Fin de año, excelente ocasión para realizar un balance de lo actuado y aventurarnos a hacer algunos pronósticos para el 2026.
No cabe duda que 2025 ha sido un año clave tanto en la escena nacional como en la global, que permite suponer razonablemente el devenir de situaciones que tendrán relevancia en ambos ámbitos.
En lo local lo más relevante es la consolidación del liderazgo de María Corina Machado como referente único de lo que aspiramos sea la Venezuela próxima a renacer. Decimos esto sin desestimar el riesgo de que la miopía y / o el egoísmo de actores decididamente desplazados, que se resisten a reconocer lo que es más que evidente, irán a poner su dosis de dificultad.
Nos referimos al conjunto de actores políticos agrupados en lo que se ha dado en llamar Plataforma Democrática, cuya importancia numérica la sitúa en un rol apenas marginal si nos atenemos al reiterado resultado de las encuestas y, más aun, a la decidida opinión de la calle.
Nadie niega el peso y el mérito de aquellas parcialidades que otrora, con esfuerzo y muchas veces sangre, forjaron, lograron, sostuvieron y luego arruinaron el casi medio siglo de vida democrática que vivió Venezuela. Más aún, quien esto escribe fue por varias décadas entusiasta militante de aquella Acción Democrática que en su momento puso los mártires y también los dirigentes que contribuyeron a forjar, sostener -y luego arruinar- esa experiencia democrática republicana y alternativa que fue orgullo de nuestro gentilicio.
No olvidemos tampoco que esos grupos y sus dirigentes fueron también quienes dejaron testimonio concreto de obras de infraestructura e institucionales, cuyo listado opaca las muy cacareadas realizaciones de la dictadura perezjimenista. Es bueno que las generaciones más jóvenes lo tengan en cuenta.
El mismo comentario es aplicable a Copei, MAS y demás colectivos democráticos que dejaron su huella haciendo de nuestro país orgullo del continente, que iba dejando de ser un sueño para convertirse en una palpable realidad.
No cabe duda de que en el camino ocurrieron errores y desatinos, cuyo precio venimos pagando desde hace un cuarto de siglo.
Pero lo evidentemente cierto al día de hoy es que liderazgo solo hay uno y es el de María Corina Machado, de manera que el rumbo debe ser marcado por ella y quienes la acompañan, no solo en su grupo partidista (Vente) sino en el amplio espectro que hoy contribuye al sueño de la reconstrucción nacional. Ojalá no se confundan las cosas, tanto más ahora, cuando la concesión del Premio Nobel de la Paz pudiera llamar a egoístas interpretaciones. Así pues, no es este el momento de reclamar espacios partidistas, ni siquiera por Vente, aun cuando se le reconozca su relevante peso. Los países que han podido superar con éxito retos similares lo hicieron como parte de un entendimiento fundamentalmente colectivo (España, Chile, Surafrica, etcétera) que pudieron restañar heridas que parecían insalvables.
A lo anterior debe agregarse el hecho insoslayable de que el tránsito del péndulo político internacional, y especialmente continental, hacia la centro-derecha (Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Paraguay, Salvador, Honduras, Guyana, Trinidad, etcétera) ineluctablemente volverá a cambiar de tendencia, de manera tal que para ese momento el liberalismo democrático pueda haber dejado una huella que blinde a los pueblos del espejismo del Socialismo del Siglo XXI, cuyos frutos hemos padecido de sobra.
En lo internacional, la Venezuela de Maduro cree en un bloque (Cuba, Rusia, China) del cual espera -con poco éxito hasta hoy- descenderá el salvavidas de su subsistencia. Por lo mismo, el apoyo que pueda ofrecer o brindar la opción Trump, de concretarse, debiera recibirse dando y recibiendo seguridades de que el destino de Venezuela lo vayan a gerenciar, principalmente, los venezolanos, formando parte del grupo de la libertad y la democracia, pero teniendo claro que nuestra posición es y será la de la libertad interpretada en la mayor dosis posible por nosotros.
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