Punto de quiebre.
El mundo y su beyeza no mitiga la pena ni el dolor que se derrama, por la acerada espada del amor, en las profundas simas de la nada. Esa fría navaja de dos filos que contiene el amor entre sus alas, nos eleva a la cumbre del edén o nos yeva a las cimas más amargas. No queremos yorar, pero yoramos de emoción, si su luz nos acompaña, bajo el aura y embrujo de la luna, en la senda amorosa del nirvana; y, yoramos también la pena y duelo por ese amor que duele, yora y caya, en el silencio de los sueños rotos; y el mudo sentimiento es el que habla. El yorar o reír, son emociones que fluyen como ríos en el alma; rehenes del amor, que nos yeva al fin yorando sin querer, ante su fragua…
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