Las elecciones generales en Honduras del domingo 30 de noviembre generan inquietud generalizada. La más reciente es de la agrupación IDEA que reúne a 32 exmandatarios iberoamericanos que exige respeto a la voluntad popular. Asimismo, condena las interferencias en el proceso electoral, incluida la del Alto Mando de la Fuerza Armada.
Este es un análisis realizado por dos voces independientes y destacadas de Honduras: El periodista Manuel Torres Calderón es autor y coautor de varios libros y ensayos sobre gobernabilidad. Filadelfo Martínez es sociólogo y analista político, entrevistado por José Zepeda Varas,.
Pregunta. Si hay algo cierto en Honduras esa es la desconfianza generalizada desde el gobierno a la oposición, desde el gobierno de los Estados Unidos a la OEA, desde la Unión Europea a los organismos de derechos humanos internacionales. ¿Por qué tamaña desconfianza?
Filadelfo Martínez. Ella está relacionada con el quiebre del esquema bipartidista en el año 2009. En gran parte es una crisis interna del Partido Liberal. La pérdida de la capacidad que hasta ese momento había tenido el esquema Partido Liberal – Partido Nacional de dialogar muchas veces sin pensar en el interés de la nación, pero con espacios en donde se podía negociar. Para mí una de las principales causantes del golpe de Estado (28 de junio del 2009) es que se rompe esa capacidad de diálogo y aflora el tema de la desconfianza, que ha crecido paulatinamente en esta última década y aceleradamente durante el proceso electoral. Casi todos coincidimos en que la principal característica es la desconfianza mutua de los tres principales actores políticos y fundamentada, porque hay evidencias de que en las elecciones primarias de marzo de 2009 se hicieron fraude entre ellos. Es decir, si los tres partidos que tienen posibilidades de ganar las elecciones se hacen fraude porque no vamos a creer que lo harán en una contienda a nivel nacional.
Manuel Torres. Sumemos a ello un panorama de fondo. En nuestros países se habla mucho de la pobreza como un factor multidimensional. A ese concepto habría que agregarle algo que vivimos en Honduras con gran evidencia en este proceso: la pobreza democrática. Es algo estructural que se ha ido ampliando como brecha, igual que se amplía la brecha de las desigualdades. La pobreza electoral no tiene que ver con falta de inversiones, hemos tenido cantidades impresionantes de recursos a lo largo de los años. Ni es por falta de experiencia electoral. Desde 1982 repetimos cada cuatro años procesos de esta naturaleza. Sin embargo, hemos llegado a un momento en el cual ninguna crisis, ninguna diferencia política y electoral, estamos en capacidad de resolverla democráticamente, ni en apego ni en respeto a las normas del Estado de Derecho.
Bajo estas circunstancias, cualquier diferencia, cualquier suspicacia o desconfianza, se vuelve crítica. No se necesita un gran motivo para que la crisis estalle y se agrave continuamente. El caso es que las crisis se repiten y no encontramos la forma ni de prevenirlas ni de resolverlas.
En este momento tenemos quizá el proceso electoral peor organizado, con mayor desconfianza, incertidumbre y riesgo desde 1982.
El Banco Mundial, el pasado mes de octubre dijo que para ampliar las oportunidades de la población hondureña era fundamental impulsar un crecimiento económico más sólido, aumentar la productividad y la competitividad y fomentar la inclusión mediante el acceso a servicios básicos de calidad y empleos. Al mismo tiempo, avanzar en reformas institucionales en áreas clave como la sostenibilidad energética e hídrica, la gobernanza y el clima de negocios para garantizar resiliencia a largo plazo y un desarrollo más equitativo. No están todos los desafíos, por cierto, que enfrenta Honduras. ¿Qué candidatos presidenciales toman en cuenta estas recomendaciones?
F.M. Es paradójico, contradictorio. Primero -y lo digo bien de esta manera- una élite partidaria, no digo una élite política, porque el gran ausente en todo el deterioro de la institucionalidad electoral hondureña es precisamente la política misma. La política se encarga en identificar cuáles son los problemas de la sociedad, en elaborar propuestas y fomentar una institucionalidad capaz de dirimir quiénes son las personas más idóneas para para afrontar esta tarea. Ella es la gran ausente en el proceso electoral. Hemos hablado de la fragilidad institucional, de los conflictos en torno al Consejo Nacional Electoral, pero los candidatos evadieron un debate para presentar sus planteamientos de gobierno, para discutir precisamente estas recomendaciones.
Luego, es una élite partidaria sorda. La Unión Europea, por ejemplo, en el anterior proceso electoral envió una misión de observación que hizo una serie de recomendaciones. El principal reclamo de la Unión Europea es que la élite partidaria no puso atención a las recomendaciones, todas de buena fe, todas orientadas a mejorar el sistema democrático Hondureño. La Unión Europea, además puso recursos económicos que se utilizaron para que las elecciones funcionaran, pero no para modernizar nuestro sistema electoral.
Además de las elecciones peor organizadas, son las más caras que hemos tenido en el país. Una de las crisis de último momento fue el traslado del material electoral, con unos benditos sistemas de GPS que no llegaron a tiempo y las maletas tuvieron que despacharse sin ellos. Paradójicamente, el material electoral está llegando a los lugares de destino y no se han perdido. Aclaro, si usted lo ve de esta manera, no necesitábamos el GPS. Necesitamos confianza y eso le permitiría a Honduras ahorrar recursos que no tiene. Sin embargo, cuando se plantea una dificultad, la solución es gastar más dinero y nunca ver el meollo del problema.
Creo que, con el tema climático, el de la violencia, el de la pobreza, nos retrotrae al año 2000. En aquel momento Honduras se presentó como uno de los países pobres y altamente endeudado. Recibimos de la cooperación internacional una ayuda sustancial. El resultado es que de los 5 mil millones que debíamos en aquel momento, ahora debemos 14 mil millones. Es decir, la élite que dirige Honduras no entiende de razones.
M.T. Tenemos además que la crisis electoral que vivimos es reflejo de la manera en cómo los políticos manejan el conjunto del país y la economía. Lo que tenemos claro es que cada cuatro años comenzamos de cero y en términos de país cada nuevo gobierno parte de cero. No hay ninguna continuidad de políticas públicas y de Estado. Tan es así que lo que menos se discute en Honduras y a lo que menos los políticos prestan atención es a sus programas de gobierno. Son nada más que un requisito formal. El verdadero candidato no es el que se atiene a una proyección de país ni a definir los grandes desafíos que tenemos como nación. Lo que hacen nuestros políticos es una carrera desenfrenada hacia cual es más populista que el otro en función de la cosecha electoral.
No tenemos la esperanza de que vamos a ir a mejor. Lo que estamos esperando es cómo nos irá menos peor.
Es un proceso electoral desalentador. La crisis de la institucionalidad electoral es absoluta y uno puede distinguir tres factores que están presentes el porqué esta crisis electoral. Un primer factor es la extrema politización de la institución. Los que integran la instancia responden a intereses partidarios y no nacionales.
Un segundo factor es el intervencionismo de otros sectores del Estado en la política. Desde el Congreso, desde el Poder Ejecutivo, desde la Corte, desde el Ministerio Público, todos meten las manos. Hay manipulación extrema, un intervencionismo absoluto.
El tercer factor que no se puede dejar de tomar en cuenta es que en nuestra ciudadanía perdura una baja cultura democrática.
Así como existe desconfianza y temor al fraude, así también la población le teme a la violencia. ¿Habría que sumarle a eso la violencia política en esta ocasión en Honduras?
F.M. Es un riesgo muy alto, porque están todas las condiciones. Primero, gran parte de los municipios de Honduras funcionan bajo el “estado de excepción limitado”, como dice la voz oficial, pero finalmente es un estado de excepción total. Es contradictorio, porque se trata de un gobierno que llegó con una oferta de apertura democrática y lo que se consolida es un esquema contrario al respeto a los derechos humanos. El estado de excepción no ha demostrado la efectividad que se esperaba para reducir la violencia en los municipios donde tenemos más problemas.
No sabemos cuánto gastan los políticos en la campaña electoral. La sospecha es el grueso del financiamiento -lo digo como sospecha- parece obvio, procede del presupuesto público y de el financiamiento del crimen organizado. Estos dos factores pueden ser sinónimo de violencia, porque hay candidatos que no ganan una curul en el Congreso, ni una regiduría en el municipio, pero entraron al proceso electoral pobres y salen medianamente ricos porque las elecciones no dejan de ser una inversión para obtener recursos.
Los hondureños tenemos que rescatar a los partidos que han sido secuestrados por élites partidarias. La noticia de los últimos días es el transfuguismo político. En la última década lo más común es ver que un candidato empieza corriendo por un movimiento o partido y finalmente termina abrazando la candidatura de otro al que hasta el día de ayer cuestionaba. Ya el transfuguismo político forma parte de la dinámica política hondureña, lo que denota es que a estas élites partidarias no les preocupa el plan de gobierno, su objetivo es salir ganadores de las elecciones.
Mi tarea sido en los últimos dos meses dialogar con la gente. En marzo de 2009, quien salvó el caos electoral fue la ciudadanía. Y hoy, en los debates que se dan en los hogares hondureños la principal preocupación de la gente, sin tener opciones reales, tenemos que salvar la democracia. Tenemos que ir a votar. Quizá autoflagelándonos porque vamos a votar por el menos malo.
Es triste decirlo, pero quiero ver la parte positiva y es que los hondureños confiamos en las elecciones como parte del esquema democrático y confiamos en que probablemente la ruta sea larga, sinuosa, complicada, pero es el camino para enfrentar los problemas del subdesarrollo.
M.T. Esperaría que en este proceso electoral haya una reacción de fondo de la sociedad hondureña, porque lo que tenemos no es una crisis coyuntural. A estas alturas es un colapso democrático de nuestro país. Es el agotamiento del retorno al orden democrático de 1982. Los latinoamericanos hablamos mucho de transición hacia la democracia, pero no tenemos un enfoque, una visión. No planificamos la búsqueda de ese objetivo y nos encontramos con situaciones como la actual, en la cual, si es por los políticos, nosotros todavía no estamos seguros de que el domingo haya elecciones. Pero si es por la ciudadanía, como dice Chepito, ahí si la ciudadanía quiere elecciones y va a ir a votar.
En esta incertidumbre, la percepción de que si vamos a votar masivamente se va a derrotar cualquier posibilidad de inestabilidad que esté planificada, puede que ocurra, puede que no ocurra. Estamos en vilo con el día después. Es una gran interrogante en nuestra sociedad. La gente se prepara para los procesos electorales, no como fiesta cívica, sino como la proximidad de un huracán. Y empieza a prepararse, a comprar víveres, a comprar candelas. Es un indicador.
Si hemos de creerle a las cifras, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, tiene una popularidad que supera el 60%. Si uno se fijara solo en matemáticas diría, esto augura un triunfo holgado del oficialismo. Parece que la realidad es distinta.
F.M. Para ningún hondureño, incluso para los poco informados no es desconocido que tenemos una presidenta, la primera mujer presidenta, una persona buena, cariñosa, sencilla, que se conecta con muchos de los campesinos. Para cualquier hondureño ella es la presidenta, pero que tenemos un presidente que es el que manda. Si usted pregunta por la Presidenta, por supuesto dirán es una buena mujer, pero no ocurre con quien dirige en la realidad al Consejo de Ministros, con quien dirige el partido Libertad y Refundación. Así, gran parte del enojo es por eso. Además, ella tiene que enfrentar los reclamos del rosario de promesas incumplidas. Durante esta administración los militares no volvieron a los cuarteles como lo prometió, no se suspendió el cobro de peaje en las carreteras y no se cumple la llegada de la Comisión contra la Impunidad y la Corrupción; por señalar solo tres casos.
De ahí viene la frustración de la mayoría. Vamos a tener elecciones, cambio de gobierno, pero seguirán ahí las promesas incumplidas.
M.T. Si se trata de valorar al gobierno actual por sus intenciones, es tremendamente popular. Pero si lo valoramos por sus hechos, encontramos insatisfacción.
Lo que uno percibe en la mayoría de la gente es sus graves dificultades económicas. El alto costo de la vida, la falta de equidad en el acceso a educación, a la salud. Esto le falta al proceso electoral, todo el ejercicio de la institucionalidad, le falta calidad democrática. La gente está mucho más insatisfecha de lo que Libre ha previsto.
Hay una gran ideologización en el discurso. Uno escucha la candidata oficialista arremeter con ideas que son como de los años 70 y 80 de América Latina. Embiste a la oligarquía, al sistema financiero. Está bien, pero todos sabemos que no se va a hacer nada al respecto y que, además, que si se arremete contra el sistema financiero con la virulencia con que lo hace el país se termina de caer, porque el gran aporte al Producto Interno Bruto es el sistema financiero, no es el agro, no es la manufactura, está en el manejo de capital.
Es un problema serio para resolver, pero no lo haremos con demagogia. Eso necesita una visión de país, una visión de la economía, del mundo globalizado, de la actualidad que no se percibe en nuestros políticos.
Sin embargo, no quisiera terminar dando una impresión de desesperanza. Resulta que siempre es la ciudadanía la que paga las consecuencias, pero también la que salva al país de la crisis. Ya lo vivimos en circunstancias tan aciagas como el huracán Mitch. Al final somos nosotros, la gente en este país la que tiene una gran capacidad de resistencia y se la juega.
Me alegro de las palabras que acabo de escuchar, porque mi última pregunta tiene directa relación con ellas. Ustedes, aquí y allá, durante nuestra conversación, han destacado la actitud de la ciudadanía que resulta ser más democrática que quienes los representan. Es una gran cosa. Quisiera sumar algo que no hemos nombrado y es fundamental señalarlo. Este año se va a romper un récord en Honduras de las remesas que se envían desde el exterior, 12 mil millones de dólares. No solo alcanza para la familia, alcanza para cubrir necesidades de la economía del país. Cuando los países tienen a una parte de su población, de su familia afuera, es importante acordarse de ellos, sobre todo si tienen una actitud tan solidaria con los suyos que demuestran una dignidad que bien se querrían muchos políticos de Honduras.
F.M. Hay más o menos medio millón fundamentalmente en Estados Unidos y en Europa, en España. Muchos de ellos incluso tienen su documento para ejercer el derecho al voto, pero en la práctica quizás no superen los 20.000 hondureños. De hecho, solo pueden votar alrededor de 20.000. No creo que llegue. La paradoja es que son los ciudadanos que viven fuera de Honduras los que están sosteniendo el equilibrio financiero del país. Pero están excluidos. Porque no hablamos de esto. Hay un acuerdo de las élites que impidieron la inscripción de una decena de movimientos independientes para participar en el proceso para alcaldías. Ciudadanos que quieren participar, que andan buscando, pero no encuentran. La élite partidaria le cierra las oportunidades.
Estoy claro que el domingo vamos a tener una sorpresa del lado de la ciudadanía y eso es lo que me apasiona esperar. Espero que la votación sea masiva y que la ciudadanía envíe un mensaje contundente al liderazgo político. Abrigo mi esperanza en eso, porque muchos líderes en Honduras creen que va a ser la cooperación internacional, pero recuperar nuestra democracia es tarea de nosotros los hondureños.
M.T. El caso de la migración también nos pone en evidencia el gran problema que tenemos que discutir: la economía. Vivimos en América Latina un periodo de confusión ideológica. Nadie es lo que dice ser en términos ideológicos. Cuesta encontrar consecuencia entre lo que se dice, lo que se hace y lo que se espera de uno.
Las remesas representan en este año como el 25% del Producto Interno Bruto y son remesas que se han incrementado por lo que pasa en Estados Unidos. El temor de lo de nuestros migrantes a violentados y deportados incrementa el flujo de remesas. Pero ellos son expulsados de nuestra economía. O sea, el caso de la economía es el problema de fondo que tenemos que abordar. Ahí es donde ninguno de los candidatos plantea alguna propuesta coherente. El que posiblemente las encuestas ubican en el primer lugar es una mezcla rara de neoliberalismo y doctrina que apuesta más bien a lo mismo de siempre, pero con otra dosis de gravedad.
Resuelta la crisis electoral nos tocará a los hondureños poner en el tapete de discusión con la mayor seriedad el modelo económico que seguimos y que debemos hacer.
José Zepeda Varas – Periodista de Radio Media Naranja y de Razones de la Palabra. -https://www.facebook.com/

