Pese a la presencia dominante de los temas referidos a los conflictos mundiales -que copan nuestra atención y la limitan a la inevitable urgencia- persiste la necesidad de seguir atendiendo el movimiento de las grandes perspectivas en las que parece ir definiéndose el destino de la humanidad. Uno de estos temas es el que se refiere a la población, su crecimiento o decrecimiento, su distribución por edades, las exigencias que los cambios en este ámbito vienen dándose o se anuncian.
Según las estadísticas del 2024 del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, se estima que la población mundial -ahora en 8.200 millones- alcanzará hacia 2085 un máximo de 10.300 millones. La revista The Lancet, sostiene, sin embargo, que muchos países, como Japón, Italia, España, China, Brasil, Irán, India, podrían ver una importante reducción de su población en las próximas décadas. Lo que sí se da por indiscutible es que la población mundial tiende a envejecer y que la población en edad laboral está disminuyendo en casi todos los países en desarrollo. Se anuncia en algunos de ellos que el número de personas mayores de 65 años será para 2080 mayor que el de los menores de 18.
La suma de los factores -disminución de la fecundidad y aumento de la esperanza de vida- genera una estructura poblacional con más personas mayores y menos jóvenes, con el consiguiente incremento de los desafíos en materia de salud, economía, sostenibilidad de los sistemas de bienestar social, desarrollo humano. La preocupación por la población joven llega a justificar la pregunta -ya formulada en algunos países- sobre si tener hijos o no tenerlos, pensando básicamente en los costos de su crianza, de la educación, de su preparación para el futuro. Se amplía el espacio de duda sobre la capacidad de los países con población joven para cubrir la inversión en educación, sanidad e infraestructuras, así como para promover oportunidades de trabajo decente y mejorar la transparencia y la eficiencia de los gobiernos. Los expertos en crecimiento demográfico y desarrollo vienen expresando su preocupación por el riesgo de no alcanzar la tasa de reemplazo, es decir, el nivel mínimo de nacimientos necesarios para mantener la estabilidad de la población económicamente activa.
El descenso de la natalidad y de la población económicamente activa ha encontrado en el pensamiento de algunos países una respuesta en la inmigración, vista como motor del crecimiento demográfico. La postura renuente a la inmigración puede, así, comenzar a cambiar en muchos países con la consideración de lo que puede significar para atenuar el actual declive demográfico y sostener la actividad productiva. De hecho, se estima que de aquí a 2054, la inmigración impulsará el crecimiento demográfico en 52 países, entre ellos Australia, Canadá y Estados Unidos.
En la reciente edición dominical del The Economist hoy, Adam Roberts observa que con la presencia del Covid se redujeron los viajes en gran parte del mundo y que los gobiernos de los países ricos, en particular, cerraron las fronteras a los migrantes. La resistencia, impulsada por las diferencias culturales, puso y sigue poniendo trabas a la inmigración. Las realidades políticas y económicas podrán, sin embargo, estar inspirando de alguna manera un enfoque mucho más pragmático y controlable. De hecho, la proporción de población nacida en el extranjero que era hace un par de décadas de casi el 10% en Gran Bretaña y del 13% en Estados Unidos, hoy puede rondar el 16% en ambos países, con tendencia a seguir aumentando. Los costos económicos, sociales o de otro tipo, parecen haber influido en un estudiado cambio de actitud.
Venezuela, en este punto, vive una realidad diferente. La diáspora venezolana, con lo que ha significado la salida del país de más de 8 millones de personas, la mayoría en edades productivas, ha sido, por una parte, factor distorsionador del deseado equilibrio etario, pero, por otra parte, ha probado el carácter positivo de una inmigración preparada y trabajadora, beneficiosa para los países receptores y prometedora para Venezuela por el acopio de experiencia, conocimiento, contacto con el mundo y desarrollo de talentos que ha significado.
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