A raíz de una interesante conversación con sus oportunas palabras una amiga me inspiró a robar descaradamente una porción de una de sus frases, con el único propósito de profundizar en los detalles implícitos en la historia de referencia. Esta persona con gran soltura me expresó una afirmación que de entrada no comprendí, la cual evocaba representativamente a aquellos que presenciaron de una forma o de otra el primer milagro de Jesús; curiosamente el mismo se trató de la transformación del agua en vino. En mi corazón finito e imperfecto concibo dicho milagro como la antesala simbólica de que Él venía a transformarlo todo desde su naturaleza, el agua podría representar la palabra de Dios que de principio a fin contaba acerca de la esperanza de salvación en manos de un Mesías como cordero inmolado y perfecto. Luego, el vino como fluido más complejo que el agua con sabor y olor diferente al vital líquido, y un efecto notorio sobre el sistema nervioso, representaría la transformación de la fe con acceso directo al Padre, por causa del derramamiento de la sangre de Cristo.
En tal sentido pasaría a la historia ese primer milagro cargado de simbolismo y en presencia de aquellos que pudieron llenar las vasijas de agua y posteriormente sirvieron el vino de la transformación en plena fiesta, el cual, cabe destacar, no pasó desapercibido, sino que por el contrario fue considerado como el mejor de la velada a pesar de que la tradición implicaba servirlo de primero, pero llegó en último momento de la celebración. Con todo esto medito en que muchos de los milagros que esperamos no llegan de entrada como se esperaría sino en un estado postrero de las situaciones, cuando ya hemos tenido el tiempo de llenar nuestras vasijas con la esperanza que porta la palabra en sí misma.
A pesar de lo expuesto previamente, esta amiga refería la historia haciendo énfasis en aquellos que estuvieron presentes en ese momento como testigos del milagro primigenio siendo gente clave en diversas circunstancias. Aunque no se habla mucho del efecto de ese milagro más allá de aumentar la fama de Jesús, hoy me tomaré el atrevimiento de inferir algunas ideas, como por ejemplo la representación de María con mujeres que reconocen el potencial, puesto que ella instó a Jesús a obrar en la boda y una vez que todo ocurre se convierte en testigo de su obra. En aquella conversación la amiga hizo referencias justamente a ella y el tipo de mujeres que representa.
Estas navidades con infinitas preguntas, unas por curiosidad y otras por suspicacia el corazón busca comprender mientras se acopla a la idea de querer ser una de esas Marías que reconoce el potencial, provoca el milagro y se queda lo suficiente para ver la transformación en el contenido de las vasijas llenas de agua. En tal sentido, embebida por las vísperas decembrinas que en gran medida nos deben inspirar a meditar en el salvador, la oración para estas navidades es permanecer como uno de esos que estuvieron con los ojos bien abiertos en el cuarto de las tinajas, ya que de seguro la fe aumentará y la expectativa de nuevos milagros crecerá.
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