Hace algunos días (El Nacional, 25 de agosto de 2025) Miguel Henrique Otero recordó a Nicolás Maduro que la separación del poder de Cipriano Castro (de largas arengas antiimperialistas) no se produjo por una invasión extranjera, sino por “golpe” de su segundo (compadre y compañero de aventura), Juan Vicente Gómez. Ahora, el usurpador para evitar su caída intenta crear un sentimiento nacionalista (por la presencia de buques norteamericanos en el Caribe). El tema, interesante para los estudiosos de la historia, es de evidente actualidad: en Venezuela está en curso un proceso para el cambio del régimen impuesto desde comienzos del siglo.
Ilustración: Juan Diego Avendaño.
Es imposible prever, en detalles, la sucesión de los acontecimientos del futuro. No existe la bola de cristal que pueda ayudarnos en esa tarea; y no se conocen “leyes” que se cumplan inexorablemente, como algunos (de todas las utopías) creyeron. El pasado influye con fuerza (pesa … y mucho!), pero no determina si no se le acepta. Sin embargo, no marchamos a ciegas en la historia. El avance de las ciencias sociales y la IA (entre otras), la precisión alcanzada por los estudios de opinión, el mejor conocimiento que se tiene de los hechos que se viven, permiten hoy vislumbrar con alguna claridad las líneas o tendencias generales de la evolución de una situación particular. También constituyen elementos importantes para programar las iniciativas que se pretende intentar. En momentos del pasado – en distintas latitudes – hubo quienes (como San Agustín en la decadencia romana) supieron ver a través de los signos.
Venezuela está inmersa en una grave crisis que afecta todos los aspectos de la vida nacional. Basta decir que durante la última década perdió un quinto de la población; y que el PIB se ha reducido a poco más del 10% de hace 25 años. Su gobierno, sostenido en fraude contra la voluntad popular –ilegítimo (un “paria” en el orden mundial)– está acusado de participar en graves delitos. ¿A quién corresponde revertir la situación? Es asunto que corresponde primordialmente a sus ciudadanos, como en otras ocasiones: 1830, 1864, 1899, 1936 o 1958. No se puede esperar la intervención de la comunidad internacional (a través del fallo de un tribunal o una operación militar). Cualquier acción de factores externos, realizada siempre conforme al derecho (que fija normas al respecto), debe ocurrir en apoyo al empeño de los actores internos. Conviene advertir que en nuestra historia ningún cambio político ha sido impuesto desde el exterior.
Hugo Chávez llegó al poder como consecuencia de la incapacidad de los dirigentes de la democracia venezolana para resolver la crisis que afectaba al país, que se manifestaba en diversos aspectos. Se requería emprender reformas de importancia (que se prometían, pero no se adelantaban). Inexplicablemente se había suspendido, en la etapa final, el procedimiento constitucional iniciado para permitirlas. Con todo, por entonces la mayoría de los venezolanos pensaba que se debía mantener el sistema democrático y las libertades económicas (aunque limitadas por una fuerte intervención estatal en el área). Lo había prometido el candidato elegido en 1998, quien nunca planteó el establecimiento de un sistema socialista (contrario, por lo demás, al pensamiento bolivariano, en el que decía inspirarse). Pronto, sin embargo, adoptó el comportamiento de “caudillo” militar antes que de gobernante civil y tras acercarse a Fidel Castro propuso adoptar un sistema del tipo mencionado (calificado como “del siglo XXI”).
Chávez perdió la confianza de la mayoría cuando pretendió instaurar un sistema socialista. Ya desde 2001 intentó el control total de la economía, incluido el de la industria petrolera. En 2005 anunció la implantación del socialismo; y con tal propósito en 2007 convocó un referéndum para modificar la constitución. El pueblo rechazó el proyecto. No obstante, se mantuvo el plan. Se apeló al fraude y al uso de las armas para retener el poder. Se estatizaron tierras y empresas. Se limitaron las libertades y la actividad de los factores de oposición. También se extendió la corrupción. La “revolución” resultó una farsa. Al caer la producción petrolera (por el mal manejo de la industria), el país entró en crisis, lo que provocó el empobrecimiento general. Se aceleró la emigración (hasta 8,1 millones de personas). Se desató la violencia social (con cientos de miles de muertos). El sucesor ilegítimo prefirió la condición de dictador.
El proyecto que pretendió imponer Hugo Chávez –un sistema socialista, manejado por un caudillo carismático, apoyado en la fuerza armada– no fue el que los venezolanos aprobaron en el proceso constituyente de 1999. Tenía ese por objeto el establecimiento de “una democracia social y participativa”, dentro de los límites de los valores y principios de nuestra historia republicana, el cumplimiento de los tratados, acuerdos y compromisos válidamente suscritos por la República, el carácter progresivo de los derechos fundamentales del hombre y las garantías democráticas”. El proyecto socialista apareció más tarde y fue expresamente rechazado por el pueblo en repetidas oportunidades (2007, 2017, 2024). Más aún, lo ha combatido en tribunas y calles, en manifestaciones y barricadas de protesta, en las mesas electorales y en los foros internacionales. Porque es asunto de los venezolanos, cientos han muerto, miles han sido encarcelados y torturados, millones han tomado el camino del exilio.
Cierto es que los venezolanos han contado con el apoyo de otros pueblos, lo que no se ha quedado en palabras. Algunos han recibido y prestado ayuda a los migrantes (particularmente en Colombia, Perú, Brasil, Ecuador y Argentina en la región, y España, Italia, Portugal en Europa). Muchos países han negado reconocimiento al régimen y han roto relaciones (incluso económicas) con la dictadura. La mayoría considera como gobernante legítimo a quien ganó las elecciones del 28J de 2024. Algunos gobiernos han impuesto sanciones a altos funcionarios o jefes militares (también a organismos o empresas oficiales). Pero, al menos hasta ahora, ninguno ha participado directamente en la organización o realización de acciones concretas para el desplazamiento violento del grupo en el poder (como hizo Estados Unidos en varios países de la región desde el siglo XIX, o como intentó Cuba cuando infiltró tropas en apoyo de las guerrillas venezolanas en 1966-1967).
Restaurar la democracia en Venezuela –conviene repetirlo– corresponde primordialmente a sus ciudadanos. Les toca determinar y establecer el sistema político que ofrece mejores posibilidades para lograr sus aspiraciones. Ya se han pronunciado sobre esa materia. Procede ahora realizar la tarea. Con tal objeto y por cuanto deben enfrentar un poder fuertemente armado han solicitado la ayuda de la comunidad internacional. Pueden alegar que Venezuela, en tiempos de dictaduras, fue sostén de la democracia en el continente, que dio refugio a muchos perseguidos, que alentó el proceso de paz en Centroamérica y la democratización en el Sur, que sus tropas participaron en misiones de las Naciones Unidas. Pero, no sólo pueden reclamar la solidaridad nacida de la historia. También pueden exigir –como lo reconoce el derecho internacional– la protección que debe brindar la comunidad internacional a los pueblos amenazados por sus gobiernos (lo que no implica forzosamente una intervención armada).
Venezuela está en vísperas de un cambio de régimen. Nadie puede precisar la fecha del estallido. Pero, ocurrirá porque las condiciones de vida son insoportables. Todos los índices (de orden social, cultural, económico) muestran un enorme retroceso; y el empobrecimiento es general. La situación empeora cada día, especialmente para los menos afortunados. La revisión de nuestra historia permite constatar dos hechos. Ningún cambio fundamental ha sido resultado de una intervención armada exterior; pero, respaldos posteriores contribuyeron a consolidar alguna evolución. Por tanto, sin ejército revolucionario, se requiere el apoyo de parte del ejército nacional. Lo señalaba R. Betancourt en 1956 (siguiendo a K. Mannheim). Se sabe que eso es probable: en los cuarteles el 28J.2024 también ganó la oposición. Como es imposible prever todas las circunstancias y el comportamiento de todos los factores, corresponde al liderazgo escogido en aquella fecha guiar a la sociedad en la tarea de provocar el cambio.
Distintos signos indican que ha llegado el tiempo de un cambio de régimen en Venezuela. De realizar lo que ha sido una aspiración constante en nuestra historia: el establecimiento de un sistema democrático (liberal y participativo) que garantice a todos una existencia digna. La crisis económica no se resolverá con la aplicación (repetida) de los planes del actual gobierno, que además se encuentra aislado (con pocos socios) en la región. No le es favorable la situación internacional. Sus aliados (muy lejanos) tienen otras preocupaciones. Y la oposición interna, tiene ahora claridad de propósitos y firme y reconocido liderazgo.
X: @JesusRondonN

