pancarta sol scaled

Abraham Sequeda: La inevitabilidad de Maquiavelo

Compartir

 

En innumerables oportunidades se reafirma una regla contundente de la planificación, las decisiones y las acciones: un síntoma inequívoco de mal funcionamiento en las organizaciones (de cualquier naturaleza) o sociedades es la prevalencia de comportamientos posponedores (procrastinadores).

Pasar por alto, una y otra vez, conductas reprobables, improductivas o erradas en todos los niveles, con la vana esperanza de que los conflictos se resuelvan solos o desaparezcan del interés público de un día para otro, es una forma necia de evitar desacuerdos, conversaciones difíciles o actuaciones contundentes, especialmente cuando la situación a resolver es poco común.

En el ámbito empresarial, por ejemplo, estos comportamientos derivan en consecuencias económicas adversas e incluso letales para la organización, sus propietarios y trabajadores. En tales casos, aunque el descalabro en la vida de los involucrados es grave, el efecto es limitado al entorno privado.

Sin embargo, en las instituciones del Estado y los países en sí mismos, el panorama es distinto. Los retrasos en los procesos, la deficiente calidad de los servicios y la fragilidad del entramado funcional que debería proyectar bienestar a la sociedad, tienen un impacto cuantitativamente más significativo, pues afectan a todos.

Entonces, el dilema más crítico radica en retrasar lo inevitable, lo moralmente necesario y lo legalmente justificado, especialmente cuando los afectados son el conglomerado de una nación. Cuando se acumulan vejaciones, quejas, maltratos e incumplimientos jurídicos, y la respuesta de instituciones decentes y actores autorizados es el «dejar hacer y dejar pasar», se terminan confrontando los propios códigos éticos.

Fue Maquiavelo quien advirtió con claridad sobre el riesgo de ignorar la urgencia de poner fin a lo que él llamó «desorden». Esta palabra describe el escenario previo a una realidad que se degrada, se retuerce y se envilece sobre sus propios desmanes; una situación donde la solución, aunque evidente, no termina de aparecer por falta de voluntad política o administrativa.

Al final la respuesta, aunque con escenarios difíciles, es esencialmente la misma; pues quien no detiene el caos cuando es pequeño, se ve obligado a combatirlo cuando ya es imparable.

 

Traducción »