¡Tengo una gran carabela!
¡No es una barca de vela!
Está bien calafateada
Y la manda el Almirante
Colón, Colón…
La primera vez que oí está estrofa maravillosa de Aquiles Nazoa, la cantaba el gran Cayito Aponte, interpretando el papel del navegante genovés, en el Teatro Teresa Carreño años, hace años.
Cayito no hizo estudios formales de canto, tuvo uno que otro maestro por aquí y por allá, pero todo lo aprendió por imitación, porque tenía un oído fabuloso.
Sólo un actor con un oído privilegiado como el suyo podía ser capaz de caracterizar tantos personajes en Radio Rochela como lo hacía él, por ejemplo, con la inolvidable parodia del Presidente Carlos Andrés Pérez.
Pero ya Cayito daba asomos de tener un vozarrón de barítono cuando en Radio Caracas Radio y luego en Radio Caracas Televisión cantaba el himno de La Rochela: “¡¡¡Se va la audición!!!!”
De allí, pasó a la ópera, e interpretó tantos papeles que no los podemos contar.
Este, el de Cristóbal Colón, fue inolvidable.
EL Ruiseñor de Catuche
Sí, La Loca Luz Caraballo y Angelitos Negros son dos poemas que nos han marcado, aunque no tanto como “Madre, esta noche se nos muere un año…” que pronto escucharemos en las radios cuando despidamos el 2025. Espero que en libertad…
Sin embargo, este poema jocoso (Los Martirios…) es una joya que se ha convertido en ópera, y que nos amenaza de risa ya con su título: “Los martirios de Colón, fragmentos de un diario escrito / por el famoso erudito Mamerto Ñáñez Pinzón.” ¡Aquiles y sus jodas!
Fue un hombre luminoso, lleno de bondad y de humor. Una vez, al ver a unos niños jugando con un carrito roto por La Pastora, en la Parroquia San Juan de Caracas, Aquiles les dijo riendo: “Ese carro no anda porque no tiene poesía”. Acto seguido, sacó de su bolsillo unos lápices de colores y les dibujó flores y estrellas en la madera. Los niños estallaron en risas, y él concluyó: “Ahora sí, anda con la fuerza de la imaginación”.
¿Que más les puedo decir? Aquiles Nazoa convirtió la cultura popular en bandera política. Perseguido por sus críticas, encarcelado y censurado, nunca renunció a su vocación democrática ni a su fe en la gente común. Admiró a Rómulo Gallegos como referente de la democracia y compartió con él la convicción de que la cultura es fuerza transformadora. Murió prematuramente en Caracas en 1976, dejando un legado de humor, ternura y resistencia que aún ilumina la vida venezolana.
Hasta los gobernantes autoritarios se rinden ante su poesía…
¿Y la ópera?
¡Ah! La ópera…
La ópera
Muy pocas óperas se han compuesto en Venezuela. Sí una zarzuela, cuya romanza más famosa es nuestro segundo himno nacional.
Marisela, la soprano protagonista, sale al amanecer, contempla la llanura, el río, y rompe a cantar:
“Yo nací en esta ribera, del Arauca vibrador
Soy hermana de la espuma, de las garzas y las rosas
Y del sol…”
Sí, en género femenino fue escrita la romanza por un locote de Villa de Cura, Rafael Bolívar Coronado, cuyas andanzas, aparte de componerle la letra al Alma Llanera de Pedro Elías Gutiérrez, son pillerías dignas de otro divertimento.
Lo cierto es que la ópera más representada en nuestros teatros, y que se repone cada cierto tiempo, es esta maravilla compuesta por el maestro Federico Ruiz, “Los Martirios de Colón.”
La fui a ver en el Teatro Teresa Carreño, y me senté en el patio, pegado de la cabina de los técnicos. Un amigo operófilo me dijo que ese es el mejor sitio para escuchar una ópera, por el rebote del sonido en los paneles acústicos del techo, y su giro inclinado hacia ese punto exacto.
Hay gente que sabe su vaina…
Tengo en mis manos el programa, un folleto hecho con esmero y procedo a leer: esta temporada, la ópera contó con un elenco de primera: Álvaro Carrillo interpretando a Colón, Greilys Bracho y Annelia Hernández haciendo de La Reina Isabel, y las narradoras fueron Talía Guerrero y Janis Denis. La dirección musical es de Elisa Vegas, con la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, el Coro de la Ópera Teresa Carreño y el Coro de Cámara Vicente Emilio Sojo. Hoy a las 4 pm es la última función.
La puesta en escena fue una reposición de la que hizo hace años el finado Franklin Tovar, adaptada por Lorelys Urbina.
No les puedo decir lo sabroso, lo divertido y alucinante que fue ver esta maravilla de nuestra música en nuestro más importante teatro.
Yo lo que me preguntaba era: ¿qué pensarían en España si pudieran ver esta jodedera acerca del “descubrimiento”, la reina que empeña la dentadura, y el pícaro Colón con la demostración de la famosa “ñema”?
Estoy seguro que alucinarían.
Lástima que no he conseguido una versión completa en YouTube u otra plataforma, para recomendárselas. Hay que verla, es materia obligatoria de venezolanidad, humor y amor… Como el poemario de Aquiles Nazoa.
Se fajó el maestro Ruíz y mientras tanto Aquiles y Cayito gozando una bola desde el cielo. ¡Tengo una gran carabela!
Nos vemos por ahí.

