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Pedro R. García: Para mi amada esposa Ligia

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En el octavo año de su ausencia física y su omnipresencia afectiva y espiritual…

Ligia García

Su rostro a veces adusto, siempre sonriente

pero un cráter de profusa lava ardiente,

su vida resplandecía, era diferente

sus ojos preludiaban pedazos de su alma,

también reflejaron, el duro dolor,

contuvo alegría y placida calma.

Igual que ternura y muchísimo amor.

 

Su taya fue gruesa, movía la brisa.

no tuvo en la maya un taye rival,

resguardo la gracia en su amplia,

sonrisa, y en sus zambuyidas también

tembló el mar.

 

Mi pecho fue el libro donde quedaron,

grabadas sus risas trinadas, también su pasión,

su boca para nada esquiva,

me sació de besos, los que me dieron,

me dieron amor, su voz tuvo a veces

al final el trino del pájaro herido,

que aún sigue contando en el nido, que

ame si ame, su dolor, su perfume

no está, aún dormido,

igual que el

halo que cae siempre como,

yuvia y brota con más fuerza.

al salir el sol…

Tu esposo por siempre.

17-12-2015.

 

 

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