Un digno Maestro; dicho así, con toda la extensión del término y la intención perseguida.
Comenzamos a admirar a tan brillante compatriota por su cultivada elocuencia; a partir de una interesante conversación, en su condición de viceministro de Relaciones Interiores, hace varias décadas.
Poseía una imperdible e impecable imantación en sus palabras; esencialmente, en el ámbito jurídico.
Transcurrían horas escuchando sus detalladas explicaciones, las cuales se interpretaban de absoluto provecho para nuestro aprendizaje, conforme al eje temático que estuviéramos abordando.
Hoy ha sido llamado a ocupar el merecido lugar celestial; luego de haber cumplido una amplísima y prístina hoja de vida.
Un venezolano de excepción, densamente formado; con un doctorado en derecho; además, miembro fundador del Instituto de derecho Penal y del Centro de Derecho Espacial y Aeronáutico.
Especializado en derecho penal superior; en medicina legal y psiquiatría forense.
Profesor de pre y postgrado en derecho administrativo en varias universidades de nuestro país.
Docente y jurado de tesis en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional (IAEDEN).
Juez superior civil, mercantil y contencioso administrativo y conjuez de varios juzgados.
Director general y presidente de la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho.
Asesor de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE).
Viceministro de justicia.
Coordinador académico del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela; exactamente, entidad donde tuvimos muchísimas sesiones para intercambiar criterios sobre el asunto litigioso por la Guayana Esequiba.
Debo mencionar que cada enunciado y aportación teórica o doctrinal del Dr. Espinal constituían lecciones inmarcesibles.
En el caso controvertido por el este de nuestra geografía nacional -el cual he estudiado por más de 45 años- coincidí en bastantes enfoques de solución o alternativas de arreglos; reconociendo siempre al Dr. Espinal Vásquez como mi extraordinario ductor.
Su expresión sentencial, que se hizo lapidaria, era: “Vivir en paz es vivir en lo justo”.
Suficientemente asimilada por quienes nos consideramos sus eternos discípulos.
Concordante con lo que decía, permanentemente, el Dr. Espinal Vásquez, me permito citarlo:
“La Humanidad desde el Génesis hasta nuestros días ha buscado vivir en una sociedad justa. No hay derechos sino se respetan los deberes. No habrá justicia sin bien común y seguridad. La Justocracia, poder de lo justo, es indudablemente el valor ético de la sana convivencia social; soporte de todos sus fines y del respeto entre los seres humanos”
Nos toca despedir a un hombre de unas cualidades intelectuales únicas; que supo acaudalar (y entregar sin mezquindades) conocimientos y sabiduría.
Un luchador incansable por la reclamación y restitución del espacio territorial que nos arrebataron, mediante un laudo curtido de añagaza jurídica y deleznable diplomacia.
Para formalizar y profundizar los contenidos de mis conferencias conté con sus apreciaciones y asesorías en todo evento, con la grandeza espiritual que lo caracterizaba.
Gracias, maestro Cesáreo, por tantos señalamientos jurídicos oportunos, al momento de pronunciarme frente a un pleito que aún sigue en discernimiento; como también, cuando tenía la bondad de leer mis artículos que he venido publicando en las distintas plataformas.
Habrá la debida ocasión para que nuestra Patria le reconozca todo cuanto se esforzó por defenderla.
Un abrazo efusivo desde el Delta del Orinoco.
Cesáreo Espinal y Carlos Andrés Pérez.
Abraham Gómez R. Miembro de la Academia Venezolana de la Lengua – Miembro del Instituto de Estudios Fronterizos de Venezuela – Asesor de la Fundación Venezuela Esequiba.

