I. En la vida cotidiana y en la política, de lo único que uno puede tener certeza es de las acciones que dependen de la voluntad individual o colectiva de quien las realiza, para bien o para mal. El actor o la colectividad puede dar cuenta de las razones del porqué se hizo tal o cual acción. De los otros, individuos o colectividades, se pueden intuir motivaciones, se puede especular por qué hicieron tal acción o no, pero certeza nunca hay. De allí que sea imposible tener certeza de por qué un gobierno o un dirigente realiza o deja de realizar algo en un momento determinado. Por lo tanto, parto de la premisa de que desconozco cuáles son los intereses de Trump respecto a Venezuela y, mucho menos, me puedo imaginar qué hará.
Decidí escribir este artículo porque me pareció bastante curioso que un divulgador del régimen como Mario Silva, en dos programas distintos, abordara el tema del ataque de Estados Unidos a Venezuela, indicando que ni Rusia ni China se han pronunciado; y, sobre todo, después de la reunión de Alaska entre Rusia y Estados Unidos.
II. ¿Alguien puede pensar que Mario Silva realiza sus análisis de forma autónoma? Obviamente no. Y es no porque quien piensa con autonomía en un régimen autoritario y totalitario, dirigido por un ejército pretoriano, tiene como horizonte el exilio, la cárcel o la muerte. Por lo tanto, su interpretación es acordada. Ese trapo rojo —esa narrativa— está teledirigido a quienes opinamos confrontando al régimen. Quien compre su análisis de inmediato dará explicaciones de que Maduro está íngrimo y solo, aunque no cite a Mario Silva.
Entonces, la pregunta es: ¿por qué el aparato de propaganda del régimen quiere mostrar debilidad? En una guerra ni el más torpe le muestra una debilidad a su enemigo. Pero en el juego político cotidiano, tampoco. Esa decisión sería irracional porque atenta contra sus propios intereses. Y el gobierno de Maduro ha demostrado que sabe jugar, que es racional instrumental; es decir, que sabe elegir los mejores medios para alcanzar sus fines: mantenerse en el poder. La demostración más clara de ello es que quienes nos oponemos de verdad al régimen, con toda nuestra inteligencia y voluntad, no hemos podido con él. Es decir, menospreciar a Maduro es la mayor torpeza e idiotez que podemos cometer quienes nos oponemos. Si, ganándole por paliza unas elecciones, demostradas internacionalmente, simplemente se las robó en nuestras narices y tiene un año en el poder, quiere decir que sabe jugar mejor que nosotros. Nos ha ganado las partidas. No solo contra la oposición venezolana, sino contra una potencia como Estados Unidos. Basta pensar en un solo detalle: la liberación de los sobrinos de Cilia Flores y de Alex Saab.
III. En esa misma narrativa, Maduro hace un discurso dirigido a no se sabe quién, a quienes llama cobardes, timoratos, miedosos. Conociendo las prácticas del régimen, si estuviese dirigido a un grupo en específico en una circunstancia de conflicto y guerra, esos no serían civiles sino militares y, por supuesto, a ellos no tendría que hacerles discurso: los detiene, los encarcela o los mata. Pero ese discurso muestra debilidad, y mucha gente en las redes opositoras de inmediato compró el discurso. ¿Por qué quiere mostrar debilidad? Como dije anteriormente, no es lógico: sería irracional.
La narrativa está acompañada de acciones. El desmantelamiento de un supuesto plan terrorista. Atrapan a unas personas que parecen sacadas de Guasdualito con meses de hambre y las presentan como los operadores del terrorismo. El show es bufo, pero los aparatos de propaganda lo transforman en una épica. Simultáneamente, hay todo un aparato de propaganda —TikTok, Instagram, X, pódcast— mostrando la solidaridad patriótica contra la invasión que ya está en marcha. Y enfrentan la batalla de las batallas.
IV. Dentro de la épica, los lamesuelas y rastacueros como Bernabé Gutiérrez lanzan gritos de fervor patriótico. La dirigencia opositora que está en desacuerdo con la forma de conducción política que ha tenido María Corina después del 28 de julio de 2024 se lanza a culparla como causante de la invasión. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que María Corina tiene el poder político y económico como para hablar en condición de igualdad con Trump? Basta pensar en Zelenski y cómo Trump lo ha tratado en público en una guerra que afecta a toda la comunidad económica europea, tanto que hasta el Vaticano tuvo que intermediar. Pero, en estas circunstancias, ese discurso se unifica con el de Maduro. La batalla es épica: derrotar a María Corina es derrotar al imperio.
Excurso Brevísimo. Para mis respetados opositores reales que son dirigentes y con todo derecho, están en desacuerdo con la conducción de María Corina; solo ustedes pueden saber cómo expresar sus opiniones y conformar equipo sin que le hagan el favor a Maduro.
V. Si se une ese paquete, la narrativa es la de una guerra en pleno desarrollo. Mostrar debilidad tiene por objeto cohesionar aún más, por un lado, y generar expectativas triunfalistas en quienes nos oponemos. Es una batalla épica, profundamente teatral, hasta ahora en el plano estrictamente narrativo, pero quien la gane se atornilla para siempre.
VI. Obviamente, el lector preguntará por Trump, sus acciones, sus decisiones. ¿Alguien puede pensar que Estados Unidos verdaderamente tiene un problema con el narcotráfico? Con desmantelar las redes de distribución en su territorio y resguardar las fronteras sería suficiente, si la motivación fuese esa. La verdad es que no podemos saber cuál es el interés del Estado norteamericano con Venezuela. Basta un dato: ¿alguien puede pensar que la invasión de Bahía de Cochinos fue una decisión real del Estado norteamericano? ¿Utilizó su fuerza para derrocar a Fidel Castro? Invasión es guerra. Eso fue Vietnam. Pero esa batalla, en Cuba, fue épica, teatral, incluyendo las lamentables muertes. La narrativa de la heroicidad cubana dura hasta el día de hoy. Un pueblo más lejano como Chile no necesitó invadir para derrocar al presidente Allende y, cuando ya no le interesó la dictadura, apoyó a la oposición económicamente, con planificación y con presión a los militares para que Pinochet dejara el cargo. Quien piense que invadieron Panamá porque Noriega era narco, pues desconoce lo que significan los intereses norteamericanos. No necesitaban para nada la declaración de Carlos Lehder; eso fue parte del ritual, porque Noriega era agente de la CIA. Lo quitaron en un abrir y cerrar de ojos.
Las acciones norteamericanas dependen exclusivamente de sus intereses y Trump, en noviembre de 2026, tiene elecciones de Congreso en Estados Unidos. Una invasión no es buscar a Maduro, es una declaración y acción de guerra unilateral. ¿Le interesará política y económicamente a Trump? No lo sé. Cualquier respuesta a esa pregunta es especulación estrictamente. Solo él y el Partido Republicano tienen la respuesta. No depende de la voluntad ni del deseo del pueblo venezolano.
VII. Frente a esta situación de incertidumbre, con una guerra épica, teatral hasta ahora, en pleno desarrollo, se necesita que la dirigencia opositora venezolana piense a corto, mediano y largo plazo. No me dirijo a quien ya tiene sus respuestas predeterminadas. Me dirijo a quien es capaz de poner en cuestión sus certezas. Si mi escrito tiene por interlocutor a un venezolano, bueno, me dirijo a ese solo venezolano… Y ojalá tenga algún liderazgo, para invitar a otros a pensar, a hacerse preguntas, a construir diversos escenarios, analizarlos, sin minimizar en ninguna circunstancia al déspota de Maduro y con una comprensión de las relaciones de fuerza locales, regionales y globales.
Sabemos que el equipo de María Corina carece de un buen estratega. ¿Por qué lo sabemos? Porque no supo planificar una acción inmediata después del triunfo, cuando la probabilidad de no entregar era máxima. Y los estrategas pensaron que era mejor irse a la casa que seguir con la protesta espontánea del pueblo el 28 y 29 de julio de 2024. Es decir, esa falta de planificación evidencia la necesidad de reforzar su equipo con otras voces. ¿Es posible comprender esto?
Publicado el 22 de agosto de 2025
Profesor Universitario.

