No podía ser de otra manera. El Comité del Premio Nobel de la Paz, con sede en Oslo (Noruega), acaba de enviar un mensaje claro al planeta al otorgarle ese galardón a María Corina Machado. No solo es un merecido reconocimiento a la ardua lucha política por las libertades públicas que ha realizado la líder indiscutible de la oposición venezolana, sino que dicho premio desnuda el carácter autoritario del modelo instaurado en Venezuela.
María Corina Machado en Sucre.
Es una jugada brillante en el tablero del ajedrez mundial respecto a la compleja situación política y económica de Venezuela donde los diversos expertos y analistas coinciden en la necesidad de un proceso de transición para que el país vuelva a insertarse por las sendas de la gobernabilidad democrática, el progreso económico y la calidad de vida de sus habitantes.
Entre las razones expuestas por el Comité Nobel para otorgarle dicho premio a Machado se destacan “su incansable trabajo por promover derechos democráticos al pueblo de Venezuela y su lucha para lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”. Es aquí donde cobra importancia el mensaje del honorable comité a todas las naciones del mundo.
Es evidente para los miembros del comité que las pasadas elecciones presidenciales en Venezuela las ganó Edmundo González y les fueron arrebatadas, situación que ha denunciado en el planeta María Corina Machado. De allí que permanezca en la clandestinidad para preservar su integridad. Esa lucha fue reconocida y con ese premio se equipara a personajes mundialmente reconocidos como Lech Walesa, Oscar Arias, Nelson Mandela, Rigoberta Menchú, Tenzin Gyatso (el dalái lama), entre otros.
Además, el Nobel de la Paz le otorga una especie de inmunidad a Maria Corina Machado en su perseverante lucha por una transición democrática en nuestro pais. Constituye una jugada maestra para reforzar entre los actores clave una salida negociada hacia un verdadero Estado de Derecho y de Justicia donde se garantice el desarrollo pleno de todos los venezolanos. Eso, de antemano, es un paso muy importante ante los aires de cambio que se respiran en todos los sectores de la sociedad venezolana.
No es casual que el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, haya dicho que ese premio Nobel de la Paz a María Corina debe servir al país a “recuperar la serenidad, redescubrir el camino a la democracia y a la cooperación entre todos los partidos políticos”. Esperemos que así sea por el futuro de nuestros hijos y la reconstrucción económica de Venezuela.

