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Jonatan Alzuru: Política sin mesías

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1. De la fe a la práctica política

1.1. El culto como tecnología de poder

Antes de abrazar el credo bolivariano-chavista, Luis Britto García escribió “La máscara del poder: Del gendarme necesario al demócrata necesario” (1988, Alfadil Ediciones, Caracas). Allí demuestra cómo el culto a Bolívar ha sido pilar de dominación política en Venezuela. Su tesis: desde el caudillismo decimonónico hasta el populismo del siglo XX, los líderes invocaron al Libertador para legitimar su mando, presentándose como herederos de su gesta y forjando un vínculo emocional con las masas. Ese imaginario de unidad patriótica encubría desigualdades estructurales y consolidaba exclusiones bajo la máscara de la cohesión. Bolívar se convirtió en significante maleable, descontextualizado de su época, usado como justificación de proyectos tan disímiles como autoritarios o populistas.

Brito García fue lúcido: el culto no es un ornamento cultural, sino una “tecnología de poder”. Lo que no previó fue su mutación en algo más radical: la conversión del mito en secta religiosa y del pensador en siervo.

1.2. De Bolívar a Chávez: la mutación sectaria

El 4 de octubre de 1998, en el programa “La silla caliente” de Óscar Yánez, Luis Alberto Machado y Edmundo Chirinos —psiquiatra de Chávez, figura trágica entre lo intelectual y lo criminal— sostuvieron un debate televisivo. Machado citó testimonios publicados en la revista “Primicia”: Chávez dejaba siempre una silla vacía en sus reuniones porque “era la del Libertador”. Ese gesto anuncia la metamorfosis: del culto republicano a la liturgia sectaria.

El salto se consumó El 2 de septiembre de 2014, durante el cierre del Primer Taller para el Diseño del Sistema de Formación Socialista del PSUV, con Nicolás Maduro presente, la delegada María Estrella Uribe recitó la «Oración del delegado» titulada «Chávez nuestro que estás en el cielo».Ese día, el chavismo dejó de ser un movimiento político para consolidarse como una “secta político-religiosa”.

Como toda secta, el chavismo sostiene ritos propios. El ministro de Cultura, Ernesto Villegas, en días recientes, relató en redes un viaje en avioneta para trasladar una escultura del Negro Primero a la montaña de Sorte, “para el baile en candela”, ritual espiritista declarado patrimonio cultural en 2024, donde el médium, poseído por entidades indígenas o africanas, danza sobre brasas como prueba de fe y purificación. En este sincretismo político-religioso, Bolívar encabeza la corte libertadora, Chávez figura como su reencarnación y el Negro Felipe lidera la corte negra. El mismo ministro, además, ha difundido imágenes disparando junto a “cultores populares”,  parte de estos espiritistas presentados como “primer frente de batalla”. Este trasfondo, clave para la antropología religiosa, debería ser considerado incluso por el rector de la Universidad Católica Andrés Bello, que promueve el diálogo con Maduro: acaso sea el  momento de repensar, para la Compañía de Jesús, a la luz de San Ignacio, el viejo ejercicio de las dos banderas.

1.3. La lógica sectaria y su corrosión social
Toda secta se funda en un principio: la incuestionabilidad del líder como depositario del bien. Quien disiente es un traidor. La política se sustituye por la fe.

Ese patrón se consolidó en veinticinco años de régimen, y lo más grave es su efecto espejo: la oposición también lo ha reproducido. Cada líder opositor, al proclamarse heredero de Bolívar y encarnación de la salvación nacional, cayó en la misma trampa simbólica. De lado y lado, la política fue desplazada por una práctica religiosa de la política.

2. El riesgo de la irracionalidad mítica

La situación venezolana es crítica. Si el régimen logra sortear esta coyuntura, se consolidará por años. Pero si la respuesta se da desde la lógica mítica —no racional—, lo que emergerá no será democracia, sino una espiral de conflictividad: guerrillas como FARC o ELN, militares formados en la secta chavista y grupos paramilitares urbanos. Sin un pacto amplio y sólido entre sectores políticos, empresariales, sindicales y militares, la transición será frágil y violenta.

Aquí la lección de Hannah Arendt es decisiva: la política se funda en la pluralidad y en los acuerdos entre diferentes. Sustituirla por la fe en un líder providencial equivale a negar el principio democrático. Eso se llama irracionalidad política.

2.1. María Corina Machado: líder política, no mesías

La oposición debe romper con el mesianismo. María Corina Machado no es Libertadora ni salvadora de América Latina. Es —y basta— una dirigente política excepcional. Pedir subordinación incondicional hacia ella es un despropósito. En política se acuerdan objetivos, se negocian diferencias y se establecen coaliciones. Lo contrario pertenece al ámbito de las sectas.

La historia venezolana lo demuestra: ¿se imaginan a Jóvito Villalba proclamándose subordinado a Rómulo Betancourt solo porque iba rezagado en encuestas? En democracia, la autoridad se ejerce mediante acuerdos, no con obediencia ciega. Mucho menos en un escenario de incertidumbre como el actual.

2.2. El hecho político irrebatible

La única certeza hoy es que Edmundo González Urrutia fue electo presidente de todos los venezolanos. Esa investidura es el eje de la unidad nacional. María Corina Machado, como jefa de campaña, jugó un papel crucial, pero la conducción recae en el presidente electo. No existe “vicepresidenta de facto”, porque no ha habido juramentación alguna.

Esto no es cuestión de simpatías, sino de racionalidad política. Pretender otra cosa es seguir atrapados en la lógica sectaria.

3. Hacia la racionalidad política

La responsabilidad es ahora doble:

3.1. Del presidente Edmundo González Urrutia: cumplir los compromisos asumidos.

3.2. De María Corina Machado y sus asesores: abandonar la narrativa mesiánica y asumir la crudeza del oficio político —pactar, negociar, convivir con los distintos, construir tácticas comunes—.

Responsabilidades de la sociedad venezolana:

3.3. Del liderazgo de partidos de oposición: dejar el juego en solitario y establecer pactos con el presidente electo.

3.4. De las universidades autónomas, experimentales y privadas: abrir diálogo con el presidente electo, pues son clave en la transformación del país.

3.5. De nosotros opinadores, analistas, youtubers y usuarios de redes: comprender el momento político, abandonar la destrucción del otro y apoyar al presidente electo, siempre y cuando actúe a la altura.

Ese “condicional” es vital. No se trata de cheques en blanco ni confianza ciega: está en juego la vida de nuestras familias y de millones de venezolanos dentro y fuera del país. El presidente electo tendrá que negociar incluso con personajes indeseables o tomar decisiones impopulares, pero debe explicarlas y argumentarlas. El tejido social solo se sostiene con razones, complementadas con comunicación política y propaganda.

4. Reflexión final

El dilema ya no admite rodeos: o seguimos prisioneros de la fe y de la obediencia sectaria, o recuperamos la política como arte de acordar entre adversarios para confrontar al régimen con tácticas comunes.

Maduro y su camarilla no son adversarios: son criminales.

No hay tercera vía. Lo que está en juego no es un liderazgo, sino la supervivencia de la república.

Profesor Universitario – X: @jonatanalzuru67 – Instagram @jonatan.alzuru

 

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