pancarta sol scaled

Luis Bravo: El año académico 2024-2025 cuando ventea el aliento del lobo

Compartir

 

*Maduro vuelve a decretar el inicio de la Navidad desde el 1 octubre, en medio de la creciente presión contra el Cartel de los Soles. Monitoreamos/La CEIBA.

*Dudar es traicionar. Diosdado Cabello.

Imposible no dudar ante las amenazas de una potencia como la norteamericana gobernada por una mentalidad como la que exhibe Trump,  acoplada  a la insensata respuesta que ofrecen quienes deberían ocuparse más y mejor de atender sus problemas políticos para que no se conviertan en violencia ciega que afecte a todos los venezolanos.  Tal es lo que hace temer lo que puede ocurrir si la amenaza que niebla el Caribe deja de serlo y se materializa en episodios de violencia que sabremos como inician pero nunca cuándo ni cómo terminan. El lobo llega después de tanto evocarlo.

Mejor que tanto aspaviento patriotero, convocaría mucho más el apoyo popular, movimientos creíbles para atender constitucionalmente el descontento político que genera el arrebato de los resultados del 28-j-2024, abriendo caminos constitucionales a la transición que haga posible que la regeneración de la patria la hagan quienes cuentan con el favor y fervor popular contablemente apreciados.  Y que ese poder transicional, respetuoso de los derechos humanos de quienes cedan el poder, revierta el desconsiderado trato que recibe el factor trabajo y buena parte de la población en situación de dependencia por edad o discapacidad.    De ese modo, estaríamos en mejor posición frente a éste o cualquiera de los supremacismos que hoy pugnan en cada uno de los centímetros cuadrados del espacio que compone el mundo conocido.

Es que asombra la indiferencia del mundo pedagógico frente a los reclamos de solidaridad automática con los afectados por los reclamos de la justicia norteamericana.  Buena parte del protagonismo gremial en educación siempre ha exhibido un perfil claramente antiimperialista, lo mismo la mayoría de quienes trabajan y estudian en media y universidad, donde más se suele vivir la épica nacional frente a la planta insolente del invasor.  Pero ese antiimperialismo germinal de izquierda no pasa por ahora de uno que otro reclamo nostálgico por los tiempos idos, cuando la educación hervía de fervor nacionalista y revolucionario. Hoy los llamados oficiales a la defensa de la patria son recibidos con gentil frialdad por el oficio educativo. Poca cosa que permita augurar que de producirse la emergencia saldrían los profesores y estudiantes a colmar la primera línea del frente de batalla.

Más difundida y vigorosa resulta la queja por la infamante realidad que supone que trabajar en educación no resuelve las más elementales necesidades de la calidad de vida del ciudadano que solo cuenta con sus conocimientos, habilidades y destrezas para invertir como tiempo de trabajo. Queja razonable que no solo desmoviliza sino que bloquea  el despliegue de una política pedagógica como la que anuncian los esfuerzos  que hace el MPPE para mejorar la calidad de la instrucción pública, bajo la pretensión  de lograr los 200 días de actividad pedagógica al decretar el fin  del horario mosaico. Ni qué decir de una universidad empantanada en el sálvense quien pueda, alejada de los llamados a la defensa de la patria, más bien expectante frente a la posibilidad de salir del modo de colapso en que se encuentra, pese al ciclópeo esfuerzo de unos pocos para que pervivan la docencia decente, la investigación creativa y la extensión progresista en las pocas instituciones donde esas cosas siguen siendo problema de todos los días.

Revista N° 1.047 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

 

Traducción »