Confieso que tengo más de tres décadas conociendo a Ramón Villafaña, un talentoso sucrense que trasciende en cada acción emprendida y sigue dando muestra de cordialidad y humildad frente a sus semejantes. Uno se lo encuentra en cualquier lugar de Cumaná siempre con un rostro risueño y una visión optimista ante la realidad.
Mis primeros contactos con él se produjeron cuando retorné a mi natal Cumaná, al culminar los estudios de Politología en la UCV. Regresaba para incorporarme a la causa justa del denominado “Cambio de Rumbo” del ex gobernador Ramón Martínez a principios de los 90. Ramón Villafaña era parte de esa legión de dirigentes sociales comprometidos con la nueva gestión, un brillante ebanista y miembro fundador de la entonces Cámara de la Mediana y Pequeña Industria (CAPMI-Sucre), génesis de Fedeindustria.
Para esa época este apreciado amigo, oriundo de Cumanacoa y con muchos años en Cumaná, mostraba su aventajado talento con la madera. Hacía de ella una verdadera obra de arte que cautivaba a propios y extraños. En la fervorosa lucha gremial también dejó una profunda huella a favor de los medianos y pequeños empresarios. Ramón combinaba esas experiencias de lucha con su mundo cultural, impregnado de poesía y canto. Allí sigue destacándose con sus variadas composiciones y voz melodiosa que enriquecen el pentagrama musical de la región sucrense.

Con Ramón Villafaña he tenido la oportunidad de compartir su enjundioso y rico repertorio que despierta los más sublimes sentimientos del alma. Grandes voces han interpretado sus más excelsa composiciones como “Mi catira de Caigüire”, “Maestro amigo” y “Mi querida Cumaná, un hermoso canto a la ciudad primogénita que ha traspasado fronteras y nos encrispa la piel cada vez que la escuchamos.
Ramón Villafaña también se destaca en la academia. Tiene una larga trayectoria como docente donde ha impartido sus conocimientos musicales a muchas generaciones. Además, se dedica a la investigación cultural y está a punto de publicar un libro sobre el rico patrimonio sucrense. Así es Ramón Villafaña, un inagotable ser que se dedica con pasión a sus actividades para trascender.
La vida azarosa me ha permitido compartir espacios académicos con este versátil personaje. Tuve el honor de ser su tutor de tesis en el Doctorado en Patrimonio Cultural de la Universidad Latinoamericana y del Caribe. Por cierto, es el autor del himno de esta institución de educación superior. En verdad, el talento de Ramón se pierde de vista y entrelaza la pasión artística con el intelecto para difundir a plenitud nuestra identidad cultural.
¡Dios le siga bendiciendo y dando virtudes para llevar luces a las actuales y futuras generaciones!

