El cerco militar sobre Venezuela es la situación determinante de lo que pasa en el país. El presidente Nicolás Maduro apuesta a la resistencia y, por ahora, desestima cualquier alternativa que signifique su alejamiento del poder.
José Zepeda Varas, entrevisto para la radio Media Naranja a Humberto García Larralde, economista, Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Es autor de libros y de innumerables artículos sobre desarrollo tecnológico, integración, económica, problemas de desarrollo, política cambiaria, problemas de financiamiento de las universidades, y temas del totalitarismo.
En la entrevista abordó algunos temas decisivos de la realidad nacional venezolana.
José Zepeda Varas. Pregunta- Maduro y sus cómplices siguen alegando ser el pueblo de Venezuela y al sentirse amenazados por una flota militar estadounidense frente a las costas, denuncian que Venezuela no ellos, se encuentra en peligro. Para añadir de inmediato que se defenderá con las armas. Tres aclaraciones sobre esta cuestión fundamental. La primera, hasta ahorita la presencia militar estadounidense es fundamentalmente de presión sin intervención. ¿Es dable imaginar que esta táctica provoque la caída de la dictadura venezolana?
Humberto García Larralde. Respuesta – Esa táctica por sí sola, No. Hay que tomar en cuenta que Maduro preside un régimen que ha venido cayendo en el favor de la gente, deteriorando cada vez más al país. Venezuela ha sufrido una crisis desde que Maduro asumió el mando en el año 2013. Ha reducido su economía, su tamaño a un 25%. Se desató una hiperinflación entre los años 2017- 2020. Ha expoliado a la industria petrolera y a la capacidad productiva que ha sido tan importante en la historia del país, a la que ha reducido drásticamente. Ahorita la exportación ni siquiera es un tercio de la capacidad cuando él asumió el mando.
Es un país devastado. La respuesta de Maduro ha sido la represión, atacar las protestas, cerrar las puertas del diálogo democrático, confiscar las potestades de la Asamblea Nacional cuando en el año 2016 ganaron las fuerzas opositoras. Estableció una especie de institucionalidad paralela basada en un Tribunal Supremo poblado con gente que usurpó las funciones de la Asamblea Nacional y que le dio el visto bueno a todos los atropellos cometidos.
Se ha transformado en una dictadura que carece de aceptación. Si bien él disfrutó del legado de Hugo Chávez de cierta popularidad, esta ha ido mermando cada vez más. Se reflejó con claridad en las elecciones de 2024. Una elección bajo el marco de un ventajismo terrible del gobierno. No se permitieron candidaturas que eran claramente ganadoras, como la de María Corina Machado, no hubo cobertura de prensa para la candidatura de la oposición. Se establecieron trabas a la circulación. No se permitía al candidato Edmundo González Urrutia subir a aviones para ir al interior del país. Todo rodeado de persecución e intimidación. Por supuesto, no se abrió el registro electoral para inscribir nuevos votantes. Los que estamos fuera de Venezuela, cerca de ocho millones, de los cuales cuatro millones y medio podíamos votar, pero no se nos permitió inscribirnos. Fueron unas elecciones totalmente amañadas. Aún así la oposición ganó con un 67% de los votos, de acuerdo con las copias de las actas oficiales reunidas por los testigos de mesa, que suman más del 85% del total. En estas condiciones Maduro no representa nada. Abdicó del juego político, violó la democracia en Venezuela una vez más. Al acabar con la gestión democrática lo único que le queda es la represión.
Maduro está seriamente comprometido con ilícitos como el tráfico de drogas, la venta ilegal de oro, el lavado de dinero, y una cantidad de corruptela. Aquello -es de suponer- provocó la movilización de la flota de Estados Unidos. No es Venezuela la que está en peligro o amenazada, sino Maduro que ha violado todas las reglas del juego y ha puesto en peligro las relaciones normales de un país con el resto del mundo.
Segunda aclaración. Una cosa es destruir algunas embarcaciones y asesinar unas personas y otra muy distinta intervenir militarmente al país. Es evidente que Venezuela estará mucho mejor sin Maduro y los suyos. América Latina ha vivido 36 años sin intervención militar de los Estados Unidos y no es improbable que una intervención militar provoque una reacción de los gobiernos latinoamericanos condenando esa acción. Se trata de los mismos gobiernos que en su mayoría no quieren a Maduro.
No es en absoluto deseable una intervención militar de Estados Unidos. No creo que vaya a ocurrir. Primero hay que pensar en cómo desde el lado de Estados Unidos, del presidente Trump tendría posibles beneficios internacionales en el caso de que resultara. Realimenta todo eso que tú dijiste respecto al pasado del las acciones intervencionistas de Estados Unidos en América Latina tiene un elevado costo político. No es el mejor camino para lo que persigue Estados Unidos.
En el caso de Venezuela, dudo que haya capacidad de mantenerse frente a esta presión, porque la situación no solamente tiene que ver con la amenaza que significa la posibilidad de que haya una acción, si se quiere, quirúrgica o de otro tipo, para capturar a Maduro o destruir algunas instalaciones presuntamente dedicadas al tráfico de droga; sino también por la crisis económica. Este año sufrimos una inflación que va a llegar al 300%. La tasa de cambio está disparada sin ninguna capacidad de ajuste interno en la economía. Maduro anuncia que hay un crecimiento del 6%, pero así mismo anunció que ganó las elecciones cuando todo el mundo sabe que no es así. El Fondo Monetario Internacional, que más o menos tiene un seguimiento de lo que ocurre en el país, porque desde hace ocho años no se publican cifras, sostiene que este año no va a haber crecimiento y posiblemente habrá decrecimiento. Él, Nicolás, está viviendo en una especie de burbuja, cada vez más aislado.
Maduro es fascista, acompañado con sus militares, reprimiendo y creyendo que las tiene todas consigo todavía, cuando está en una situación cada vez más precaria.
Lo que uno aspiraría es que, de una vez por todas, en el seno de la fuerza que todavía le apoya, le diga, mire señor, váyase, usted está terminando de destruir el país y minando nuestras propias posibilidades de futuro. Hay que decirlo, se les ha ofrecido la posibilidad de dialogar para convenir una manera de existencia dentro de las reglas de juego democrático.
Usted finaliza su más reciente artículo diciendo algo que parece una broma pero que no lo es. A lo mejor puede surgir una o un grupo de personas que tenga ganas de ganar esos 50 millones de dólares, entregando al señor Maduro a las autoridades norteamericanas.
Hay una represión interna muy fuerte entre la fuerza militar. La dirección de contra contrainteligencia es muy activa en perseguir a los militares. Ellos están realmente atemorizados. Esto se ha montado con todo el conocimiento que han logrado en Venezuela los cubanos. El G2 cubano, con lo que aprendieron de los de los rusos, de la KGB y de la Stasi alemana, que a su vez aprendió de la Gestapo. Además, que muchos militares, por supuesto, uno tiene que ser cuidadoso, pues no son todos, pero una gran cantidad de militares se han beneficiado. Los han puesto en instancias de decisión donde pueden extorsionar, imponer sus decisiones, confiscar. El sector del alto mando militar ampara el tráfico de drogas, es el Cártel de los Soles. La presencia militar en Guayana protege a los sindicatos delictivos, que extraen el oro ilegalmente y ellos obtienen su tajada. Una de las tácticas de los cubanos transmitidas a Maduro es que había que corromper a los militares para mantener el poder, para hacerlos cómplices. Hay mucho de eso. Pero la torta para expoliar o depredar se reduce cada vez más. Las seguridades políticas, la estabilidad está cada vez más reducida. En un momento u otro se va a producir un quiebre. Eso no tiene vida. Que Maduro pueda aguantarse, pasar este trance y recuperarse es embuste. ¿Cuándo va a ocurrir? Esperaría que ocurriera antes de que terminara el año.
Usted ha señalado en su primera respuesta una serie de fracasos económicos que son tan graves como los fracasos políticos. ¿Por qué tanta torpeza?
Hay que tener en cuenta que Venezuela es un país petrolero. El año 1927 empezó a exportar más petróleo y se convirtió en un país petrolero. El petróleo fue una bendición, pero también una maldición. Proveyó recursos crecientes en la forma de rentas obtenidas del extranjero. Una renta es un ingreso extraordinario por encima del costo de producción. El Petróleo se vendía a precios monopólicos en los mercados internacionales al amparo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo. El dictador Pérez Jiménez uso esos recursos para construir carreteras y estimular la transformación física del país. Cuando regresó la democracia fue una fuente para impulsar programas democráticos, de inclusión social, de modernización, de educación, de salud, Y de incentivo funcional a la empresa privada. El problema es que se dio una creciente discrecionalidad en el manejo de esos recursos, porque siempre estuvo en manos del Estado. Ese efecto del rentismo de poder a discreción se prestó -no podía ser de otra manera- a la corrupción, que llegó a extremos inmanejables con Chávez en el poder. Él ofrece la recuperación del país, como el fin de la corrupción y de la cúpula podrida de los partidos que habían dominado al país.
A los cinco años, empieza a hablar de socialismo, porque él se enamora de Fidel, quien lo induce a ser un militante del socialismo del modelo cubano. Durante sus 12 años de presidente no promovió la actividad productiva. Lo que hizo fue importar cada vez más porque había ingresos petroleros. Los precios subieron a partir del 2007 a niveles jamás vistos, más de 100 dólares el barril.
Crea una serie de misiones. Programas sociales de reparto sin mayor criterio de permanencia. Neveras para tu hogar. Lamentablemente se politizaron y no sobrevivieron. Pero lo cierto es que hubo como los precios del petróleo eran tan altos, logró una mejora en los niveles de consumo y aparentemente el país estaba bien. Estamos hablando de los últimos años del mandato de Chávez cuando entra Maduro. El sucesor pensó, ya el plan está hecho, hay que hacer lo mismo. Sucede que, en el ínterin, en ese reparto petrolero se había destruido la capacidad productiva nacional, se había sobrevaluado el bolívar, se entró en un proceso de control de cambio que restringía el acceso a los dólares. La diferencia entre el dólar oficial y el paralelo se había exacerbado. La industria petrolera cuya producción empezó a caerse de manera sostenida con Maduro, no solamente con la caída de los precios, sino con el riesgo que se termine de destruir la industria petrolera. Entramos en una hiperinflación. Los controles de precios y de cambio terminó de matar la economía. Maduro no tiene ningún criterio económico, ni una idea de lo que hay que hacer. Además, como último punto, Maduro siguió endeudando el país. Chávez había dejado una deuda de 120 mil millones de dólares. Maduro la subió a 160 mil millones de dólares, con una capacidad de pago inexistente. No hay como resarcir esa deuda.
Tengo la certeza de que los gobiernos de la región, en el caso de Venezuela, han actuado de manera renuente. La solidaridad con el pueblo de Venezuela se ha cubierto con esa falsa creencia de la no injerencia en los asuntos internos de un país, cuando el primer deber debe ser el proteger al país y a su gente.
No soy diplomático, pero entiendo que los intríngulis es conservar las relaciones de lo que conviene entre países. En América Latina se inhibe que se tomen decisiones más contundentes. Eso debería cambiar. Pienso que, a pesar de todos los requerimientos de la diplomacia, de llevarse bien con los demás, eso no debe influir en la toma de posiciones. De hecho, en algunos casos centrales eso ocurría en el pasado. En Venezuela estamos orgullosos de lo que se conoce como la doctrina Betancourt, que establecía romper relaciones con todo aquel gobierno que no fuese democrático. Esa posición de principios en momentos determinados te aísla. Porque si hay mucha dictadura te puede dificultar las relaciones internacionales.
La defensa de los derechos humanos que está en la Declaración de las Naciones Unidas (10 de diciembre de 1948) que firmó casi todo el mundo, eso debería de ser la pauta para juzgar las relaciones con otros países. Maduro ha sido tan flagrante en su violación de derechos humanos, ha hecho tantas barbaridades, tiene las manos tan manchadas de sangre mediante aparatos terroristas de Estado montados cada vez más para perseguir a inocentes. Hay casi mil presos políticos. Hay lo que llamamos, las puertas giratorias, porque libera a unos cuantos y mete a muchos más. Han pasado miles por la prisión.
Ha sido tan claramente violador de los derechos humanos que el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas creó una misión especial para saber la situación real de Venezuela. Simultáneamente la Corte Penal Internacional, las ONG y el Consejo de Derechos Humanos de la OEA llegan a la misma conclusión. Maduro este debe rendir cuentas, debe ser enjuiciado.
Yo honro al presidente de Chile, Gabriel Boric quien, desde una posición de izquierda reconoce y denuncia que Maduro es un dictador. En otros casos de gobiernos de izquierda hay un distanciamiento. Lula ya no defiende a Maduro. Petro juega en el borde si mantenerse o no con Maduro. Los mexicanos siempre han tenido aquella posición de respetar la autodeterminación de los pueblos y no pronunciarse. Es una tradición muy lamentable.
Creo que hay que insistir en esto, porque el prontuario que tiene Maduro en términos de destrucción y violación de derechos humanos es demasiado grande como para para seguirlo tolerando como miembro de la comunidad de Naciones de América Latina.
Es evidente que el señor Maduro está aislado, que el pueblo de Venezuela, el que está dentro y el que está afuera, no lo quiere. Es evidente que no cuenta con la confianza ni con el crédito político de la comunidad internacional. Y sigue ahí. Quisiera adelantarme y darle mi opinión. Tengo la impresión de que se trata de la omertá, esa ley de la mafia que es el pacto de sangre y de silencio. O estamos todos o nos perdemos todos.
Las complicidades. El problema está en que esa omertá funciona cuando las cosas van bien y hay seguridad o expectativa de que la situación se va a mantener. No creo que eso exista actualmente. Creo que la situación no puede continuar así. Todavía hay mucho por donde agarrar de parte de las manos inescrupulosas de quienes quieren depredar el país y quieren seguir robando, pero saben que generan fricciones. O sea, hay rivalidades: “porque yo no puedo estar ahí metido”, “porque yo voy a tener que renunciar a lo que está obteniendo el otro”.
Hay que tomar en cuenta que los militares tienen familia. Hay un grupo militares que tiene una serie de privilegios y acceso a riquezas, pero en la inmensa mayoría los familiares están pasando pellejerías igualito, sufriendo y compartiendo con el país lo que significa el gobierno de Maduro. Por eso, a pesar de esa complicidad en el horizonte, hay ese punto de quiebre. Lo que uno por supuesto, no puede precisar es cuándo va a terminar de fraguarse ese punto que ponga término a un período de dolor y privaciones.
José Zepeda Varas.

