Maduro, Jorge y los cubanos están muy orondos. Ellos han jugado a que la movilización de Trump es solo guerra psicológica y no habrá intervención directa en Venezuela. Sobre la base de esta hipótesis, movieron enormes recursos en lobby en esferas de poder norteamericanas y manejo diplomático con gobiernos con los cuales tienen negocios y alianzas. Sin contar las inmensas sumas de dinero gastadas en medios de comunicación internacionales, para presentar al ilegítimo gobierno con apoyo del pueblo, el cual está dispuesto a inmolarse por la pandilla cívico-militar gobernante. Lo cierto es que en Estados Unidos les han aparecido defensores.
Los cubanos y Jorge Rodríguez expertos en manipular la psicología social, trazaron dos estrategias para afianzar a la dictadura. La primera, sembrar el terror en la población a través del asesinato, la tortura, el secuestro y encarcelamiento sin motivo y el chantaje. Demostrando que nada ni nadie los paraba, que no tienen escrúpulos de ninguna clase. Es el mismo terror que implantó Stalin en Rusia y Fidel y el Che con los fusilamientos en Cuba. La segunda, presentar dominio y respaldo popular, para lo cual han manipulado pequeños grupos a quienes simula entregar armas para difundir que hay un pueblo armado que defiende a la pandilla gobernante. Esto es solo manejo publicitario, pues, alrededor del 90% rechaza al gobierno y desean caiga la dictadura.
Maduro y sus secuaces confían en el desgaste que significa la inacción y la vacilación. Ellos juegan a someter al pueblo y acallar toda disidencia. Saben que son repudiados por el pueblo y que internacionalmente no tienen apoyo significativo, salvo las declaraciones rusas y chinas, acompañadas con cierto armamento que incrementa la enorme deuda externa. Por supuesto, a Maduro y su pandilla les importa un bledo endeudar al país con tal de seguir chupándose la riqueza nacional. Pero, en América Latina los vientos son contrarios al chavismo.
Hemos sustentado, y así lo pensamos, que el pueblo venezolano ha decidido barrer a la dictadura. La primera manifestación firme fue el 28 de julio de 2024. El pueblo salió a exigir respeto a su soberanía y recibió del gobierno una brutal y criminal represión. Esto no ha anulado su decisión de derrocar al tirano, sino de prepararse para garantizar éxito en el enfrentamiento final. La historia nos muestra muchos ejemplos de la fuerza del pueblo decidido, que han abatido feroces tiranías.
Estos pueblos se han levantado, no contra un enemigo extranjero, sino contra la injusticia que los tiranos habían impuesto durante años. Esos pueblos sublevados no eran soldados entrenados, no llevaban uniformes ni armas sofisticadas. Eran hombres y mujeres comunes, armados con palos, piedras, machetes y lo que pudieran encontrar. Pero en sus corazones llevaban el arma más poderosa: la convicción de que su lucha era justa. Los venezolanos estamos convencidos de que nuestra fuerza reside en la unidad y la dignidad. Sabemos que ellos son pocos, pero crueles, por lo que nuestro enfrentamiento será inteligente, emergente del cerebro social.
El pueblo ha acumulado en su saber cómo ejerce la represión el gobierno y cuál es su talón de Aquiles. El pueblo venezolano ya se sabe la retahíla de mentiras que emplea Maduro para cautivar apoyo en la gente. El pueblo conoce de los inventos de enemigos extranjeros que están a la caza de nuestros recursos. Por supuesto, saben que guarda silencio frente al saqueo ruso, frente a la hipoteca con china y la chupadera de los vividores de Cuba. Se sabe que están temerosos y con desconfianza entre ellos. Los familiares de muchos militares presionan para que abandonen al régimen, salven su pellejo y su riqueza.
Los militares deberían recordar que el poderío de las armas se puede perder ante un pueblo. La historia, por ejemplo, habla de la noche triste de los españoles en México, acaecida en 1520, cuando Cortés apresó a Montezuma y lo asesinaron cruelmente. Los aztecas estaban enojados y sitiaron a los españoles, quienes fueron derrotados por ese pueblo ansioso de justicia y haciéndoles huir. Cortés lloró su derrota. Un pueblo decidido es imbatible, su pujanza está en el honor y su moral.
La batalla que está pronta a librarse no será solo una batalla por la libertad; será una batalla por la dignidad de un pueblo que ha sido burlado, oprimido y humillado por 25 años. No serán soldados ni tendrán uniformes ni estrategias militares, pero llevarán consigo algo más poderoso: un deseo inquebrantable de ser dueños de su propio destino. Los venezolanos queremos ejercer nuestra soberanía y dirigir al país al país en libertad, democracia y sin injerencia extranjera. Una apertura económica es necesaria, pero, con independencia. El nuevo modelo que ambicionamos debe conducir a la justicia social y el bien común, con una administración pulcra y transparente. No hay duda, el pueblo está resuelto a demoler al nefasto régimen.
¡Hasta el final!

