Bitácora Energética.
En nuestro recorrido por los diversos campos petroleros, desde operaciones de perforación hasta estaciones de flujo y plantas compresoras, Bitácora Energética nos presenta un panorama humano diverso. En este entorno conviven personal calificado, mano de obra no clasificada, gerentes de la matriz y trabajadores de todos los niveles de las empresas contratistas. A pesar de las condiciones precarias que enfrentan algunos eslabones de la industria petrolera, hay un elemento constante que resalta: la presencia de perros, quienes se convierten en compañeros leales y esenciales en estas instalaciones.
Un perro en una instalación petrolera no solo aporta seguridad, sino que también fomenta el bienestar emocional y físico de los empleados. La relación entre los trabajadores y estos animales va más allá de la mera compañía. En este contexto, encontramos a un personaje entrañable: Tom, un perro que ha conquistado los corazones y el respeto de todos en el Campo Morichal.
Tom el perro petrolero en El Campo Morichal, estado Anzoátegui.
Desde su llegada, Tom no ha sido simplemente un compañero de trabajo; se ha convertido en el consentido y respetado “rey” del campo. Sus compañeros se han encargado de brindarle admiración y cariño. No solo recibe sus tres comidas diarias, sino que también disfruta de un refrigerio nocturno que lo convierte en el centro de atención, ya sea entre la estación FF ó la Macolla #4 de Simovensa y Además, sus amigos humanos están atentos a su salud, asegurándose de que reciba las medicinas necesarias trimestralmente. Este cuidado refleja el aprecio genuino que sienten por él.
Tom ha demostrado ser un DCI (perro de control de inseguridad) por excelencia, a pesar de no haber recibido entrenamiento formal. Su presencia ha contribuido a mantener la seguridad y el respeto en la estación y en las macollas circundantes. Con su agudo sentido del olfato y su instinto protector, Tom se ha convertido en un miembro vital del equipo laboral, disuadiendo cualquier intento de intrusión y brindando tranquilidad —o incluso temor— a quienes trabajan allí.
Sin embargo, la historia de Tom no se limita a su labor como perro de seguridad. Este querido compañero también tiene su propio “libro de cuentos”, donde se recogen anécdotas diarias compartidas por los trabajadores de la zona. Estas historias se transmiten en camionetas, oficinas y a través de redes sociales, reflejando su vida y las experiencias con los trabajadores petroleros en el campo. Algunos relatos son entrañables, otros más regulares, pero todos ilustran la huella que ha dejado Tom en quienes han pasado por estas instalaciones. Cada historia es un testimonio del impacto positivo que puede tener un perro en un entorno laboral y cómo el amor y el respeto hacia estos animales enriquecen la vida cotidiana.
La relación entre los trabajadores del Campo Morichal y Tom es un recordatorio de que, incluso en un entorno industrial desafiante, siempre hay espacio para el cariño y la conexión. Perros como Tom no son solo compañeros; son parte integral de la comunidad laboral, ofreciendo apoyo emocional y un sentido de pertenencia.
La presencia de Tom en el Campo Morichal ilustra cómo los perros pueden transformar un ambiente de trabajo. Su lealtad, cariño y dedicación son un reflejo del espíritu humano que prevalece incluso en las circunstancias más difíciles. Al final del día, Tom no es solo un perro; es un símbolo de amistad, seguridad y amor incondicional en el corazón de la industria petrolera venezolana.
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