Domingo Kultural.
-¿Y qué le pasó a Cabrujas?, hace 30 años esa pregunta corrió por todos lados. Se hizo viral dicen ahora.
Un infarto, él fumaba mucho, no hacía ejercicios y comía sin control; no se cuidaba. De hecho esa tarde había preparado una “espaguetada” con albóndigas (su plato preferido), tomó varias copas de vino y se sumergió en la piscina. Vacacionaba en Margarita.
Esta semana hubo varios eventos en Caracas para recordar al maestro; fuí a uno en la Sala Cabrujas en los Palos Grandes. Ví la proyección del film “El País del disimulo”, dirigido por Antonio Llerandi, quien fue uno de sus amigos. En hora y media de duración, que pasan volando, condensan la vida y obra del maestro José Ignacio Cabrujas. “Más maestro será usted”, solía responder cuando uno le otorgaba ese título honorífico bien ganado.
Muy acertada la escogencia de Alfonso Molina para el cierre final de la proyección. Ideas de Babel (su portal) tiene la intervención. Hace días ese mismo portal publicó un trabajo muy completo de Yoyiana Ahumada. Ella es la persona que más ha profundizado sobre la vida y obra del maestro. Hasta una tesis de grado elaboró. “Ese domingo el país perdía una de las voces más importantes del siglo XX venezolano. Un militante de la caraqueñidad y la belleza. Un pensador…”. Escribió Ahumada.
Dicho lo anterior, ahora tengan para que se entretengan. Le puse cariño, lean que algo queda.
I
Muy joven el Teatro Universitario le metió el abrazo del oso, y él le dijo adiós a la Escuela de Derecho. Así inicio la carrera artística meteórica el intelectual multicreador.
II
Visitó nuestra comarca
En 1972 nosotros le vimos por primera vez representando a Ricardo III en el Ateneo de Maracay, todo el mundo quedó impactado.
Aquel tipo entró al revés, por la puerta principal y caminó por la Sala. Nos paró los pelos de punta.
-Coño, es Cabrujas, murmuró alguien en el público.
Yo tenía 18 años y no sabía mucho de ese actor de pelos ensortijados y una voz peculiar ronca; pero bastaba con que varios de los que sí sabían comentaran admirados al salir: “Cabrujas dió cátedra de actuación”. Ya tenía varios premios y reconocimientos. Uno de ésos, el Premio Juana Sujo. Eran los comienzos de la década de los 70. A ese viejo Ateneo de Maracay asistía la crema de la crema del teatro. Otros tiempos.
llI
Los Miserables
Le contó a la escritora y periodista Milagros Socorro en “Catia en tres voces”, que por un largo rato él no pudo dejar de llorar (era fácil de lágrimas), al verse envuelto en tal exaltación. Y dijo: “Esto es lo que yo quiero hacer en la vida; que estas letras, estas páginas – Los Miserables de Victor Hugo- me hayan producido toda esta emoción, es un milagro, yo quiero formar parte de ese milagro”. Era un adolescente que acababa de leer Los Miserables.
También lo marcó políticamente la película de Pedro Infante “Nosotros los pobres”. Aunque nació cerca del Palacio de Miraflores, el poder sólo le interesó para lanzarle sus filosos dardos. Nadie se salvaba.
IV
Del barrio a la opera
Su papá fue un sastre al que le apasionaba la ópera. Lo amó con devoción y en su homenaje también cultivó ese género; los que saben comentan que era bueno, y me recuerdan que era un excelente director escénico de ópera, tanto en el Teatro Municipal, el Aula Magna de la UCV, y el Teatro Teresa Carreño. Cabrujas fue el Presidente del Taller de Ópera de Caracas, y en ese rol, dirigió escénicamente títulos importantes. Honró la pasión que le dejó su padre con creces.
V
Nunca perdió el modo joda aprendido en su querida Catia. En una oportunidad la policía los sorprendió repartiendo panfletos.
-Ustedes por qué no se van para Rusia, les dijo el poli.
-Hace mucho frío, comentó en voz baja.
Todos soltaron carcajadas.
VI
El día que nos quiso
En su universo creativo abundan obras maestras y en todos los géneros. He visto y leído varías. Tienen carácter internacional. La cuenta es infinita; se divertía escribiendo unas crónicas dominicales para El Nacional y después para el Diario de Caracas.
Madre mía, uno flipaba al leer aquello.
A mí me marcó “El día que me quieras”, la he visto en todas las temporadas, desde 1979. Disculpen si exagero, por allí encontré gente demasiado fan; se guindan a discutir sobre quién encarnó el mejor Gardel o a Pio Miranda. Personajes bien logrados en esa obra famosa.
La primera temporada tuvo 200 presentaciones, un récord.
VII
Resucitó a Pedro Estrada
El día del capítulo final de Estefanía medio país se paralizó; lo mismo ocurrió con la Señora de Cárdenas y todas las demás novelas que tenían la marca de fábrica Cabrujas. A las 8 pm todo el mundo se iba a la casa para ver a Gustavo Rodríguez encarnando magistralmente al torturador Pedro Estrada en la novela Estefanía. Lejos estábamos de imaginar que tiempos después la tortura iba a resucitar…
Todos los canales del continente se disputaban su talento, querían más libretos. Había firmado – antes de fallecer- varios contratos.
VIII
De nuevo en la comarca
En el mundo cultural Cabrujas está presente siempre y en todas partes.
Recuerdo cuando lo invitamos a Maracay un poco antes del infarto fulminante.
Fue en el año 1995, pasó por el Ateneo de Aragua, lo estaban remodelando. Quería ver in situ aquello. Después subió al sector Las Delicias a dar su charla “El Estado del disimulo o un país así”. Tenía previsto quedarse esa noche en el Círculo Militar, andaba con su esposa. Alguien me contó que un militar curioso lo fastidió: “Usted por qué se mete con el libertador? ¿Y usted señora -Isabel Palacios- siendo descendiente de Simón Bolivar, ¿Por qué acepta eso?.
Isabel Palacios es una autoridad de la música coral y la Opera en Venezuela.
Ellos vieron al militar de arriba abajo, la señora Palacios sonrió con su clase de siempre; dieron media vuelta y entraron a la suite. Al rato…
Los encontré en la salida, iban en el carro.
-¿Qué pasó?
-Nos vamos, tenemos al hijo -Diego- solo.¿Fue una excusa?
El Ateneo de Aragua se reinauguró en diciembre de ese año con una obra de su amigo el maracayero Isaac Chocrón. Cabrujas ya no estaba entre nosotros…
Sus dos amigos sobrevivientes (1995) de “La Santísima Trinidad” (así los llamaban) Román Chalbaud e Isaac Chocrón junto a Rafael Briceño lo representaron en ese acto.
Rafael Briceño, es decir el alter ego de Gómez, se paseó por toda la ciudad y hasta al Mausoleo de Juan Vicente Gómez fue a parar. Repartió autógrafos y en la avenida Bolívar paralizó el tráfico. Fueron días inolvidables. Luis Bayardo Sardi, Secretario de Cultura, conocedor del idioma y gusto de los intelectuales sirvió de anfitrión. Carlos Tablante cumplió.
Aquel 21 de octubre de 1995 cuando escuché la noticia, pensé en todo ésto, y además no sé por qué pasaron por mi mente sus amados perdedores: El MAS y Los Tiburones de la Guaira, ambos eran sus tormentos.
IX
Catia y la Plaza Pérez Bonalde para los que salgan
Estudio en el San Ignacio de Loyola, el pago de su padre a una promesa ofrecida. La madre de Cabrujas estuvo a punto de perder a su hijo. Por cierto, su apellido es Cabruja, al inicio, en un reportaje le nombraron Cabrujas, y le gustó.
El mundo cabrujiano está impregnado de las cuitas hechas durante muchos años por ese grupete de adolescentes plebeyos en la Plaza Pérez Bonalde de Catia: Jacobo Borges, Román Chalbaud, Oswaldo Trejo, Adriano González León, Óscar Guaramato, César Bolivar… Allí hablaban de lo humano y lo divino. Mucho Cine y fabulaciones, nunca olvidarian esos tiempos.
X
Tranquilos este hilo se termina
Estoy sentado viendo el documental tributo a Cabrujas, a lo largo rinden su testimonio 48 personas de su núcleo duro. Muchos ya no están. Los que estamos allí presenciando, somos en su mayoría gente grande. Nos preguntamos: ¿Qué opinaría Cabrujas de nuestro barranco si viviera?
Lo más seguro haría lo de siempre: despachar el asunto con su proverbial ironía, con ese humor cortante, y una frase brillante. Y todos los lectores devorando lo publicado.
Nada de lo que producía podía ser obviado, fue un intelectual trabajador, con muchas vidas y suertudo. Nada quedaba en la gaveta; llámese Teatro, Cine, libretos para TV o radio.Tuvo tiempo para todo, hasta para seducir y ser seducido.
Elucubro y digo que en “El Dia que me quieras” exorcizó sus demonios políticos, también saldó una deuda con su madre, ella no pudo ver a Gardel aquella noche de 1935; cuando el zorzal se presentó en Caracas, fué una contrariedad para la señora, materia pendiente.
El día del estreno en el Alberto Paz y Mateos, después de la obra, hubo el acostumbrado brindis del director, y dijo unas emocionadas palabras: “Brindo por mi madre Matilde Lofiego que bien se lo debía…” y chocaron las copas.
XI
Y sonó el tango
“Desde el azul del cielo, las estrellas celosas nos miraran pasar…”
Así se despidió Gardel y también Cabrujas.
Nos vemos por ahí.

