En un documentado trabajo publicado en The New York Times, los reporteros Julian E. Barnes y Anatoly Kurmanaev revelaron que, desesperado por finalizar su enfrentamiento con Estados Unidos, Nicolás Maduro les ha ofrecido a los enviados del señor Trump una participación dominante en el manejo del petróleo, oro, diamantes, uranio, tierras raras y otras riquezas de Venezuela.
Quiere decir que el oferente de semejantes gangas, por salir del butrón en que se ha metido, corroboraría no solo su vocación entreguista de nuestro patrimonio público, sino su pretensión de substraerse, sine die, de su inmediata separación de la Presidencia que usurpa, amén del juzgamiento por los espantosos crímenes que se le atribuyen.
Como coletazo del supuesto acuerdo en ciernes, un puñado de altos funcionarios y exhombres de confianza quedarían a merced del proceso 1:11-2011cr205 abierto ante la Corte del Distrito Sureste de Nueva York y quién sabe si hasta del cobro de las recompensas por las capturas de Diosdado Cabello, los generales Padrino, Motta Dominguez, Néstor Reverol y el magistrado Maikel Moreno. La anterior es la lista por los momentos, pero su número sigue jugando, “amigo” chavista.
Según las agencias de noticias Associated Press, Reuters y EFE, el señor Trump, por su lado, continúa dispuesto a seguir negociando con Maduro.
Pero el solo hecho de conversar con este último podría otorgarle cierta inmunidad con efectos en Estados Unidos, por lo menos. Veamos:
Rige en ese país desde el 24 de febrero de 1812 el postulado par in parem non habet imperium, (cfr., sentencia de la Corte Suprema, The Schooner Exchange v. McFaddon). Más de un centenar de fallos de los tribunales norteamericanos, desde entonces, han ratificado el aludido precedente que sustrae de la jurisdicción de los tribunales de Estados Unidos a los jefes de Estado extranjeros, a quienes se les reconoce inmunidad mientras se encuentren en ejercicio y aún después del cese de sus mandatos.
Cuando el 6 de diciembre de 2022 el honorable John D. Bates, juez del Distrito de Columbia, se vio obligado a desestimar la demanda civil entablada por la señora Hatice Cengiz contra el príncipe asesino, Mohammed bin Salman, de Arabia Saudita, no disimuló su contrariedad o uneasiness.
Los abogados defensores del referido príncipe, cobarde, destripador, traicionero a sangre fría, convencidos de que a su defendido le esperaba una segura condenatoria a resarcir a la referida prometida de Jamal Kashoggi, acribillado y descuartizado, en la sede del Consulado saudita en Estambul, le aconsejaron la chicana procesal, que tanto irritó al juez Bates: el rey de Arabia Saudita invistió a su “bebito” con funciones de jefe de Estado para abrirle las compuertas al alegato de inmunidad sobrevenida, del referido asesino de “sangre azul” con base en el antipático, en este caso, par in parem non habet imperium.
Guste o no nos guste, lo cierto ha sido que la semana pasada la Casa Blanca echó en Washington, D.C. la casa por la ventana (y valga la redundancia) en el agasajo al príncipe destripador que con sus manos, tintas aún, en sangre del referido mártir político, ofreció retribuirle al gobierno de Estados Unidos, con una supuesta inversión de 600 billones de dólares. Quien dude que estamos ante el campeonato interplanetario de asesinatos y abyección, a dirimir entre el “Carnicero de Estambul” y su competidor, aferrado al Palacio de Miraflores, que venga y nos lo cuente.
Según el Quijote, “venturoso aquel quien el cielo le dio un pedazo de pan sin que quedare a agradecérselo a otro que al mismo cielo”.
Los venezolanos, con las reservas del caso, tenemos gratitud empeñada con el señor Trump por algunas iniciativas en pro de la paz y la democracia en Venezuela.
Sin embargo, un convenio que sustraiga, de manera ejecutiva a Maduro, de algunos de sus presuntos crímenes, dañaría de manera irreparable nuestras ansias de paz y justicia.
En cuanto al “compromiso” del usurpador referido en último término de dimitir dentro de dos años, sin posibilidad de reelección, cabe preguntar quién sería el valiente que se atreva a constituirse en fiador solidario y principal pagador de semejante maula, sempiterno violador de su palabra de honor, porque tal sustantivo simplemente no figura en su diccionario.
@omarestacio

