Cuando observamos los episodios históricos que hoy conmueven la humanidad podemos apreciar que pareciera que todo está en juego, por una razón muy sencilla, estamos al descubierto, nada se puede ocultar, las maniobras ocultas salen a luz, sin misericordia. La mentira, el engaño han perdido su potencia para confundirnos y extraviarnos, de allí la oda a la alcachofa que nos trae José Antonio Marina: “A mis alumnos les he recitado un poema de Pablo Neruda, ‘Oda a la alcachofa’: «La alcachofa, de tierno corazón, se vistió de guerrero». A mí me pareció una metáfora muy bonita, porque la alcachofa tiene una especie de escamas, como si fuera una cota de malla. La primera vez que se lo conté a mis alumnos no lo entendieron. Luego comprendí que es que sólo conocían las alcachofas de lata y con este tipo de alcachofas esta metáfora no funciona. Así que cada vez que iba a recitar el poema en clase acudía con una alcachofa”.
Esta apreciación se torna imprescindible, no podemos ocultar la realidad educativa que domina nuestro país, las escuelas, los maestros, la valoración de la educación como arma insustituible para superar los desafíos humanos, espirituales y culturales de esta época.
Si nos llenamos de fuerza para avanzar es imposible negar o desconoce los resultados que arroja el Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Es conocer la alcachofa por dentro y por fuera. Los resultados sobre el desempeño académico de los estudiantes venezolanos en el período 2023-2024 son alarmantes. Los niveles de conocimiento y comprensión en áreas fundamentales como Matemáticas y Habilidad Verbal han experimentado un deterioro progresivo, unido a factores como la deserción escolar, el impacto de la crisis económica, la tragedia que abate a los docentes sin recursos para sobrevivir y cumplir su noble tarea de educar una generación.
Basado en estas consideraciones tenemos el la obligación inaplazable de construir una nueva senda para la educación. Acogiendo la proposición de José Antonio Marina quien propone que la sublimación, el logro máximo de la inteligencia es la ética, que ha conseguido que de animales listos pasemos a ser animales con dignidad.
Las huellas más profundas que quedaran marcadas en el futuro de nuestro país son las provocadas por dos factores claves, la destrucción del sistema educativo y el hambre que cubre a más del 65,7% de la población y en especial a la población en edad escolar, su cuerpo y su espíritu están en juego. La gravedad de ambos aspectos radica en el carácter determinante, los efectos irreversibles en las capacidades y potencialidades de los habitantes de este país.
El balance final de la escuela venezolana en 2023 corresponde a un sistema calificado por los mejores expertos, como una institución estatizada, hipercentralizada, desorganizada, atrasada, arruinada y desintegrada.
Calificativos que atribuyen los evaluadores del sistema educativo para nuestro gran pesar. A estos atributos se suma uno quizás el más grave de todos, ser una sociedad con escolares en una mayoría desnutrida o mal nutrida, con cifras que incluyen 60% de la matrícula, en casos encontrados en diversos estudios y la suma de otra quizás más grave “30% de los niños venezolanos acusan pérdida de capacidades, de su potencial de desarrollo de forma irreversible.
“Según (Encovi), entre 2017 y 2021 se ha reportado un aumento sostenido de los hogares venezolanos que sufren de inseguridad alimentaria.
Actualmente, más de 94% no cuenta con los alimentos suficientes para vivir. Las poblaciones más vulnerables al impacto del hambre son los niños menores de 5 años, las mujeres embarazadas, las madres lactantes y las personas de la tercera edad.
30% de los niños menores de 5 años sufren desnutrición crónica, lo cual ubica a Venezuela como el segundo país de Latinoamérica con mayores niveles de desnutrición crónica infantil.
El balance es realmente negativo, no hay un solo aspecto del sistema educativo venezolano que pueda ser descrito como eficiente, exitoso, que responda a las expectativas ciudadanas para construir un país próspero y en libertad. El sistema educativo es un área totalmente abandonada, sin importancia para los regímenes que han ejercido el poder en las últimas décadas en Venezuela. Una alcachofa podrida.
Si comenzamos por los datos de la matrícula escolar, estos acusan una pérdida creciente de estudiantes. En 2006, por cada 100 personas en edad escolar, 51 estaban inscritos en el sistema educativo. Hoy, por cada 100, apenas 32 reciben formación. De acuerdo con la Encuesta de Condiciones de Vida, en Venezuela 28% de los escolares no asiste a clases por falta de agua, 22% por carencias de alimentos en el hogar y 13 % por el incumplimiento de la dimensión alimentaria en la escuela.
La crisis educativa también derivó en la pérdida de escuelas. El INE indicó que, desde 2016, han desaparecido 1.275 planteles educativos: 848 escuelas públicas y 427 privadas. De 30.687 planteles educativos que había en 2016, quedan 29.412.
En abril del año pasado, Maduro expresó que “a pesar de la guerra económica, no se ha cerrado ni se cerrará jamás una escuela”.
Los maestros, asumen una insustituible misión en cualquier sociedad, hoy en Venezuela viven su crisis más profunda a nivel salarial, conminados a abandonar las aulas de clase, buscar otros empleos y emigrar. En 2019 estaban en sus posiciones 527.538 maestros, hoy quedan 263.769; un proceso que continúa de forma indetenible. Según datos de UDSE, 50% de los profesionales en educación integral especial, matemáticas, física, química, biología e inglés, ya no están en las aulas de clases. Los maestros en Venezuela apenas pueden adquirir 5% de la canasta básica de alimentos. El docente de mayor rango percibe un poco menos de 10 dólares al mes. Mientras que el de menor escalafón no llega a los 5 dólares. Una consecuencia de la escasez de maestros ha sido la aparición de los llamados maestros “piratas”; según el experto en educación Leonardo Carvajal, a veces, con 17 años, carecen de la titulación adecuada para impartir las clases que se les asignan. También carecen de autoridad, pues con frecuencia apenas son mayores que los niños a los que se supone deben enseñar. Uno de los programas usados irresponsablemente para suplir la ausencia de maestros es el denominado “Chamba Juvenil”, que ofrece ocupación a jóvenes que no estudian ni trabajan y que no han llegado a concluir la educación media.
En referencia a la situación de la infraestructura educativa, el informe del Observatorio de la Educación señala: “59% de los centros educativos notifican daños a su infraestructura, lo cual implica techos rotos, filtraciones, baños fuera de servicios, pinturas en mal estado, rejas y paredes caídas; pupitres, ventanas y puertas rotas; botes de aguas negras, techos con agujeros, entre otros daños por el desgaste estructural y la falta de mantenimiento preventivo y correctivo. Estas condiciones implican un incumplimiento del propio plan formulado por el Estado en lo que respecta a las reparaciones menores, medianas y complejas que se identifiquen luego de un diagnóstico”.
En la conclusión, el informe de Fundaredes plantea: “En el año 2022 la existencia de una profunda crisis educativa”. La situación que padece el sistema educativo venezolano no deja espacio para regocijarnos y menos aún para lanzar el grito o parafrasear el calificativo meramente propagandístico que llevara a decir erróneamente ¡Ya la educación se arregló. Para nada: Infraestructura en ruinas, deserción escolar y docente, fallas en el programa de alimentación (PAE), deficiencia en el contenido programático aunado con la peor conectividad de América Latina, además de la indiferencia del Estado ante estas problemáticas.
Han sido temas que irreversiblemente debieron ser plasmados en este trabajo, lo que demuestra la constante vulneración del derecho a la educación en los diferentes niveles académicos”.
En un balance general sobre la educación se habla de exclusión y no de abandono escolar, “los estudiantes no regresan a las aulas por voluntad propia sino porque el sistema no garantiza condiciones de vida dignas a la población escolar. La escuela no es capaz de protegerlos y retenerlos”.
Con base en estas informaciones recogidas por las organizaciones civiles que han asumido la responsabilidad de ejercer vigilancia del sistema educativo se puede afirmar que una de las tareas más importantes que tiene que encarar la nueva dirigencia del país es rescatar el sistema educativo venezolano sumido en una profunda crisis, deterioro y marginación, una parte de nuestras vidas que no le ha importado a quienes han detentado el poder en los últimos tiempos. Si no tenemos una educación para formar mejores ciudadanos, individuos sanos, responsables y competentes nunca tendremos un mejor país.
Son muy importantes las medidas que permitan que la cobertura completa del sistema escolar, ningún niño sin aula y sin maestro, garantizar un desarrollo cognoscitivo del estudiante en la lectura, escritura y ciencias como expresión de un giro cultural en la mentalidad escolar que pueda expresar “amo las matemáticas”, la dignificación del maestro, la garantía de calidad y capacidad de protección de la infraestructura educativa. Más allá de esas medidas concretas e inmediatas está la inaplazable tarea de formar un venezolano con bases éticas que le den la capacidad moral para enfrentar las tentaciones populistas y las facilidades para entrar en el camino tentador de la corrupción y del desconocimiento “del otro”.
Es imprescindible partir de la realidad que ha representado ser un país petrolero pobre, muchas divisas concentradas, una lucha inclemente por el poder absoluto y valores arrinconados. Por ello, lo fundamental en la transformación de la educación es la convicción de que a lo largo del camino, al principio y en plena marcha el objetivo es contribuir a formar un venezolano espiritualmente imbuido por su dimensión ética frente a la cual se estrellan los chantajes populistas. Que nuestros estudiantes aprendan con la alcachofa en la mano.
Recordemos al gran Nelson Mandela: La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”. Y, evidentemente, nuestro gran reto es cambiar a Venezuela.

