Mar de Fondo.
Estados Unidos interceptó ayer un tercer buque petrolero frente a las costas de Venezuela, confirmando que el conflicto con el régimen de Nicolás Maduro entró en una fase irreversible.
Durante años, el chavismo usó el mar como autopista del saqueo de las riquezas de Venezuela.
Bajo banderas falsas y rutas clandestinas, el petróleo venezolano salió del país no para aliviar el hambre, sino para sostener una estructura criminal internacional.
Hoy, ese circuito se rompe, buque por buque interceptado por las fuerzas desplegados en el Caribe.
La reacción de Maduro fue previsible, al acusar al presidente Donald Trump de “piratería de corsarios” cuando han sido Maduro y su banda quienes han permitido que grupos terroristas y y narcotraficantes invadan nuestro territorio.
Pero los chillidos de Maduro no ocultan la verdad, porque no es piratería detener un delito; piratería fue robarle el futuro a un país entero.
Piratería fue convertir el crudo en botín de mafias mientras hospitales colapsaban y millones de venezolano se ven obligados a huir de su país.
Cada tanquero interceptado es una evidencia flotante del saqueo del agonizante régimen chavista.
Cada decomiso reduce el oxígeno financiero de un régimen que sobrevive del contrabando y la mentira.
El mensaje es claro y brutal: quien toque el petróleo del régimen será severamente sancionado.
El mar, que durante años fue cómplice silencioso, hoy es testigo del derrumbe del régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro y sus complices.
Venezuela, aún herida, empieza a ver cómo la impunidad se queda sin rutas y muy pronto será libre.

