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Sergio Monsalve: El maltrato infantil y la satanización de la mujer en Haz que regrese

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La película Haz que regrese elabora una denuncia sobre el abuso y el maltrato infantil, a través de las técnicas del terror psicológico.

Dos niños quedan huérfanos tras sufrir la pérdida de su padre. El mayor de ambos es un chico atormentado por los traumas de su maltrato, a cargo de su progenitor.

La joven es una adolescente invidente, que apenas distingue sombras. En ella descubrimos un símbolo del filme, al buscar abrir los ojos del espectador ante una realidad tan problemática.

Los directores trabajan el tema con oficio y destreza técnica, refrendando su lectura de la juventud en la cinta Talk To Me, una estupenda lectura sobre la adicción a las redes sociales.

Haz que regrese redobla la apuesta de la anterior en presupuesto, alcance y profundidad de su mensaje, valiéndose de una puesta en escena que nos estremece, gracias al aporte de un reparto y un casting en absoluto dominio de facultades.

Los chicos terminan siendo acogidos por una tutora, que también arrastra un cuadro de trastorno por la muerte de su hija.

El guion no hace concesiones y expone una crítica durísima de la asistencia social en Australia, de los fallos en la burocracia al entregar a chicos huérfanos al cuidado de personas poco fiables, mentalmente inestables.

En efecto, desde la llegada, la tutora manipula a los chicos y los sugestiona con conductas de “grooming”, intentando ganarse su afecto.

Ella también cuida a otro supuesto chico condenado a un estado de catatonia. Una suerte de zombie que pronto devalará su faceta más monstruosa.

Así la película retrata su mundo al revés, de valores invertidos y trastocados en la contemporaneidad, para romper con aquel círculo vicioso y buscar la libertad.

Pero la nueva familia es un verdadero infierno de traumas, abusos y maltratos.

La película acierta en radiografiar una pintura negra, acerca de la violencia que se perpetua de casa en casa, bajo el silencio y el aislamiento, la incomunicación y la indiferencia de las autoridades, muy desbordadas por el asunto.

A pesar de sus buenas intenciones, encuentro una debilidad en el libreto, y es su estereotipo sobre la mujer bruja, la cual vemos reforzarse en Weapons.

No es pecar de políticamente correctos, pero ambos personajes de mujeres desquiciadas que secuestran a niños, suponen un retroceso a esquemas superados del medievo, que suelen reactivarse cada vez que las mujeres ganan terreno y se empoderan, como una reacción de la mirada masculina y conservadora.

Lo vimos en los años noventa, amén de títulos como Instinto Básico y Atracción fatal, después de los repuntes feministas de los setenta y ochenta. Los críticos percibimos y analizamos el fenómeno.

Por igual sucedió con la instalación de los tropos de la mujer fatal y de la vamp, luego de las reivindicaciones femeninas de los años veinte y treinta.

Ahora noto que Weapons y Haz que regrese comparten, no de manera gratuita o azarosa, su diseño de dos personajes estereotipados de mujeres brujas que no evolucionan, que se atan a sus dramas y que reflejan una feminidad de mujeres en crisis de mediana edad que no se pueden controlar, causando estragos, mediante sus hechizos y conjuros.

Son detalles que bajan puntos a la escritura de Haz que regrese, un largometraje que asusta y cumple con su cometido, al margen de su reducción a la hora de construir personajes.

 

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