De acuerdo con las leyes económicas, la demanda de un producto en la cadena de valor como la droga es inelástica, sea esta consumida en Nueva York o en cualquier lugar del mundo, por lo cual financia la “peste del siglo XXI”.
La cadena de valor de la droga se ha analizado durante décadas con un enfoque en los países productores y de tráfico, pero es hora de focalizarse en el verdadero motor y principal responsable del negocio multimillonario. El triángulo entre el productor-traficante; el capital ilícito y el consumidor, en una demanda inelástica como la droga, es analizado por Adam Smith en su obra La riqueza de las naciones, cuando se pronuncia, sobre un principio económico basado en la “Ley de la oferta y la demanda”, la cual establece que el precio de un bien o servicio se ajusta para alcanzar un punto de equilibrio entre la cantidad que los consumidores están dispuestos a comprar (demanda) y la cantidad que los productores están dispuestos a vender (oferta).
Si existe un cártel de la droga operando en Colombia o México para producir y exportar la mercancía, también existen sin duda “cárteles” multimillonarios con el capital necesario para comprarla. La diferencia es que los “cárteles”—constituidos por mayoristas y en última instancia, el consumidor masivo— operan en un entorno de menor riesgo de violencia física, pero es el garante financiero de todo el sistema. El negocio grande de las drogas no lo manejan los trenes de emigrantes o los distribuidores en las calles, sino los padrinos de los grandes cárteles de la droga; Los nuevos Al Capone, Carlo Gambino o Yakuza de Japón, La lógica de la oferta y la demanda, de acuerdo a Adam Smith es ineludible: si no hay demanda masiva y sus financistas, no existiría el incentivo económico para el cultivo ni para que las redes criminales arriesguen sus vidas en el tránsito.
En una escala de responsabilidades, en este negocio de estupefacientes, el actor que genera el incentivo económico que crea y sostiene todo el mercado ilícito es el de mayor peso (el consumidor). Es el Motor Económico y Financiero (Nivel 1): La demanda masiva y el alto precio de venta son la fuerza principal que garantiza que la rentabilidad de la droga sea astronómica. La existencia de un mercado tan vasto es lo que convierte una hoja de coca en un negocio de miles de millones de dólares.
La crítica geopolítica más severa es que el país consumidor ha externalizado los costos de su problema de adicción a los países vecinos. Mientras que Latinoamérica paga el precio de la violencia, la inestabilidad y las vidas humanas, Los países consumidores han priorizado históricamente el control de la oferta en el extranjero, descuidando el control de la demanda y el flujo de armas que regresan al sur a cambio de droga.
El foco en el consumidor (Nivel 1) como el motor financiero no absuelve a los otros actores, sino que sitúa sus acciones como una consecuencia directa de la rentabilidad que ofrece el país demandante. Los cárteles de la droga son los agentes de la violencia que organizan la logística y la corrupción. Son financiados directamente por los márgenes de ganancia que permite el mercado de consumo.
Los productores y transportistas se encuentran en los (Niveles 3 y 4). países como Colombia y Venezuela son las víctimas sociales que pagan el costo de esta demanda con violencia, corrupción institucional y daños ambientales. La producción de coca en Colombia en el Caquetá, Guaviare, Meta y Chocó y Bolivia y el transporte son actividades que se dan por la pobreza, la falta de alternativas económicas y la presión de los cárteles.
La única salida es redirigir la “guerra contra la adicción” en Estados Unidos. El problema de las drogas no se resolverá solo presionando a los países productores y de tráfico. La única manera de desmantelar la cadena de valor global es atacar su fuente de financiación: la demanda.
La solución es clara: Estados Unidos debe reorientar su estrategia, invirtiendo con la misma vehemencia en la reducción de su demanda interna, el tratamiento de adicciones y la prevención (la “guerra contra la adicción”), con la que exige a otros países militarizar su territorio. Solo así dejará de ser el motor económico de la violencia que desgarra al resto del continente.

