Petro Grigorenko (1907-1987) fue un comandante de alto rango del ejército soviético de ascendencia ucraniana, que a los cincuenta años se convirtió en disidente, escritor y uno de los fundadores del movimiento de derechos humanos en la Unión Soviética.
En 1939 se graduó con honores de la Academia de Ingeniería Militar de Kuybyshev y de la Academia Militar del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas. Fue un comandante destacado durante la Segunda Guerra Mundial, alcanzado el rango de general de división y siendo condecorado con Orden de Lenin. Posteriormente se dedicó a impartir clases en la Academia Militar Frunze.
Sin embargo, esta vida de disciplinado militar y leal comunista dio un giro en 1961. Ese año comenzó a criticar abiertamente al entonces Primer Secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética Nikita Jruschov. Sostuvo que los privilegios de los dirigentes del país (la Nomenklatura) no se atenían a los principios leninistas. La tendencia a la “elitización” del régimen fue un fenómeno fue duramente criticado y combatido, sin éxito, por el propio Vladimir Lenin al final de su vida. Así fue como Grigorenko formó un grupo disidente para “la Lucha por el Renacimiento del Leninismo”.
Obsérvese que nuestro personaje de hoy no era un crítico del sistema socialista. Al contrario, lo defendía; su critica iba dirigida a las inconsecuencias de la elite gobernante con los principios que predicaba.
La respuesta del Partido/Estado fue la usual: arrestarlo. Fue enviado a la tristemente célebre prisión Lubyanka de Moscú. Sin embargo, su caso, en ese momento, era particular. No reunía las características personales de un opositor al sistema, lo que unos años antes se había denominado como un “enemigo del pueblo”. Además, eran los días de la “desestalinización” en la Unión Soviética en los cuales se denunciaron los crímenes cometidos por Iósif Stalin y la represión política, así como la censura, fueron parcialmente relajados o tomaron nuevas formas en un ambiente de relativa liberalización y apertura al mundo.
Jruschov era un comunista sincero, creía que la represión indiscriminada de la era stalinista era innecesaria porque los ciudadanos del país naturalmente escogerían el sistema socialista soviético. Después de todo, pensaba, era el mejor modelo de vida posible comparado con cualquier otro.
Por lo tanto, un caso como el descrito era una anormalidad y así debía ser tratado. Ese fue el razonamiento bajo el cual Grigorenko fue sometido a un examen psiquiátrico en el Instituto Serbsky. Allí se le diagnosticó como un paciente con una enfermedad mental en forma de “un desarrollo delirante paranoide de su personalidad”, acompañado de signos tempranos de “arteriosclerosis cerebral”.
En 1964 una comisión de expertos designada por el gobierno determinó que los síntomas del desarrollo paranoide eran “una sobreestimación de su propia personalidad que alcanzó proporciones mesiánicas” e “ideas reformistas”. Así que se optó por internarlo en un hospital psiquiátrico especial. Seis meses después se declaró que su condición mental estaba en remisión y fue dado de alta.
No obstante, los psiquiatras soviéticos designados para estudiar su condición mental lo diagnosticaron otras dos veces: agosto de 1969 y noviembre de 1969.
Un antecedente de este caso ocurrió con la dirigente del Partido Socialrevolucionario de Izquierda Mariya Spiridónova. Ferviente revolucionaria, inicialmente apoyó el ascenso de los bolcheviques al poder, y, por lo que se sabe, Lenin le tenía gran estima. Pero tan temprano como en 1918 comenzó a cuestionar públicamente los métodos represivos del nuevo régimen y se vio envuelta en el intento de asesinato del embajador alemán. En febrero de 1919, la Cheka, la policía política, la arrestó; sometida a juicio fue declarada loca y culpable de actividades contrarrevolucionarias. Se la condenó a pasar un año en un sanatorio. Dado su prestigio fue puesta en libertad, pero pasó el resto de su vida entre cárceles y exilios forzados en el interior del país, siempre hostigada y considerada desequilibrada mental. Durante las purgas de 1937 fue nuevamente arrestada y fusilada cuatro años después. El escritor ruso/judío Isaac Steinberg publicó una biografía de ella en 1935.
Uso de la psiquiatría como método represivo
Haya sido o no por lo ocurrido con Spiridónova, lo cierto es que el uso de la psiquiatría como método represivo se practicaba a finales de la década de 1940 en la Unión Soviética, pero se generalizó en los años sesenta. En ese sentido el episodio de Grigorenko fue significativo.
En 1969 el Comité Central del Partido Comunista aprobó un plan propuesto por el jefe del KGB Yuri Andrópov para crear una red de hospitales psiquiátricos (“psijushkas”) destinados a tratar a los disidentes políticos.
Desde ese momento la psiquiatría se convirtió en política de Estado. Está bastante documentando los abusos que se cometieron y se hicieron muy frecuentes los diagnósticos de “Esquizofrenia lentamente progresiva”, descritos como una enfermedad mental que afectaba al individuo solamente en su comportamiento social. Este diagnóstico fue ampliamente aplicado por el psiquiatra Andréi Snezhnevski y su equipo. En el Instituto Serbski de Moscú se concluyó que: “Muy frecuentemente, ideas acerca de luchar por la verdad y la justicia se forman en la mente de personalidades con una estructura paranoica”.
El disidente, escritor y defensor de los derechos humanos, Vladímir Bukovski, fue el primero en denunciar el uso de las clínicas psiquiátricas como instrumento político en la Unión Soviética. Su testimonio era de primera mano puesto que pasó varios años de su vida recluido en esas instalaciones.
En 1963, fue arrestado por haber realizado dos copias del libro La nueva clase de Milovan Djilas. Fue liberado en 1965. Desde entonces se incorporó al reducido grupo de intelectuales que se las arreglaron para difundir sus críticas al régimen comunista de manera pacífica. Por supuesto, eso le costó nuevos arrestos y la reclusión en varias cárceles psiquiátricas hasta julio de 1966.
En 1971, consiguió pasar a Occidente un documento de 150 páginas donde denunciaba los abusos cometidos en instituciones psiquiátricas contra los disidentes políticos; detenido nuevamente, fue condenado a siete años de prisión y cinco de exilio por calumnias al Estado.
Durante su estancia en el campo de prisioneros de Perm escribió, junto con uno de sus compañeros de prisión, el psiquiatra Semión Gluzman, un Manual de psiquiatría para disidentes, para ayudar a otros disidentes a combatir los abusos de las autoridades.
Políticas en la Unión Soviética
En diciembre de 1976, fue canjeado en Zúrich (Suiza) por Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista de Chile, por entonces preso de la dictadura de Augusto Pinochet.
La divulgación documentaba del abuso psiquiátrico por parte de las instituciones de salud mental por razones políticas en la Unión Soviética provocó una importante conmoción entre los activistas de los derechos humanos de todo el mundo.
En 1971 el profesor Andréi Sájarov, uno de los más renombrados físicos del país, fue expulsado de la Academia de Ciencias Soviética y fue enviado al exilio a Gorki luego de haber apoyado públicamente la huelga de hambre dos presos políticos, quienes denunciaron el agresivo tratamiento terapéutico basado en medicamentos peligrosos para la actividad mental, en una institución psiquiátrica de Leningrado.
Cuando el asunto fue expuesto en la Asociación Psiquiátrica Mundial (APM) la delegación soviética amenazó con retirarse de esa organización internacional, pero sólo consiguió incrementar el interés por las denuncias. Mientras el número de casos documentados de abuso se incrementaban, también lo hacían las protestas. La APM adoptó un código de conducta ética para sus miembros y estableció cuerpos de investigación para reforzarlo.
El primer comité en contra del abuso político de la psiquiatría fue fundado en 1974 en Ginebra. En 1977, el Congreso Mundial de la APM efectuado en Honolulu estableció una serie de estándares para guiar el trabajo de los psiquiatras en todo el mundo. Asimismo, condenó los abusos psiquiátricos ejercidos por el régimen soviético por primera vez. En 1982 la delegación soviética se retiró de la organización.
Bajo la apertura política promovida por Mijaíl Gorbachov todos esos abusos fueron ampliamente divulgados en la prensa soviética aportando más evidencias de los mismos. En 1989 se reconoció oficialmente el abuso sistemático de la psiquiatría con fines políticos ocurrido en el país.
Sin embargo, durante la era post soviética la prensa internacional ha denunciado algunos casos puntuales de este tipo de prácticas por parte de las autoridades rusas. En 2006 la BBC reportó el caso de la disidente Larisa Arap, quien fue confinada de manera forzada a una clínica psiquiátrica localizada en una pequeña ciudad situada en la Península de Kola.
En cuanto al general Grigorenko participó en actividades de calle exigiendo la apertura de las puertas de las salas de los juicios contra escritores disidentes, y expresando su descontento con las distorsiones en la vida política interna del país, siempre exigiendo el retorno al “verdadero leninismo”.
En 1968, luego de protestar contra la invasión de Checoslovaquia, fue expulsado del Partido Comunista de la Unión Soviética, arrestado e internado en otro hospital psiquiátrico. En 1974 después de 5 años de detención fue liberado.
En 1977 se le permitió ir al extranjero para recibir tratamiento médico. Su salud se arruinó durante el confinamiento forzoso en los hospitales psiquiátricos. Fue despojado de la ciudadanía soviética con el argumento de que estaba socavando el prestigio del país.
Participó activamente en las actividades de la filial extranjera del Grupo Helsinki ucraniano e hizo declaraciones condenando los juicios a los disidentes soviéticos.
En 1979, en Nueva York, Grigorenko fue examinado por un equipo de psicólogos y psiquiatras, entre ellos Alan A. Stone, el entonces presidente de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría. No se pudo encontrar evidencia de que padeciera enfermedad mental alguna. El informe al respecto elaborado y publicado por Walter Reich y su caso confirmó las acusaciones de que la psiquiatría en la Unión Soviética era en ocasiones una herramienta de represión política.
Sus memorias, publicadas por primera vez en 1981(En el subsuelo solo se pueden encontrar ratas) se pueden conseguir en Amazon. En 1983, sufrió un derrame cerebral que lo dejó parcialmente paralizado. Falleció el 21 de febrero de 1987 en la ciudad de Nueva York.
En 1991, una comisión, compuesta por psiquiatras de toda la Unión Soviética y dirigida por Modest Kabanov, entonces director del Instituto Psiconeurológico Bekhterev en San Petersburgo, pasó seis meses revisando los archivos de pacientes de Grigorenko. En su respectivo informe revirtieron el diagnóstico oficial. En 1992, una comisión oficial de expertos psiquiátricos forenses post mortem se reunió en Ucrania y confirmaron que no había motivos para el tratamiento debilitante al que se le sometió en hospitales psiquiátricos de alta seguridad durante muchos años.
@PedroBenitezF

