Desde el pacto antinacional entre Hugo Chávez y Fidel Castro, la soberanía venezolana fue traicionada. A partir de entonces, la renta petrolera —fuente histórica del desarrollo del país— fue desviada y prácticamente eliminada. Los ingresos petroleros, en lugar de beneficiar al pueblo, fueron saqueados en una “privatización criminal” de la industria, más devastadora que la ocurrida durante la dictadura gomecista.
Hoy, nuestra industria está en manos de organizaciones delictivas. El empobrecimiento de la población no es un accidente, sino una estrategia planificada desde La Habana: eliminar los salarios, destruir los derechos laborales y quebrar la dignidad de los trabajadores.
El ataque sistemático a las organizaciones sociales y sindicales responde a un mandato conjunto de los regímenes cubano, chino, ruso e iraní, apoyados por estructuras criminales como Cartel de los Soles, Tren de Aragua, Hamas, Hezbolá, el ELN, y redes de narcotráfico y contrabando.
PDVSA, que fue orgullo nacional, hoy apenas produce el 30 % de lo que generaba hace 27 años. Nada fue casual: todo fue fríamente calculado para sacar del tablero a un país con uno de los mayores potenciales energéticos del planeta.
Pero la historia no termina aquí.
Creemos firmemente en la reconstrucción de la industria petrolera, en el retorno de la democracia y en una apertura a la inversión privada transparente y soberana, donde los trabajadores participen como verdaderos propietarios. La deuda laboral acumulada durante estos 27 años de saqueo debe ser saldada con justicia.
Hacia allá vamos.
¡Fuerza, compañeros! Venezuela será libre, justa y próspera.
Nos vemos en los portones.
Dirigente Sindical del Petróleo y Gas

