En el mundo se producen cerca de 460 millones de toneladas de plástico al año. La mitad corresponden a productos de un solo uso y menos del 10% se recicla, lo cual hace que gran parte de estos desechos terminen convirtiéndose en microplásticos y nanoplásticos que contaminan los océanos y llegan desde allí a la cadena alimentaria, para aparecer en nuestro organismo hasta en partes tan sensibles como los pulmones, la leche materna, o la placenta.
A pesar del gran perjuicio que tienen para la salud, la producción va creciendo y puede triplicarse para el año 2060 y aumentar un 50% en el año 2040.
Pues bien, con estas perspectivas, Naciones Unidas inició un proceso de negociación en el año 2022 bajo el amparo del Programa de Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA), que tuvo su primera reunión en Busan (Corea del Sur), en una conferencia que se cerró sin acuerdo y que se ha prorrogado en la celebrada este mes de agosto en Ginebra, con el mismo resultado.
Durante la primera reunión celebrada en Nairobi en el mismo año2022, los países allí presentes acordaron crear un tratado internacional vinculante contra la contaminación del plástico. Desde el primer momento las diferencias estuvieron muy marcadas entre los países que consideran que debe limitarse la producción de plástico virgen y, por otro lado, los productores de petróleo (el 98% de los plásticos devienen del petróleo) que prefieren que el acuerdo sea sobre medidas para combatir la contaminación y el reciclaje, sin poner límites a la producción. En la primera postura está una coalición de más de cien países, incluida la UE, y entre los segundos se encuentran los grandes productores de petróleo como Arabia Saudí, muy beligerante, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Irán, Rusia, EE. UU, y su zona de influencia entre productores de energías fósiles. Todos ellos ven en esta industria la alternativa que les puede complementar las pérdidas de ingresos por la aparición de las energías renovables y la electrificación del automóvil.
Estos países y sus zonas de influencia han rechazado cualquier restricción sobre la producción. Es un diálogo de sordos que ha llevado a una gran decepción para quienes esperaban poder firmar en Ginebra un tratado que frenara la contaminación generada por estos materiales.
Son muchos los medios de comunicación que se han sorprendido de la enorme presencia de los grupos de presión de la industria petrolífera en Ginebra, hasta 234 fueron acreditados. Todos ellos han tenido un papel muy activo en hacer fracasar la conferencia, hasta el punto de que no pudo acordarse ningún documento, no se pudo hacer una nueva convocatoria y no hay bases de trabajo para debatir en el futuro.
La posición de la UE ha sido muy clara dentro de la coalición de países que apostaban por limitar la producción. Ya en febrero entró en vigor el reglamento 2025/40 relativo a los envases y residuos de envases, que reemplaza a la antigua Directiva 94/62/CE. Y es que los europeos generamos anualmente un promedio de 186’5 Kilos de residuos de envases por persona. Los envases representan aproximadamente el 40% de todos los plásticos de la UE y la mitad de la basura marina.
Este reglamento, que será obligatorio después de 18 meses de su publicación (11 de febrero de 2025), anulará la antigua directiva y tratará de combatir el enorme consumo de este material.
Entre las medidas, y a título de enunciado, se pueden resaltar las siguientes. La eliminación de envases innecesarios. La reducción de volumen y peso de muchos de ellos. La utilización de envases utilizables y rellenables. Para 2030 todos los envases puestos en el mercado de la UE, deberán ser reciclables. Restricción de sustancias peligrosas en la fabricación de envases para el consumidor de la UE. Mayor información al consumidor a través de un etiquetado que indique la composición del envase y como desecharlo correctamente.
Si bien es cierto que solo Alemania es un país relevante en la producción industrial de plástico (alrededor del 2’5% de la producción mundial) y por lo tanto la UE ha podido tener una voz clara, la puesta en marcha de estas medidas va a ser complicado, de forma que ya hay países que ven en los 18 meses escaso tiempo para adaptar el reglamento. El problema con los retrasos en aplicar medidas de este tipo y las dificultades para limitar la producción, es que el plástico mata, y hoy sabemos que su contaminación es letal para la salud.

