La guerra es evitable, lo que es inevitable es la muerte.
En esta hora obscura de nuestra historia republicana, al cumplirse un cuarto del siglo XXI, nuestras circunstancias nos enfrentan, como seres humanos pertenecientes a un colectivo social que tiene la marca de la nacionalidad venezolana, a esta pregunta fatal: ¿es la Guerra inevitable? Y ante eso, sin caer en el romanticismo y el utopismo, hay que responder con un sensato pero contundente NO. Es decir, la guerra es evitable, lo que es inevitable es la muerte.
Ahora bien, para tratar de cumplir con la sensatez y no llamarnos a engaño, sabemos que nuestra casa común: Venezuela, está asediada, por fuera y por dentro, debido a la ingente cantidad de recursos energéticos con los que cuenta esta tierra sagrada que sirve de puerta al Otro mundo: el mundo del Sur. No caerse a engaños significa entender que los intereses de Putín en Ucrania y de Trump en Venezuela, son los mismos: los recursos fundamentales para el modelo de desarrollo del Nuevo Orden Mundial que decidió echar a andar el norte global: petróleo, gas, tierras raras, coltán, litio y todos los minerales estratégicos y necesarios para el desarrollo de la IA, que tiene como trasfondo la tesis del transhumanismo sustentada y financiada por las grandes corporaciones tecnológicas de la new age. Este asedio ha dejado como resultado un Estado débil, unas instituciones corrompidas y corroídas por la ignorancia y los intereses personales; una sociedad fragmentada y a un ciudadano precarizado, pero con la convicción de superar las adversidades.
Pero, ¿cómo se puede evitar la guerra? Negociando en el marco de un realismo geopolítico y políticamente ético, es decir, que los puntos de acuerdos se enmarquen en una realidad: la injerencia de los intereses globales, heredados de la guerra fría, en nuestra tierra y que han resquebrajado nuestra soberanía. El realismo geopolítico nos dice, por las acciones y decisiones tomadas en los últimos meses, que la reunión de Trump y Putín en Alaska, el pasado 15 de agosto de 2025, definió en gran medida la estrategia a seguir para alcanzar el control de los recursos que necesitan. Lo que está sucediendo no es otra cosa que la ejecución de los acuerdos, explícitos e implícitos, a los que llegaron estos dos decisores para garantizar su posición en el Nuevo Orden Mundial.
Ante esto ¿Qué acciones se debieran tomar?
1. Cese de las acciones hostiles contra la integridad de la Nación venezolana por parte de los países de occidente, especialmente EEUU.
2. Promulgación de una Ley General de Amnistía para la liberación de los presos políticos.
3. Convocatoria a nuevas elecciones presidenciales.
4. Conformación de Gobierno de Unidad Nacional para la Transición.
5. Convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente
6. Relegitimación de poderes públicos.
7. Restablecimiento del reconocimiento internacional y relaciones de neutralidad, amistad y respeto con todos los países.
La tendencia histórica es que los decisores se equivocan. Esperemos que en esta oportunidad pueda ser evitada la guerra, gracias al compromiso con la vida de la humanidad y la racionalidad, puesto que para la humanidad, en general, y para los venezolanos, en particular, la guerra no es un negocio rentable, aunque sea rentable para pocos.

