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Juan Monsant Aristimuño: Rosalía

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Alguna vez, de pasadas, leí una crónica sobre una cantante de origen catalán que cantaba flamenco; acompañaba la nota una fotografía en blanco y negro de una joven bien plantada, con cierto aire pop, en estudiada pose de promoción.

Así que, como el flamenco, el cante jondo y en general todo lo relacionado con Al-Andalus, el Sefarad, Maimonides, el cantejondo, las bulerías, Manitas de Plata, Gipsy Kings, Federico García Lorca, Manolete, Gitanillo de Triana, Lola Flores me son tan íntimo, me dio curiosidad por oírla cantar, debido a que la presentaban como la representante del flamenco contemporáneo.

Y vaya que es expresión contemporánea del flamenco, según los tradicionalistas, quienes contrariados hicieron sentir su molestia. Cómo si el flamenco tuviese carta de inamovilidad, porque de ser así, pues no habría bulería; además, a partir de cual momento se hizo inamovible, porque el flamenco es una evolución arrastrada con los gitanos y su errante dolor.

No obstante mi curiosidad, por azar oí unas estrofas de Rosalía que atrapó toda mi atención porque no la entendía; me pareció rap, ese estilo urbano desgarbado, sin musicalización surgido en las grades urbes estadounidense y, luego en algunas ciudades hispanoamericanas siguiendo el compás marcado. El rap, el reguetón los identifico como una expresión humana básica comercializada y musicalizada, de mal gusto y totalmente vulgar.

Además, absolutamente irrespetuoso con la mujer, inaceptable por demás; aunque la casi totalidad de defensores de los derechos humanos lo dejaron pasar, por aquello de la inclusión, el igualitarismo y el wokismo que aparentemente excluye lo femenino. De modo que cambié la emisora con cierta decepción.

Más estaba equivocado en mi prejuicio inicial. Rosalía es fenómeno musical, rompe paradigmas, reta lo convencional sin el recurso facilista de lo comercial o chabacano. Experimenta en los diferentes géneros; cuando canta flamenco lo hace con las tonadillas y golpeteo de las manos original, introduciendo sonoridades musicales del momento que le toca vivir, el pop y la llamada música urbana (ritmo hispanoamericano surgido en Nueva York) con esa voz de soprano que posee bien cultivada y controlada, a tono con el rasgueo de las cuerdas de la guitarra que le acompaña.

Y sí, cursó ocho años, desde su trece,  en la Escuela Superior de Música de Cataluña, vocalización, escritura, guitarra, piano, posturas y flamenco. ¿Y por qué el flamenco en la Coruña? Pues por la cantidad de emigrados de Andalucía y su entorno, de los cuales todos sus amigos de infancia y juventud procedían de la tierra del flamenco, y algo se le pego, por fortuna para ella y sus seguidores.

El hecho es que para atrapar mi atención y echar por tierra todos mis prejuicios iniciales, leo unas declaraciones del Cardenal José Tolentino de Mendoza de la iglesia católica de Portugal, donde afirma  “Rosalía revela la sed espiritual del arte contemporáneo. Su obra, capta la necesidad que existe en la sociedad de «fomentar una vida interior y de valorar la experiencia religiosa”.  Y agregó, “Cuando una creadora como Rosalía habla de la espititualidad quiere decir que ella capta una necesidad profunda de la cultura contemporánea de acercarse más a las razones espirituales, de fomentar una vida interior, de valorar la experiencia religiosa como una experiencia fundamental, un ingrediente fundamental en la construcción de lo humano”.

Declaración que surgida luego de la reciente presentación que hizo la artista a su último disco titulado LUX (luz), entre cuyo repertorio destaca Berghain, cantada en cuatro idiomas y se hace acompañar  por la Orquesta y Coro de la Sinfónica de Londres.

Fue allí donde nació mi verdadera curiosidad sobre la joven artista, no solo de la voz, sino en la creatividad en la escena y la letra de sus canciones compuestas en cortante juego de palabras que narran episodios, sentimientos, bajezas y grandezas de lo humano. Poesía, poesía de nuevo cuño, diría. Juego de palabras acusatorias, redimidas, espirtuales, ansiedades, dudas, lo humano y lo divino, lo blanco y lo negro, el bien y el mal. La necesidad de lo espiritual ante el vacío exitencial.

Las trascendencia divina que es la perfección, ante la realidad de su creación que es imperfecta, débil, transgresora, sometida a tentaciones, negaciones e incomprensiones, pero humana. La religión no como regla de conducta rígida, inapelable y de obediencia, sino interpretada o asumida como relación de lo humano con lo divino, lo espiritual con lo carnal, sin exclusion. Todo ese conjunto que ha conmovido los cimientos de la propia fe, la existencia de lo divino, donde aparece un Seigmund Freud al lado de San Francisco para intentar explicar la naturaleza el hombre.

A esta joven catalana de temple andaluz hay que escucharla detenidamente, gozar su ritmo y disfrutar del espectáculo con el que se rodea en cada uno de sus conciertos, casi con vida propia,  seguirle la pista; porque además, no ha dejado de ser la joven sencilla que fue en su infancia que ahora a sus 33 años y juventud, revoluciona  el concepto mismo de la interpretación, es   igualmente una empresaria estupenda que sabe lo que es y representa.

Vale la pena no solo oírla y observar musicalizar su poesía a ritmo de pop o de flamenco contemporáneo, sino aceptar el reto de reflexionar sobre lo divino frente a lo humano, el amor y el desamor, la traición y el dolor que ha sido una constante en el hombre desde que tuvo conciencia de su individualidad.

El Cardenal Tolentino analiza su obra desde su perspectiva humana y espiritual, sino que el muy reconocido compositor británico Andrew Lloyd Weber creador de los musicales El Fantasma de la Opera que estuvo en cartelera en Broadway durante 35 años contínuos (1988-2023, Cats y Jesucristo Superstar la describe así: «He estado escuchando por quinta vez el increíble nuevo álbum de Rosalía»… «Yo creo que no va a ser el álbum del año, creo que va a ser el album de la década de lejos«… es «absolutamente brillante» y «los arreglos de cuerdas». «Creo que es totalmente extraordinario«, refiriéndose a su último álbum “Lux”… para agregar: «He escuchado orquestas de cuerda e incluso intentado usarla yo mismo desde Jesucristo Superstar, de forma percusiva y diversas maneras, pero nunca la había escuchado tan bien grabada ni tan bien utilizada como en este álbum«.

De modo que sí, es el inició de una nueva época que se advierte en la actualidad, en todos los campos del quehacer humano; quizá porque creció, se conformó y actúa en el ámbito de lo que se conoce como la Generación Z.

Cambios de percepción, de moral, de tecnologías aplicadas, de cuestionamientos de leyes nacionales o internacionales caducas para la sociedad actual, que no inspiran ni dice nada, como podemos observar en nuestro entorno. Debemos, en consecuencia, despojarnos de esa unidimensionalidad en la cual crecimos, cuestionar todo lo dado, hasta encontrar su razón de ser y verdad, en lo político, en la social, en lo moral y religioso.

Sumergirse en esa búsqueda es lo sensato para el hombre inteligente, desprovisto de prejuicios, porque estamos en constante evolución indetenible, tal como lo conceptualizó el sacerdote palentólogo teólogo y filósofo francés Pierre Taylhard de Chardin para explicar el hecho divino a la luz de lo humano.

 

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