Ser mujer significa todo un programa de vida, ya que no se nace mujer, se llega a serlo.
Y es que como dice Antonio Álvarez (investigador por la City University de Nueva York): “El feminismo ataca toda la estructura histórica patriarcal que defienden social, política, religiosa y económica”, contesta, de alguna manera, a la opinión de la diputada de ultraderecha Blanca Armonio que afirmó que existe, de todas las leyes desarrolladas en el ámbito social y económico, una víctima común: hijos y nietos. La ultraderecha sostiene que se usan como piezas de cambio en las separaciones y divorcios y causas por violencia de género.
Ese paradigma empieza a ser sustentado y admitido por el conjunto de la derecha (no solo política) y crea una deriva más que peligrosa en el curso de nuestra vida.
Y no es nuevo, cuando un juez descalifica a la exministra y euro diputada con el “estigma” de “cajera de Mercadona”. Pero, el crescendo de estas manifestaciones, que no son sino concreciones de ese desasosegante paradigma que va imponiendo la derecha y la ultraderecha, se ha hecho realmente insoportable en los últimos tiempos.
En plena ola de incendios en nuestro país, se ha calificado, a la directora general de protección civil, Virgina Barcones, que no hacía otra cosa que poner sensatez, concordia y colaboración entre gobierno central y CC.AA. como “Pirómana”.
“Pirómana” dijeron los mismos que quieren meter al gobierno en una “fosa”, una “fosa” que ellos mismos están dispuestos a cavar.
Hemos asistido, también, a una tremenda, sistemática y tenaz persecución a la periodista Silvia Intxaurrondo, simplemente por ser una profesional reputada, libre e independiente.
Y producen náuseas las palabras de un responsable, entre otras cosas, de cultura, de un partido de derechas, contra la periodista Sara Santaolalla, “las prostitutas no se les paga”.
Y siempre, indecentemente, volviendo al presente, machaconamente, el doloroso caso Nevenka.
Todo esto aderezado, con, aquí va, el estrambote, el anacoluto del autodenominado, mejor autodenominada, “Francisca Javiera, Borrego, Borrego” (exmagistrado del Tribunal de Derechos Humanos), promovido por la derecha.
Con cierta perplejidad, se ha conocido la creación de un centro de hombres agredidos sexualmente gestionado por una empresa, en una extraña adjudicación, sin antecedentes en cuestiones relacionadas con la violencia de género. ¡Pongamos que hablo de Madrid!
La mentira constante no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que nadie crea más como recordaba. (H. Arendt).
Termino recordando a Clara Campoamor: No puedo entrar a discutir estas cosas, no sé qué es mejor, el desdén o la indignación.

