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Ezequiel Querales Viloria: Un rastro marginal de desordenados contornos

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Quiso cantar, para olvidar su vida verdadera de mentiras y recordar su mentirosa vida de verdades.  Octavio Paz.

Como los  cuentistas y tantos cultores timoratos de la palabra, estamos persuadidos, que la poesía, la novela, la escritura, simplemente sucede. Que en ocasiones, irrumpe enceguecida, calmada, visionaria,  irreverente o presuntuosa, de todas partes. O bien, desde la lejana y oculta sencillez.

Por eso admiramos con devoción el esfuerzo que precede el sosegado apostolado creativo, para hacer transcender las palabras, el verso, el canto, la pintura,  el pentagrama, a los altares de eternidad.

Huelgan los ejemplos del caso, pero preferentemente, incluiremos en nuestra modesta apreciación, la universalidad poética del excelso mexicano Octavio Paz, en su culminante  clímax, para “su vida verdadera de mentiras” y “olvidar su mentirosa vida de verdades”. Memorable vuelo de imaginación.

Guardando las distancias, también somos testigos vivientes de esas advocaciones. De. ¿Cómo, de la fascinante simplicidad que nos habita, emerge un sorpresivo flujo de desordenados relatos?.

Una imaginaria mirada que pretende ver más allá del mágico espejismo. Un espectro de vivencias de ese atajo tan nuestro, donde la razón suele convertirse en ficción, la mesura, confundirse en un déjá vu de sueños vividos y vidas soñadas. Y de repente, sigiloso, emerge ante nosotros, ese Otro Yo. El sempiterno Alter Ego, mofándose, gravitando en un mar de apariencias, de contradicciones, y crueles ironías del destino. O simplemente, urdiendo miles travesuras.

Es como un extraño levitar de incandescentes luces, ariscas musas y sonoras campanadas, que nos conmueven al apreciar, como las cosas más sutiles,  más simples, construyen otro lenguaje. Tejen un emotivo, festivo, particular y hasta pretencioso léxico.

Un devenir delirante en el amplio escenario cotidiano para enredarlo todo. Donde, incluso, se nos pone la vida en cuadritos. Y extrañamente, se nos induce, a caminar casi que inermes, tras las huellas extraviadas de “Un Rastro Marginal de Desordenados Contornos”.

Controversial inquietud, que por años, quiso avanzar. Que iba, venía, volvía una y otra vez, dos, tres, cuatro, veces, incontables veces. Luego, se sacudía en un arrebato vertical de sentimientos de culpa, enojos y reproches. Para sumergirse, estática, serena, en un manto de largos y placenteros silencios, Y aguardar paciente, el providencial llamado de las serpenteantes musas que moran repartiendo trazos de eternidad, en los remotos acantilados. Que se asoman a los Infinitos riscos, a contagiarnos de parábolas y paradojas. Hasta llevarnos, a un pulcro sitial de imaginación y belleza.

Un largo receso, que luego de tantas dentelladas, vuelve porfiadamente insistente, a conminar a la arisca emocionalidad espiritual, de que es hora de poner término a los resabios existenciales que nos frenan. Para buscar un lugar, por modesto que sea, en el pulso de la audiencia. Para dar rienda suelta al furtivo bagaje humano vivencial, recorrido, disfrutado, sufrido, que ya  nunca más viviremos. “De hacer camino al andar”, como pontificara, el inmenso Antonio Machado.

La luz del entendimiento nos hace ser muy comedidos. Y tal vez, recordar, que fue Horacio, el gran poeta reflexivo romano, quien siempre nos refresca la memoria, con aquello, de que “son los dioses, los únicos que tienen una vida placentera, sin angustias, sin cambios”,(…). “Sin sobresaltos”. Añade mi otro yo.

 (Capítulo extraviado de mi biografía novelada, “Un Rastro Marginal de Desordenados Contornos”, próxima a publicarse en Ámazon).

Con este edulcorado relato, me ausento, decembrinamente hasta enero, de los ávidos lectores de la tan visitada ventana de encuentros y noticias,Costa del Sol”. ¡Adiooó!. !Pásenla de maravilla!.

Feliz Navidad. Venturoso Año Nuevo.

ezzevil34@gmail.com

 

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