivindicaban la autonomía sexual y el consentimiento. Por su parte, la teoría queer pone en tela de juicio el enfoque de las “sexualidades normales”, reivindicando que el género y el deseo no son binarios (son fluidos), a la par que crítica las categorías sexuales socialmente impuestas.

¿Qué opina la opinión pública al respecto? En una reciente encuesta del CIS sobre Relaciones sexuales y pareja[2], el 78,2% está “muy o bastante de acuerdo” con que en nuestra sociedad sigue habiendo muchos prejuicios en relación con el sexo (constatación como “tabú hacia fuera”). Si bien para el 63,1% es “muy importante o bastante importante” tener pareja para tener una vida satisfactoria, ilustrativo al respecto que el 49,6% de los jóvenes entre 18 y 24 años estiman que es “poco o nada importante”. El 73,3% declara estar “muy o bastante satisfecho con su vida sexual”, apreciando el 62,6% que una persona puede variar sus gustos sexuales a lo largo de su vida y tener relaciones indistintamente con mujeres o con hombres.

La idea del “tabú hacia fuera” contrasta con que el 84,9% está “muy de acuerdo o bastante de acuerdo” en que en una relación sexual vale todo, siempre que las personas implicadas estén totalmente conformes. Por último, respecto a las identidades sexuales, el 85,4% de los encuestados se manifiesta heterosexual, un 5,9% bisexual y un 2,8% homosexual. Estos datos contrastan con estudios recientes, según los cuáles en nuestro país hay aproximadamente 3 millones de personas LGTBI+ (Homosexual: 6%, bisexual: 5%, otros (Lesbianas, Pansexuales, etc: 14%)[3]. Diferencia que puede interpretarse, a pesar de los considerables logros alcanzados al respecto, a modo de ocultación de realidades todavía no del todo aceptadas por parte de la población.

Finalizamos con el preámbulo de la Declaración del Congreso de Hong Kong de 1999 de la Asamblea General de la Asociación Mundial de Sexología:

“Los derechos sexuales son derechos humanos universales basados en la libertad, dignidad e igualdad para todos los seres humanos. Los derechos sexuales deben ser reconocidos, promovidos, respetados y defendidos por todas las sociedades con todos sus medios. La salud sexual es el resultado del reconocimiento y respeto de los derechos sexuales”[4].

Notas:

[1] El primer Máster en Sexualidad humana con un planteamiento sociológico se llevó a cabo en la UNED bajo la dirección del profesor José Antonio Nieto (1991-1998).

[2] Véase, https://www.cis.es/documents/d/guest/es3501mar_a

[3] Véase, https://felgtbi.org/wp-content/uploads/2024/06/MEMORIAFELGTBI2023.pdf

[4] Véase, https://healtheducationresources.unesco.org/organizations/asociacion-mundial-de-sexologia

 

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