Uno de los temas más comentados y controversiales en este convulsionando país, llamado Venezuela, es el de soberanía. Pero, habría que preguntarse ¿qué elementos encierran este concepto tan trillado en las actuales circunstancias? Es una interrogante que resulta vital en tiempos de crisis de legitimidad y vulneración de la soberanía. De principio resaltamos que el abate Emmanuel Joseph Sieyés es el más célebre intelectual que realizó un estudio práctico sobre la soberanía, cuya referencia es obligada en los principales centros de estudios de Ciencias Políticas del mundo.
Este clérigo, político y académico francés expuso sus principales ideas políticas en la obra “¿Qué es el tercer Estado?”, publicada en enero de 1789 y sirvió de sustento a la Revolución Francesa, un movimiento de grandes proporciones que trascendió por sus ideales contra la monarquía y a favor de un clima de libertades, justicia y respeto a la voluntad soberana del pueblo. La obra de Sieyés fue impactante en la población francesa que le permitió ser electo miembro de la Asamblea Nacional Constituyente y redactor principal de la Constitución, aprobada en 1791, para consolidar el Tercer Estado, así como la Declaración de Derechos del Hombre y el Ciudadano en 1789.
Para Sieyés el Tercer Estado representaba la Nación entera, esa clase que, a pesar de haber sido víctima de opresión y exclusión política, constituía el mayor número de la población. Estaba integrada por la burguesía, los artesanos, los trabajadores y los campesinos. Requería de una justa representación, de la misma manera que la nobleza y el clero, los dos Estados tradicionales que gozaban de grandes privilegios en Francia. Esos representantes del pueblo debían cumplir a cabalidad la soberanía depositada por los diversos sectores de la población para que legislaran y ejercieran el control político de las diferentes diferentes instituciones de la sociedad.
Desde la perspectiva de Sieyés el pueblo se convierte en soberano, es decir, tiene plena potestad de decidir quiénes deben ser sus representantes, mediante el voto universal, para que ejerzan las funciones públicas en el estado actual y acaben con todo tipo de privilegio. Esa soberanía es la voluntad general del pueblo para, establecer un Estado diligente en su administración, promotor de iniciativas para la industria y mejoramiento de la economía, amante del progreso social, garante de las libertades públicas, derechos humanos y pluralidad política. Para esos logros, los representantes sean intérpretes fieles de esa voluntad del pueblo (soberanía) y defensores de los intereses colectivos de la nación (Tercer Estado) en contra de la opresión de los privilegiados.
Sieyés aboga por que los derechos civiles y políticos deben vincularse a la cualidad de ciudadanos, sin ningún tipo de discriminación. Incluso, considera que todo ciudadano que reúne las condiciones para ser elector tiene derecho a hacerse representar y su representación no puede ser una fracción de la representación del otro. Ese derecho es uno y todos deben ejercer lo igualmente a fin de que todos se encuentren protegidos por la ley. Finalmente, el referido autor se pregunta: ¿Dónde encontrar a la nación? Ella reside donde están los habitantes. Allí radica la, soberanía. “La voluntad común es la opinión de la mayoría y no de la minoría”, señala Sieyés. Si se abandona un instante este principio, evidente es inútil hablar de razón. Esta apreciación del abate francés es clave para ubicarnos en nuestro contexto y saber dónde se ubica la opinión mayoritaria de los venezolanos.

