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Adolfo P. Salgueiro: A propósito de la elección en Bolivia

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La constatación de que las ideologías (izquierda-derecha) se alternan en el poder de manera pendular está verificándose una vez más en el mundo y también en nuestro continente.

La derecha y la centro-derecha vienen imponiéndose por elecciones u obteniendo importante votación en muchas partes del mundo en las que hasta hace poco la izquierda extrema y la izquierda democrática detentaban el poder. Hasta se da el caso del autoproclamado presidente socialista chileno (Boric), quien ha venido tomando posiciones que lo ubican decididamente en el marco de la centro-izquierda y no en el extremo. Distinto el caso del salvadoreño Bukele, cuya gestión de extrema derecha coquetea sin rubor con ejecutorias autoritarias que algunos celebran.

Existe consenso de que la elección de Trump en Estados Unidos es el resultado de los desaciertos de sus predecesores demócratas y también por el palpable renacimiento de un nacionalismo militante que puede coincidir con las tendencias de la extrema derecha que -por el momento- se vienen conduciendo por la vía democrática.

Milei en Argentina se ufana de ser considerado como de extrema derecha (en la orientación económica ultraliberal).

En el continente también gobiernan o cogobiernan distintos regímenes de centro y derecha (Ecuador, Perú, Paraguay, Guyana) y en forma algo menos ortodoxa en Panamá, Costa Rica, Barbados, etc.

En Europa la izquierda democrática ha cedido el poder en el Reino Unido, Francia, Alemania, Austria, Italia, Holanda, etc., y hasta en Japón está asumiendo la jefatura del gobierno la primera mujer en lograrlo, Sanae Takaichi, del Partido Liberal Democrático (centro). Cierto es también que en Hungría y en Polonia la ultraderecha ha sido ratificada democráticamente, y en Francia posiblemente triunfe en la próxima elección.

Lo que aquí hemos comentado viene al caso con motivo de la reciente segunda vuelta en la elección presidencial de Bolivia, que ha concedido el triunfo al moderado Rodrigo Paz Pereira, candidato de una coalición inspirada por la democracia cristiana frente a su contrincante de extrema derecha democrática, Tuto Quiroga.

El resultado de Bolivia permite una moderada dosis de esperanza en un gobierno presidido por Paz Pereira y orientado, como se ha dicho, por la democracia cristiana. El hoy presidente electo es hijo de Jaime Paz Zamora, quien a su vez ejerció la primera magistratura entre 1989 y 1993.

En todo caso, Bolivia no es ejemplo de transiciones presidenciales pacíficas con o sin militares en medio de los eventos.

La etapa 2003-2020, caracterizada por la figura de Evo Morales (el Chávez del Altiplano), le entregó el poder a su delfín Luis Arce, sobre quien pretendió ejercer tutelaje hasta que este se lo sacudió propiciando la consecuente   declinación del partido MAS, que ha visto una importante caída de su votación en estas últimas elecciones de 2025. Con suerte pudiera afirmarse que el “evismo” ya no es el único amo del espectro político. ¡Pero uno nunca sabe! Como ocurre con el kirchnerismo, que no solo se niega a morir en Argentina sino que sigue pataleando.

Como digresión anecdótica recordamos que en 1984 este columnista tuvo ocasión de compartir carpa durante una semana en pleno desierto del Sahara con Jaime Paz Zamora. La ocasión era la de hacerse presente para expresar reconocimiento a la República Árabe Saharaui Democrática, entonces en guerra con su vecino Marruecos. Venezuela había reconocido a dicha república en agosto de 1982.  Jaime Paz era entonces denodado luchador democrático que después llegaría a la presidencia de su país entre 1989 y 1993 Este servidor era portador del mensaje de solidaridad del entonces presidente venezolano Jaime Lusinchi.

Rodrigo Paz Pereira se presenta también como convencido demócrata a tenor de sus promesas de campaña y declaraciones pronunciadas después de la victoria electoral.

Habrá que ver si la turbulencia que hoy sacude a Latinoamérica y a Bolivia en particular le permite a Rodrigo Paz cumplir su anunciado programa de renacimiento para su país.

Bolivia dispone de importantes recursos minerales, como el litio, hoy altamente cotizado, que le permitiría compensar la caída de sus exportaciones de petróleo y gas, actualmente en franca declinación. El punto crucial consistirá en una buena administración (tomando consejo de Rafael Ramírez y Tareck el Aissami que sí saben de eso…)

Sabemos que ni Evo ni Maduro perderán tiempo antes de comenzar a desestabilizar, pero los escenarios son otros y la “billetera bolivariana” está casi vacía.

Tocará a Paz Pereira meditar sobre el Foro de Sao Paulo, la revolución bolivariana, el socialismo del siglo XXI, la “Patria Grande” (Kirchner) y evaluar si ese es el rumbo que conviene para su nación. Paralelamente, la situación social está plagada de activismo impulsado por Evo Morales, seguramente será factor a considerar.

Habrá que esperar y ver qué pasa en la elección presidencial de Chile el próximo 16 de noviembre, en la que se perfila como ganador el ultraderechista José Antonio Kast.

En México, la señora Sheinbaum ya se ha encargado de avalar y repetir las ejecutorias populistas de su antecesor, Andrés López Obrador, por lo que no se espera que con el mismo insumo se obtenga diferente resultado.

Y en Venezuela esperaremos que pronto asuma su puesto Edmundo González Urrutia y que María Corina retome, ya sin restricciones, su condición de líder del proceso político que ya parece a punto de concretarse.

apsalgueiro1@gmail.com

 

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