En 2001, Hugo Chávez forzó a las organizaciones sindicales y gremiales a realizar elecciones. Fue su primera derrota, y de forma aplastante. A partir de entonces, él y Fidel Castro vieron al sindicalismo venezolano como el gran enemigo a destruir para imponer su proyecto. La traición y los errores de la dirigencia política y sindical abrieron grietas que facilitaron la demolición de los cimientos del sindicalismo. Con el paro petrolero, Chávez encontró la fórmula perfecta para secuestrar el poder. Arremetió y desmanteló la fuerza obrera y golpeó con saña a los trabajadores petroleros y al movimiento sindical en su conjunto.
Entre 2003 y 2010, el socialismo del siglo XXI cerró 90% de los sindicatos del sector petrolero, al crear nuevas organizaciones afines al chavismo. La consecuencia nefasta fue el debilitamiento del contrato colectivo que protegía a más de 60.000 trabajadores, tanto de PDVSA y sus filiales como de las empresas y contratistas, así como la masiva eliminación de todos los beneficios sociales que habían sido conquistados desde 1936.
Hoy el movimiento sindical venezolano atraviesa una fase de debilidad estructural evidente, sin embargo, conserva su capacidad de movilización y legitimidad social.
La densidad de afiliación cayó por precariedad, migración y cooptación institucional, es decir, cada vez menos trabajadores buscaron protección en los sindicatos. La “paz laboral” que el régimen pregona no se logró, por el contrario, hoy el conflicto laboral es más intenso que en la era de las transnacionales, en educación, salud, industrias básicas y petróleo.
El salario mínimo real fue pulverizado y sustituido por bonificaciones no salariales y los fondos de ahorro fueron robados. Los dirigentes sindicales independientes perseguidos y encarcelados.
La conclusión es que el movimiento sindical está fragmentado, debilitado y secuestrado por ambiciones políticas de viejo y nuevo cuño.
La caída del narco-régimen abre la oportunidad histórica de recuperar el movimiento sindical con base en la unión de los trabajadores y elección de sus dirigentes mediante un proceso democrático y transparente, adaptado a los cambios tecnológicos, sociales y económicos del momento.
Hay muchos retos por delante: la reconstrucción y la recuperación económica del país. La prioridad inmediata es reabrir espacios de negociación con los patronos con garantías, libertad sindical, cronograma de contratos colectivos, y reglas salariales con incidencia prestacional.
Secretario General del SUTPGEF -Secretario de Profesionales y Técnicos de la FUTPV

