Mar de Fondo.
En medio del hambre y la desesperanza de un pueblo que apenas sobrevive, un avión ruso, con capacidad para transportar hasta 50 toneladas de armas y pertrechos militares, aterrizó en Venezuela antes de continuar su ruta hacia Cuba y Nicaragua.
No fue un vuelo común. Se trata de una aeronave señalada por Estados Unidos como transporte militar sospechoso, parte de la maquinaria con la que el Kremlin abastece a sus aliados en la región.
Tres países marcados por la represión y el autoritarismo —Venezuela, Cuba y Nicaragua— se unieron en una misma línea aérea de sombras.
La pregunta es inevitable es ¿qué vino a buscar en Venezuela y qué vino a dejar en Cuba y Nicaragua?
La falta de transparencia del régimen de Maduro alimenta el misterio y la sospecha.
Cada operación de este tipo revela la dimensión de una red internacional que sostiene dictaduras mientras sus pueblos mueren de hambre o emigran forzados.
La paradoja duele, armas para los regímenes, miseria para los ciudadanos.
Un país sin medicinas, sin gasolina y sin buenos servicios publicos recibe cargueros extranjeros con toneladas de carga desconocida.
Cada vuelo como este es un recordatorio de que hay fuerzas externas interesadas en sostenerlo; y que, en el tablero geopolítico, los venezolanos son vistos apenas como fichas sacrificables.
La incógnita persiste y golpea con fuerza:
¿Qué vinieron a buscar? ¿Qué vinieron a dejar?

