Este recurso regula la temperatura corporal, facilita la digestión, transporta nutrientes y oxígeno, y participa en casi todas las funciones biológicas. Río Caroní estado Bolívar.
El agua es la esencia misma de la vida en nuestro planeta. No solo sostiene a los seres humanos, sino que también es el pilar que permite el florecimiento de la biodiversidad. Desde los minúsculos microorganismos hasta las majestuosas selvas y los grandes mamíferos, todos dependemos de ella.
Según World Wild Life, los ecosistemas de agua dulce como ríos, lagos y humedales son esenciales para la seguridad alimentaria, la salud pública y nuestra economía global.
Además, estos ecosistemas actúan como “depósitos” vitales, regulando el clima, secuestrando carbono y mitigando inundaciones.
Los humedales también cumplen un papel crucial: son hábitats biodiversos y filtros naturales que eliminan contaminantes. En los Estados Unidos, a pesar de ocupar apenas el 5% del territorio, los humedales albergan el 31% de las especies vegetales y capturan más de 11,500 millones de toneladas de carbono.
Un recurso vital para la vida y la salud humana
El agua no solo satisface la sed, también regula la temperatura corporal, facilita la digestión, transporta nutrientes y oxígeno, y participa en casi todas las funciones biológicas. La escasez de agua potable afecta la salud pública, propicia enfermedades, amenaza la seguridad alimentaria y puede causar desplazamientos forzados.
Además, la agricultura utiliza alrededor del 70% del agua dulce disponible en el mundo, lo que refleja cuán dependiente es nuestra alimentación del agua y cuán vulnerable somos ante su escasez.
El agua es esencial para la hidratación de las personas, cultivar alimento y el desarrollo de las sociedades. Sin embargo, el cambio climático y las estructuras infrautilizadas agravan su disponibilidad y calidad.
Una alianza entre el Pacific Institute, DigDeep y el Center for Water Security and Cooperation reveló que millones de personas en EE UU carecen de acceso adecuado a agua potable y saneamiento.
El informe señaló cómo fenómenos climáticos extremos como las olas de calor, sequías, inundaciones, incendios, tormentas y la subida del nivel del mar intensifican estos desafíos, especialmente entre comunidades marginadas.
Sumado a esto, un reportaje de la agencia de noticias Associated Press resaltó que en la Nación Navajo cerca de 30% de los hogares no cuentan con agua corriente. Sin embargo, soluciones innovadoras como sistemas solares de agua doméstica y la reutilización de aguas grises han llevado agua potable a miles de personas.
Cambio climático es una amenaza real
En cuanto al cambio climático, este sí exacerba la crisis hídrica debido a que eleva las temperaturas, incrementa la evaporación y reduce el caudal de ríos y embalses.
Asimismo, las lluvias se vuelven impredecibles, alternando sequías prolongadas con inundaciones repentinas. Ciudades que parecían seguras están enfrentando restricciones extremas.
Por otro lado, los glaciares, reservorios clave de agua dulce para más de 2 mil millones de personas, están retrocediendo rápidamente.
El año 2023 registró la mayor pérdida de masa glaciar de las últimas cinco décadas. De no frenar el calentamiento global, podríamos perder entre el 21% y el 43% de esa masa hacia finales de siglo.
Cómo cuidar el agua, desde lo personal hasta lo colectivo
Entre las acciones que se pueden aplicar de forma doméstica para cuidar el agua está cerrar el grifo al cepillarse los dientes, acortar las duchas y reparar fugas de inmediato.
Una forma de reutilizar el agua es recoger la que cae de la lluvia para regar o hacer tareas de limpieza, además de elegir productos con menor huella hídrica.
También se debe evitar verter químicos y aceites en el sistema de drenaje, en su lugar, es preferible usar productos biodegradables.
Proteger ecosistemas: apoyar los proyectos de reforestación y conservación de humedales, que filtran el agua y regulan ciclos hídricos.
Huella Zero – Correo del Caroní

