Si la ONU no existiera, tendríamos que crearla. Hoy más que nunca. El mundo es hoy un poco más peligroso que mañana si la democracia no consigue imponerse con la razón, los argumentos y la palabra por encima de la violencia, la crispación, la manipulación y el odio.
Podremos analizar si hay que reformar o mejorar, pero si es así, siempre en el camino de darle más competencias e influencia. El papel actual de su secretario general está siendo imprescindible.
Esta Asamblea General ha demostrado dónde se encuentra el mayor peligro para la paz mundial. Una de las posiciones extravagantes y surrealistas emitidas desde el atril fue la del hombre todopoderoso del mundo, representante de la todavía primera potencia mundial EEUU, fue la de Trump.
No deja de asombrarnos su atrevimiento, fruto de la ignorancia y la desvergüenza, y el del conjunto de su gobierno quien ahora comienza una investigación para ver si hubo boicot con la escalera mecánica. ¿Alguien se imagina a un presidente de cualquier país de Europa, por ejemplo España, haciendo el ridículo con sus posiciones intolerantes, soberbias, de desprecio al resto de naciones acusándolas de ir al infierno, de criminalizar al inmigrante en la propia sede de la ONU, de imaginar un complot por una escalera estropeada, de insultar a la propia institución delante de su secretario general, y de recordarles que él no fue el constructor encargado de rehacer la sede con mármol y caoba?
Sin embargo, lo que yo considero de sentido común no es compartido por todo el mundo. Y encuentro en prensa española que va más allá del conservadurismo, opiniones diciendo que “Trump es un gran político” y que “la ONU es una organización mundial para proteger el mal” (no hace falta que mencione el nombre del articulista y evito la publicidad).
Imagino que la UE no sabe aún cómo reaccionar ante Trump, quien por otra parte no es tan tonto como suponemos pues sus negocios familiares y su riqueza aumenta a costa de decisiones turbias, pero debe hacerlo si quiere, no solamente conservar su dignidad y autonomía, sino también recuperar la defensa de la democracia y el buen gobierno.
Lo que comienza a ser ya una realidad es la caída económica a nivel internacional de EEUU. Trump ha convertido a su país en un lugar intolerante, poco fiable como socio, antipático y que está perdiendo su liderazgo mundial.
No vamos a entrar en el capítulo del humorista Jimmy Kimmel, porque ha sido la peor estrategia tomada por el gobierno americano y mucho se ha escrito ya, incluso Trump ha conseguido que fuera de EEUU viéramos el programa de vuelta de Jimmy con la aparición estelar de Robert de Niro. Si a Trump no le gusta el humor, ¡toma dos tazas! Sin embargo, hay una frase que no vamos a dejar pasar: “Informar negativamente sobre mí es ilegal”. ¿Cuántas rayas rojas está saltando el actual presidente de EEUU?
Más allá de estas chapuzas e intolerancias, la Asamblea General de la ONU sí ha tenido decisiones significativas. La más importante: el apoyo de 157 países a la creación del Estado palestino. Y también ha tenido nombres significativos que han representado la conciencia de muchísimas personas, entre ellas, el propio Pedro Sánchez recordando que, para tener un Estado palestino, hay que tener un pueblo, y este está siendo masacrado. Asimismo, la de Felipe VI quien ha sido contundente, inteligente, comprometido y ha sabido, con claridad, separar el pueblo de Israel del gobierno de Netanyahu.
Mientras el mundo se mueve entre convulsiones bélicas, matanzas, crímenes de guerra, hambruna, y un largo etcétera de sufrimiento, dentro de las fronteras de nuestro país, la política se empequeñece y al PP le interesa más seguir con la asfixia en la familia de Sánchez, aunque haya decisiones judiciales realizadas por el juez Peinado que, no es que sean extravagantes e injustificables, es que muchos nos preguntamos cómo es posible que el Poder Judicial permita estas actuaciones y esta falta de profesionalidad. ¿No tiene casos judiciales importantes de interés general este juez? ¿Se aburre? ¿Cuál es su interés en la obsesión por Begoña Gómez? ¿Por qué estruja así el sistema judicial para ponerlo a su servicio? ¿Podemos la ciudadanía estar tranquilos de que no existe inquina ni animadversión ni juicios político-mediáticos en las actuaciones judiciales de Peinado?
Escucho a numerosos juristas y abogados criticar ya abiertamente las decisiones que toma este juez y cómo está llevando adelante la instrucción, pero parece ser que eso no significa nada ni parece que tenga consecuencias profesionales. Debe dar mucho gusto sentirse imbatible con el mazo en la mano.
Ya lo dice el refranero español, “Pleitos tengas y los ganes”, porque refleja la pérdida de tiempo, dinero y energía que implican los juicios, incluso ganando. Pero también hoy implica la arbitrariedad de tener enfrente a un juez con posibles instrucciones políticas.
En la última entrevista realizada a Iñaki Gabilondo, me quedó impregnada la sensación de amargura. Igual que él, pese a la constante crítica de la realidad, siempre mantengo el optimismo en el progreso y en los seres humanos. Pero es cierto que actualmente me cuesta mantener el ánimo alto. Y las palabras de Gabilondo todavía resuenan: ”Me cuesta mucho mirar el futuro con esperanza porque por primera vez desde que nací, no observo en el horizonte ninguna luz de carácter medianamente progresista que se dibuje en el horizonte. Ninguna”.
¿Cuánto tiempo hace que no soñamos con un mundo mejor?

