En el octavo año de su ausencia física y su omnipresencia afectiva y espiritual…
Su rostro a veces adusto, siempre sonriente
pero un cráter de profusa lava ardiente,
su vida resplandecía, era diferente
sus ojos preludiaban pedazos de su alma,
también reflejaron, el duro dolor,
contuvo alegría y placida calma.
Igual que ternura y muchísimo amor.
Su taya fue gruesa, movía la brisa.
no tuvo en la maya un taye rival,
resguardo la gracia en su amplia,
sonrisa, y en sus zambuyidas también
tembló el mar.
Mi pecho fue el libro donde quedaron,
grabadas sus risas trinadas, también su pasión,
su boca para nada esquiva,
me sació de besos, los que me dieron,
me dieron amor, su voz tuvo a veces
al final el trino del pájaro herido,
que aún sigue contando en el nido, que
ame si ame, su dolor, su perfume
no está, aún dormido,
igual que el
halo que cae siempre como,
yuvia y brota con más fuerza.
al salir el sol…
Tu esposo por siempre.
17-12-2015.

