El pasado domingo siete de septiembre se realizaron en la provincia de Buenos Aires, elecciones generales para elegir concejales, 23 de los 46 senadores provinciales y 46 de los 92 diputados. Además de ellos, se eligieron, intendentes y consejeros escolares. La importancia de estas elecciones es que en esta provincia se encuentra la ciudad de Buenos Aires, capital de la República, sede de los poderes públicos, y centro económico y cultural del país austral.
Es impresionante la ciudad, sus edificios perfectamente conservados de inicios del siglo pasado, que asemejan los de la Gran Vía de Madrid o del primer “arrondissement” de Paris. Huele a mate, a carne de ganado alimentado con la hierva de las pampas colindantes con el mar; suena a tango, a lunfardo, a Borges, Fangio, Messi y Maradona. También a Perón, a Rosas, Sarmiento y al Gauchito Gil, a Videla, Alfonsina, Palito Ortega y a Charly García. Es única Buenos Aires en el continente americano, de norte a sur. ¡Ah!…aparte de escritores, cantantes, políticos, actores, artistas, tangos y gauchos, es cuna de cinco premios Nobel, tres de ellos científicos.
Los venezolanos bajamos la voz en señal de respeto y reconocimiento cuando hablamos de Luis María Drago, Canciller de Argentina y creador de la Doctrina Drago, generada a raíz del bloqueo que fuerzas armadas navales europeas, en 1902, bloquearon nuestros puertos con el fin de cobrase por medio de la fuerza, deudas contraídas y no pagadas por sucesivos gobiernos de Venezuela. Su exposición política-jurídica se sustentó en que ninguna potencia extranjera, incluso los Estados Unidos, podía usar la fuerza contra una nación del hemisferio occidental para cobrarse deudas contraídas por los gobiernos. Este criterio se impuso, y quedó allí para la historia de la civilización occidental.
De allí la relación de afecto y camaradería por esa nación que recibió exiliados venezolanos durante la dictadura de Pérez Jiménez, y ahora de la tiranía Chávez/Maduro. Mi profesor de Derecho Penal el conocido Aquiles Monagas, hoy fallecido, allí se fue a estudiar; en tanto que hoy pasan de decenas de miles de compatriotas de las más variadas profesiones y oficios, allí habitando.
De modo que hay una continuidad en el afecto, respeto o admiración, o todas ellas juntas. También Venezuela acogió a miles de argentinos durante la dictadura militar; obtuvieron un hogar en nuestra patria, poetas, escritores, editores, ingenieros, periodistas, políticos, médicos, encontraron refugio, formaron familia y dejaron generosa huella. Ahora Argentina se encuentra en una delicada y peligrosa encrucijada. Así como a Venezuela le cayó esta plaga bíblica denominada eufemísticamente Socialismo del Siglo XXI por el sociólogo alemán residenciado en México, Heinz Dieteric, (años después abjuraría de esa pasión encarnada en Hugo Chávez), a Argentina le cayó una similar encarnada en la dinastía Kirchner, de origen peronista, Néstor y Cristina. Dinastía que gobernó, o socializó y saqueó al Estado durante 12 años consecutivos (2002-2015) y, luego con la Vice presidencia de Cristina con Alberto Fernández en la Presidencia (2019-2023). En total 19 años de impunidad
Néstor falleció en el 2010 siendo Cristina presidenta, y el pasado 25 de junio del presente año la Corte Suprema de Justicia ratificó la sentencia a 6 años de prisión domiciliaria e inhabilitación de por vida para ocupar cargos públicos, por la comisión del delito continuado de “Administración fraudulenta en perjuicio del Estado” (corrupción administrativa). Tiene pendiente otra investigación penal por el Memorando de Entendimiento firmado con el gobierno de Irán en 2013 para, prácticamente, cerrar la investigación judicial por el atentado al AMIA (Asociación Mutual israelita Argentina ocurrido el 18 de julio de 1994 donde murieron 83 personas y más de 300 resultaron heridas. Memorando considerado por la Corte como inconstitucional.
Investigación que posiblemente culminará cuando se determine quien dio la orden de asesinar al fiscal Alberto Nisman (declarado suicidio por las autoridades policiales) el 18 de junio de 2015, un día antes de presentar al Congreso las pruebas de la autoría del atentado al AMIA, ejecutado por Hezbollá pero ordenado por Irán.
El desgobierno del ex presidente Alberto Fernández (2019-2023) actualmente investigado por corrupción y por violencia doméstica por denuncia de su expareja, sumado al deterioro de las instituciones, la anarquía política y la inoperancia económica condujo al electorado argentino a colocar su confianza en un outsider político. Un economista libertario, de hablar sin medida, atacar de frente a la “casta política”, señalar sus delitos, errores y arbitrariedades, un kirchnerismo alineado con Cuba, Venezuela, Irán, la España de Sánchez, Lula, Nicaragua, Rusia, y todo aquello que tenga rezagos del llamado Socialismo del Siglo XXI.
En el fondo todos estos sistemas son, en mayor o menor grado, dictaduras personales o de movimientos ideológicos/políticos, en las cuales se sacrifican los poderes públicos independientes como el Legislativo y el Judicial en función de la centralización del poder, en un partido o en una persona (en Venezuela por excepción, en un cartel internacional del crimen organizado). Lo cierto es que Javier Milei ganó las elecciones presidenciales para el período 2023-2027 no solo en las ciudades y en el campo, sino en todos los sectores sociales, desde los más indigentes o abandonados hasta los más encumbrados.
Y comenzó muy bien con su motosierra, impuso la disciplina fiscal, cerró ministerios inoperantes o artificiales, impuso la disciplina fiscal, la rendición de cuentas, el orden en las calles, negoció el préstamo con el Fondo Monetario y, lo más importante, en mi concepto, por su trascendencia histórica enfrentó la “guerra cultural” y la estaba ganando en todos los campos. Esa moda del “wokismo” surgida con fuerza en España con Pablo Iglesias y su partido Podemos (muy conocido por la tiranía venezolana, de quien fueren asesores). Perdió en Buenos Aires, en la Provincia de Buenos Aires 6 a 2, como si fuere el score de un juego de beisbol de las Grandes Ligas. Y ahora en octubre habrá elección nacional para el Congreso de la República, senadores y diputados nacionales.
Y no veo cómo puede el presidente Milei Milei (a quien considero una necesidad histórica para el país austral) revertir el resultado que obtuvo en la provincia más importante de Argentina, la de Buenos Aires. A Milei, y a su partido La Libertad Avanza le tendieron una emboscada, muy bien articulada y ejecutada por el kirchnerismo, aparte de algunos errores propios cometidos en la campaña; además tocó demasiados intereses, pero para eso lo eligieron. Primero, el kirchnerismo inició una ofensiva desde el primer día de su gobierno, de tomar las calles, y la tomaron todos los miércoles de cada semana pero al final, ya no tenían las arcas del estado para pagar a los activistas, por lo que la perdieron, y el gobierno retomó el control de la ciudad.
Hubo otros errores, y mucha autosuficiencia, incluso con sus aliados más importantes, entre ellos el partido PRO de Mauricio Macri. Y finalmente a muy pocos días del acto electoral, tres acontecimientos simultáneos a menos de una semana del proceso electoral, se colaron unos audios donde aparentemente se encontraba comprometida su hermana Karina Milei, Jefa de la Secretaria de la Presidencia y Jefa de la estrategia electoral, sobre unas comisiones en compra de medicinas para el sector de los discapacitados. Esto conmovió y desconcertó a la opinión pública, venía de un gobierno cuya bandera fue la lucha contra la corrupción administrativa y la transparencia de los actos del gobierno. Aún no se conoce si fue un montaje o si en realidad había algo de verdad en los audios colados. La policía judicial se encuentra en plena investigación, pero ya fue tarde, el daño está hecho.
Otro tema sensible fue el ajuste del monto del pago a los jubilados, que el gobierno manejó políticamente muy mal y dio pie para que esta causa fuere instrumentalizada por el kirchnerismo.
Este ambiente desconcertante que no tuvo una respuesta inmediata de quien había prometido la eliminación de la corrupción pública, trajo un desencanto inmediato exteriorizado en una fuerte abstención electoral y en el voto en contra. Se podría agregar otros elementos pero que no fueron decisorios en términos generales. Uno de ellos la persistencia del Presidente en descalificar con un lenguaje altisonante a las bases y a la dirigencia del kirchnerismo, al igual que a medios de comunicación, a periodistas que, si en un momento dado surtieron impacto positivo en el electorado, terminaron haciéndose coloquiales, desagradables, repetitivos y distante a la majestad presidencial. Que no quiere decir ausencia de sencillez y simpatía.
Es posible que en estas pocas semanas que restan para el 20 de octubre, se recupere la confianza y se reafirme el rechazo de ese Socialismo del siglo XXI a la argentina, muy cercano en sus resultados de pulcritud y respeto a las instituciones al modelo venezolano, pero ciertamente menos vulgar. Y claro, la Justicia Electoral argentina aún respeta la voluntad del electorado y, los miliares aprendieron su lección de no intervenir en los asuntos civiles, a menos que la patria y el ordenamiento legal se encuentre en peligro.
Si se pierden las elecciones legislativas nacionales, le será muy difícil al gobierno cumplir con lo prometido en el proceso electoral del 2023 y, menos aún, presentarse Javier Milei a un nuevo periodo presidencial en el 2027.
Para la región el triunfo de Milei ha sido un respiro, la posibilidad de sustituir ese ambiente oscuro que ha recorrido el continente desde que el Socialismo del Siglo XXI apareció en Hispanoamérica, y se convirtió en un nuevo estilo de gobernar sin las molestias o impertinencias republicanas de la independencia y separación de los poderes públicos. En realidad fue el sustituto de la oferta comunista, que sucumbió en la disolución de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín.
Esta vez el estatismo no es un proyecto económico social, donde se elimina la libertad de mercado, y se implanta una doctrina social colectiva. Este estatismo acepta la libertad de mercado, lo asume, pero la dirige, le impone limites y controles en función del poder mismo, mientras socaba las bases de los valores occidentales, para el ejercicio efectivo del poder que detentan. En realidad es el regreso a la doctrina sobre la cual descansa el concepto que la soberanía nacional reside en el estado, el gobierno, el partido, y no en el pueblo.
Ese es el temor de la repetición de un kirchnerismo renovado, que quizás ahora se podría denominar el modelo Axel kicillof, antiguo Ministro de Economía de Cristina Kirchner y actual gobernador de la Provincia de Buenos Aires que acaba de otorgarle un triunfo contundente, y se encuentra enemistado desde hace algún tiempo con la detenida domiciliada con tobillera electrónica y jefa del Partido Justicialista; y quien acaba de obtener dos triunfos contundentes: frente a Milei y frente al liderazgo de Cristina que, en todo caso, representa el pasado.
Queda un mes para que el presidente Javier Milei y su aliado Mauricio Macri con su partido político PRO, la Unión Cívica Radical y otros pequeños, retomen la confianza que obtuvieron de su pueblo para beneficio de los propios argentinos, y para nuestro continente, porque la guerra cultural en Occidente es sin contemplaciones, según se observa.

