Hay realidades muy difíciles de ignorar u ocultar, aunque supongan un riesgo personal, es imposible dejar de ver y comprender temas fundamentales para nuestras vidas como son el salario del trabajador, el impacto de su destrucción en los hogares venezolanos y la relación entre empleo y empresas. Temas que nos llevan a releer un escrito publicado hace tres años sobre el empleo que no deja alternativa alguna que intentar explicar para comprender el país. Ver el problema del empleo es una necesidad para entendernos, vivimos la realidad salarial como su expresión concreta, ahora retomemos el álgido tema desde el punto de vista del empleo en su expresión más tangible. Las cifras que se citan en estas líneas datan de tres años atrás, veamos si algo ha cambiado y en qué sentido:
Al releer algunos estudios sobre el empleo, trabajos muy bien documentados, surgen inquietudes y preguntas, ¿puede interpretarse las vicisitudes que enfrenta el empleo en Venezuela omitiendo su relación umbilical con la empresa? Es posible o suficiente exponer todas las circunstancias que rodean el empleo, el peso de la estructura demográfica, edad, mortalidad, el comportamiento de la tasa de desempleo en los últimos años, los principales cambios y las características actuales de la estructura laboral del país para captar las causas de la crisis actual del empleo, uno de los factores que ha impulsado el surgimiento de una diáspora integrada especialmente por personas en edad económicamente activas que ha involucrado a más del 20% de la población. Puede obtenerse una respuesta a la crisis del empleo, al tema de la precariedad laboral y sus características, desligándose totalmente de las vicisitudes, peligros y amenazas que enfrentan las empresas venezolanas y el derecho a la propiedad durante las dos últimas décadas.
¿Puede explicarse el empleo desde el interior de sí mismo? o es imprescindible entenderlo como un componente clave en la relación empresario-trabajador, de la naturaleza y características de la empresa como entidad económica. Si volteamos a ver la situación de las empresas venezolanas enfrentamos un panorama lleno de dificultades. Advertía Fedecámaras, 3 años atrás, que la economía venezolana había experimentado el cierre de 370.000 empresas privadas en los últimos 20 años, 60% de las que existían antes de la llegada del actual poder. Según esta institución, en Venezuela en 1998 existían 620.000 empresas, quedan abiertas cerca de 250.000 cuyo futuro es totalmente incierto. Puede entonces interpretarse la suerte del empleo en Venezuela al margen de este huracán que remueve las bases de las empresas y provoca la extinción de gran parte de ellas, como un elemento ajeno a la situación, a la dinámica destructiva impuesta contra los emprendedores venezolanos,
Intentar conocer cuáles son los retos que afronta el país en materia de empleo conduce necesariamente a mirar el movimiento empresarial. La cuestión que permito formular es la siguiente: al interpretar el empleo podemos conformarnos con explicaciones sobre el empleo sin ver el universo del cual forma parte. Puede explicarse desde sí mismo o necesariamente hay que entenderlo como parte de un binomio empresa- empleo.
Hoy sabemos que las empresas venezolanas confrontan y enfrentan una situación amenazante, quiéranlo o no sus responsables. Las empresas han sido calificadas como un modelo contrario a las aspiraciones colectivistas cuyo principal objetivo en los distintos casos históricos ha sido destruir la propiedad privada. En todo país donde se imponen regímenes con esta tendencia, las empresas son sometidas a procesos duros de expropiación e imposición de restricciones severas desde el poder político del Estado. La percepción de la empresa desde el poder es la personificación de una entidad donde se le extrae la plusvalía al trabajador, un ámbito de explotación del capital al trabajo no donde se generan los bienes y servicios requeridos para el funcionamiento de la sociedad. Además de constituir por su naturaleza la unidad económica generadora de empleos e ingresos requeridos para la supervivencia de la población. De la forma más simplista es imprescindible reconocer que la visión de la empresa es la personificación diabólica del capitalismo, allí es el escenario privilegiado de la lucha de clases, concebidos por los ideólogos marxistas como “el motor de la historia”.
Para abrir o instalar una empresa, en Venezuela se deben cumplir 18 procesos que permitan obtener el permiso del gobierno para funcionar como tal, bien sea pequeña, mediana o grande. El promedio mundial para crear una empresa son 7 días de espera y 23 procedimientos, mientras que en América Latina son 36 días y 8 procedimientos. Según el informe Doing Business 2015, para crear una empresa en Venezuela tarda en promedio 144 días y se necesitan realizar 18 procedimientos administrativos. Estos resultados ubican a Venezuela en el último puesto en el ranking latinoamericano, seguido de Haití donde se requieren 97 días y 12 procedimientos administrativos. Venezuela sólo fue superada en la lista de los peores países para hacer negocios, por Libia, Eritrea y Somalia. Incluso Haití uno de los países más pobres de América Latina está mejor clasificada que Venezuela.
Estas circunstancias que privan en la apertura y desenvolvimiento de las empresas son reforzadas por los procedimientos que implican funcionar, intentar cumplir los objetivos trazados ya sea producir materias primas, ejecutar actividades de procesamiento, o bien actuar en el campo de la distribución en los mercados en medio de fuertes limitaciones y dificultades crecientes. Todos estos campos de acción sobreviven en un medio donde imperan las restricciones, multas, amenazas. Los puntos de mayor retroceso lo constituyen el acceso a servicios públicos, entre ellos la electricidad en el cual Venezuela pasó de la posición 152 a la 186, otro de los factores decisivos para el funcionamiento empresarial es la seguridad de contar con el suministro de gasoil hoy un tema muy controversial que puede decidir la suerte de cualquier emprendimiento especialmente en el dominio de la agroindustria, agricultura y ganaderia. La apertura de un negocio cayó del puesto 180 en 2014 a la posición 189. El comercio transfronterizo, retrocedió del puesto 181 al 187. Venezuela no se ha ocupado de implementar cambios en los trámites que afectan la productividad mientras otros países si lo han hecho. En la resolución de pago de impuestos, cumplimiento de contratos y resolución de insolvencias se mantiene en la misma posición, 187 en pago de impuestos. 137 en cumplimiento de contratos y 165 en resolución de insolvencias. La más sencilla conclusión nos lleva a preguntarnos, si este es el ambiente empresarial, el empleo generado por ellas podría ser distinto, o también interrogarnos, podríamos entender las circunstancias del empleo fuera de la matriz que lo genera. Como recuerda Humberto García Larralde: “No olvidemos que el socialismo se basa en el reparto, no en la actividad productiva como expuso Carlos Marx. Nada de “liberar las fuerzas productivas”; más bien, su parasitación. Es posible entonces entender que en este ambiente anti-empresa tienda a generarse lo que se denomina empleo precario como fórmula de supervivencia de los sectores trabajadores. Los estudios indican que la estructura económica que se instala en el país es básicamente terciaria, pero improductiva, mientras que la industria manufacturera, cuya productividad se relaciona con crecimiento económico y actividades que tienen un mayor valor agregado como las operaciones financieras y la energía no han crecido ocasionando una pérdida de empleos “cuando la estructura laboral se concentra en sectores caracterizados por la baja capitalización junto a la baja empleabilidad de los pobres, trae como consecuencia que buena parte del empleo generado no sea de calidad y por lo tanto, no se convierta en un medio para superar la pobreza, contribuyendo así a reproducir su círculo vicioso”.
Aceptando que Venezuela enfrenta lo que puede calificarse como proceso de desindustrialización por la desaparición de gran parte del tejido industrial, el cual se reduce en 70%, habría que agregar la carencia de oportunidades derivadas de una oferta suficiente de capacitación laboral, la educación media diversificada es la que presenta los niveles más bajo de matrícula escolar. Las instituciones responsables de la capacitación para el trabajo trastornan su objetivo, en lugar de formar capacidades para hacer y ser mejores trabajadores se dedican a la formación ideológica del futuro trabajador, su prioridad no es labrar mejores trabajadores, la exigencia que reciben desde el régimen es inculcar objetivos ideológicos para el crecimiento de sus huestes de apoyo. Hoy en Venezuela de cada 10 jóvenes de entre 15 y 17 años, menos de 4 se encuentran cursando este nivel de capacitación. Resulta entonces evidente la necesidad de una real evaluación y transformación del sistema educativo con miras a tratar de garantizar que el recurso humano con el que se cuente en el futuro pueda realmente insertarse en sectores productivos de la economía.
La inexistencia de la formación para el trabajo es una de la característica que más afecta y define la calidad y oportunidades de incorporación al mercado de trabajo de las nuevas generaciones. La presencia de personas carentes de relaciones salariales –básicamente informales y cuenta propia– ha constituido durante muchas décadas más de la mitad de la fuerza de trabajo, en general desempeñando posiciones y empleos de baja calidad, con salarios insuficientes lo cual actúa como factor reproductor de la situación de pobreza que hoy incluye al 80% de la población venezolana en edad económicamente activa.
“Los bajos niveles de calificación de los trabajadores tienen relación con la baja cobertura y la calidad del sistema educativo nacional, entre otras razones porque la formación que los jóvenes reciben no corresponde con las necesidades demandadas por parte de los empleadores, lo que conduce a un desaprovechamiento del contingente de población disponible para el trabajo”. Optar por un empleo precario es una condición económica- social determinada por las posibilidades u oportunidades que puedan generar las empresas desde una perspectiva de crecimiento y expansión económica. La proliferación del empleo precario, el trabajo por cuenta propia con retribuciones insuficientes para llevar una vida sana es consecuencia y está determinado por el ambiente económico político que envuelve la posibilidad de existencia de empresas productivas, rentables, competitivas, con perspectivas de permanencia en el mercado dada la calidad de su oferta. Un factor de alta sensibilidad es el relativo a las leyes laborales en sociedades con tendencias a imponer el socialismo, colectivismo, en este escenario las instituciones que rigen el intercambio entre trabajadores y empleadores están frecuentemente parcializadas convirtiendo al trabajador en un “débil jurídico”, prácticamente sin responsabilidades y al empleador en un explotador del trabajador. El predominio de estas condiciones políticas interviene de manera determinante en la posibilidad de expansión de la oferta de empleos perjudicando finalmente al trabajador a quien se trata de manera tergiversada de proteger. Cuando se impone la tendencia a la expropiación de empresas, potenciado por una fuerte intervención estatal sobre su funcionamiento interno más la orientación ideológica de las instituciones intermediadoras -contraria a la existencia de la empresas- la generación y calidad del empleo estará afectada directamente. A manera de conclusión, es imprescindible reconocer que la existencia de empleo precario y la expansión de la informalidad son consecuencias del proceso económico, del ataque a la propiedad de la empresa privada, al sobreproteccionismo de las leyes laborales, a la orientación ideológica de quienes rigen el trabajo con objetivos contrarios a la economía de mercado y a las restricciones que imperan en la actividad empresarial. Este es el escenario donde la crisis del empleo se convierte en un factor negativo para el crecimiento económico, la paz social y el bienestar de las familias venezolanas.

